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Hombres, mujeres y niños. Interesante paseo por el miedo al sexo y a las nuevas tecnologías.. 

La película juega en el campo de títulos como American Beauty o Love Actually, pero se queda algo por debajo de la primera y con un final consolador que remata la jugada con un conformismo inquietante y un discurso de existencialismo descafeinado. Esto no quiere decir que carezca de interés sino simplemente que aborda un tema interesante bajo la óptica comercial de un gran estudio, y eso impone una serie de condiciones que le impiden entrar a cuchillo en los conflictos que plantea. Es por eso que en su primera hora, cuando está repartiendo las piezas sobre el tablero, la película funciona mejor que en su tercer acto, cuando tiene que entrar a resolver el destino de sus personajes. A esa altura de su fabula es cuando se imponen los lastres de su verdadera naturaleza como producto de un gran estudio y entra en el territorio del telefilme, alejando su rumbo de American Beauty.

Aclarado lo anterior, la película merece no obstante nuestra atención por algunos asuntos que aborda y resuelve con eficacia, confiando en el buen trabajo de sus actores. Por ejemplo Adam Sandler hace uno de sus mejores trabajos y además hay secuencias como la del hijo que se entera de la vida de su madre por Facebook muy bien resueltas en lo visual y en lo dramático. Es precisamente por eso por lo que llama la atención la simplificación, el tópico, el esquematismo temeroso y casi culpable con el que afronta, teñida de ingenuidad otros temas y personajes, como el de la animadora explotada por su madre, el aborto, la censura y el control paternal, la impotencia y la adicción al sexo en la infancia o la reproducción de fantasías sexuales adolescentes en los adultos.

Miguel Juan Payán

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