Niños grandes **

Agosto 02, 2010

Hoy voy a seguir la estela de mi compañero, y sin embargo amigo, Miguel Juan Payán cuando hace unos días nos hablaba de El Equipo A. al igual que esta una película veraniega, en este caso una comedia, que da justo lo que se propone dar ni más ni menos. Un rato simpático y divertido a aquellos que acudan a verla dejando los prejuicios en la puerta y con ganas de cachondeo.

Quien busque una comedia elegante, inteligente o erudita, se ha confundido de sala o hasta de año. Billy Wilder falleció hace un tiempo y Adam Sandler y compañía nunca han pretendido continuar con su legado. Ni falta que les hace a tenor de cómo les suele tratar la taquilla. No vayamos a pedir peras al olmo a estas alturas.

Tras el fiasco crítico y comercial que supuso Funny People el pasado verano, no es de extrañar que Sandler regrese a pastos que siempre le han sido más verdes. como esta película. Una comedia escatológica, descerebrada y bastante blanca e inocua en el fondo. Vamos, que se ofende lo justo y lo necesario, y siempre con la boca pequeña.

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Además lo hace acompañado por un reparto de cómicos de mayor o menor renombre, sobre todo internacional, que siempre garantizan mayor gancho en la taquilla. Todos ellos amigos o colegas, lo que siempre ayuda a la química, más aún cuando intentamos contar la historia de un grupo de amigos desde niños que se reúnen con la excusa de la muerte de su viejo entrenador de baloncesto y acaban pasando unos días juntos, arreglando sus miserias, recuperando el tiempo perdido, volviendo a ser niños, si es que alguna vez dejaron de serlo.

En este punto la cinta intenta salir un poco de la cueva y dejar tópicos a parte. El marido que es amo de casa, el casado con una anciana, el triunfador con niños ultramimados... Pero no es más que una excusa argumental que nos lleva por los mismos y trillados vericuetos de siempre. Pero en eso tampoco se equivoca la película. Su intención no es sorprender, es agradar.

Aquí ya cada cuál tendrá un mayor o menor grado de aguante a Sandler y sus compinches. Si usted no les soporta, quédese en casa. Es la enésima vez que lo decimos, pero es que Niños Grandes no engaña a nadie. Se le ven las intenciones a miles de kilómetros y nadie puede decir que le han llevado a ver algo que no esperaba. Si usted comparte el sentido del humor de esta gente, se sentirá como en casa.

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Y si ni lo uno ni lo otro, si acude con un grupo de amiguetes con ganas de pasarlo en grande y se toma un par de cervezas mientras ve la película, las risas estarán garantizadas. En solitario tiene menos gracia. Es una película de grupo.

Hay además en Niños Grandes un intento por emular el mayor éxito de una comedia en cines norteamericanos, la más que divertida Resacón en Las Vegas. Pero lo de ser gamberros nos e les da tan bien a estos actores, así que es lo que menos destaca. Quizá porque el arte de hacer el cafre no sólo está en el acto, sino en el que lo perpetra. Y esta gente es demasiado cándida comparada con Bradley Cooper y compañía. No me los imagino robándole el coche a la policía cuando se emborrachan. Aquí se bebe poco y siempre se acaba arrimando a la parienta.

Y entre medias de todo ello, una suerte de gags que funcionan en su mayoría, algunos realmente divertidos, como casi todos los que hacen referencia al hijo lactante de 4 años de Maria Bello y Kevin James, y cómo se desarrolla esa historia. O los que hacen a costa de las hijas cañón de Rob Schneider, porque son las que te hacen cómplice de la historia por afinidad (¿Quién no ha tenido un amigo con una mujer, novia, hermana... increíblemente atractiva a la que no sabes cómo mirar?). O el cachas de piscina intentando impresionar a las mujeres... Cuando la cinta cae en los chistes sobre los pedos de la abuela o el pis en la piscina, el humor desaparece. Si ya de por sí los chistes de ese estilo pierden efecto, a fuerza de repetirse, se convierten en cansinos.

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El mayor defecto de la película, aquel que es imperdonable (o mejor dicho, aquellos), es que muestra algunas opciones mucho más interesantes en la historia (la relación entre padres e hijos mimados, el complejo de Peter Pan, la miseria de vidas aparentemente perfectas, la amistad y la separación a lo largo de los años...) que nunca llega a explotar para dejar paso a los chistes tontos... Para hacer eso, quizá debería haber evitado asomarse en primer lugar. Si la cinta hubiese explotado alguno de esos filones, sería una gran comedia.

Luego está el asunto delos actores. Sí, hay química, pero se hace cuesta arriba aguantar a David Spade y Rob Schneider. Y Kevin James, por su naturalidad y forma de creerse un personaje hueco (ojo a cómo habla de los pechos de su mujer en la pista de baloncesto) se come al resto.

Y las mujeres... Tan desaprovechadas como explotadas en un lugar realmente poco interesante, ya sea como mujeres florero (las hijas, Maria Bello) o casi como villanas (Maya Rudolph, Salma Hayek por momentos). Se nota que es una película hecha por hombres y para un público mayoritariamente masculino. No es que esté mal, es que es talento desaprovechado.

En resumidas cuentas, que nadie le dé más vueltas a la noria. Esto es lo que es y por muchos defectos que se le busque, o por mucho que la crítica sesuda la machaque y la hunda en la miseria, la gente va al cine y se ríe. Luego se va a casa y al día siguiente no recuerda la película, pero sí el buen rato que pasó en compañía. Y quien espere otra cosa, no diga que no se lo hemos advertido.

Jesús Usero