Entretenimiento de suspense pasable pero sin grandes sorpresas cinematográficas.

Quiero decir con lo anterior que, como por otra parte suele suceder con las versiones para el cine de las novelas de Agatha Christie, se confirma que hay dos tipos de adaptaciones: las que apuestan por otorgarse personalidad propia cinematográfica por encima de la fuente de inspiración, desarrollando claves visuales y estrategias narrativas del cine o la televisión que superan lo propuesto por la tejedora de intrigas literarias, y aquellas otras que prefieren con complicarse la vida y fían en que les baste con limitarse a ilustrar lo más fielmente posible las arteras mañas de fabricar juegos de enigmas en cuarto cerrado de la escritora británica, eso sí, aderezando su propuesta con un reparto de rostros más o menos conocidos que tengan cierto poder de atracción para levantar los por otra parte bastante tópicos y repetitivos personajes que habían las distintas variantes de la fórmula de intriga criminal que nos ocupa. La mejor exponente de la primera de estas posibilidades es la versión de Asesinato en el Orient Express dirigida por Sidney Lumet en 1974. En el segundo grupo formaría la versión de esa misma novela dirigida más recientemente por Kenneth Branagh, las películas protagonizadas por Peter Ustinov en el papel de Hercules Poirot, Muerte en el Nilo, El espejo roto, Muerte bajo el sol… y sin duda ésta producción que aquí nos ocupa, La casa torcida.