Crítica de la película Historias de Miedo para contar en la Oscuridad

Cine de terror para iniciarse en el género…

No es una película para quienes ya conocen los mecanismos del cine de terror más profundo y general. Si usted viene de Midsommar o Hereditary, no es su película, claro. Y tampoco para quienes disfrutan del terror más mainstream que llena salas como el universo Expediente Warren de James Wan y compañía… Historias de miedo para contar en la Oscuridad es un honesto relato de terror al calor de una hoguera para que las familias con una cierta edad acudan a celebrar el género. Para que los más jóvenes (no, no los niños, no nos confundamos con Pesadillas) disfruten del terror con cierta elegancia y seguridad, y sus mayores les cedan el testigo. Para que se interesen por el género y aprendan a descubrirlo.

Ambientada en 1968 (un detalle que la película recalca pero del que nunca termina de sacar partido) la historia sigue a un grupo de amigos que la noche de Halloween visitan una casa embrujada, donde una leyenda de finales de siglo habla de una joven que contaba historias de terror… Historias que siguen llegando ahora y que condenan a sus protagonistas… Así el relato integra inteligente y elegantemente esos relatos más cortos, esas pequeñas historias de terror que recuerdan a los cuentos al calor de la lumbre o a esas historias que nos llegaban de series como El Club de la Medianoche. Y en ese sentido, en esa línea cumple la película a la perfección gracias a la dirección de André Øvredal, su puesta en escena, y el trabajo de producción de Guillermo del Toro, guionista de la película también.