Potente visualmente, poderosa aunque imperfecta. La primera película como director de Samu Fuentes seguramente será comparada con El Renacido, la película que le dio el Oscar a Leonardo DiCaprio, aunque no es del todo justa la comparación. Pero sí comprensible. Su uso del paisaje y el tipo de paisaje que presenta, su ausencia de diálogos durante gran parte del metraje, la fuerza de sus imágenes y el carácter de su protagonista, un cazador solitario entre montañas, le dan un tono cercano, sí, aunque en esencia sea una película completamente distinta. No se trata de una búsqueda de venganza y supervivencia, sino de una historia sobre la soledad y el aislamiento en la naturaleza, y sobre lo poco preparados que estamos entonces para relacionarnos con otros seres humanos.

La película cuenta la historia de un cazador, interpretado por Mario Casas, que es el último habitante de un pueblo perdido en las montañas, y que baja muy de cuando en cuando al pueblo que hay en el valle, para comerciar con las pieles de lo que caza (mantiene al pueblo a salvo de los lobos) y para comprar lo que necesita… bueno, y otras cosas. Cuando una mujer entre en su vida, todo cambiará para él. A partir de ese momento comienza realmente la película, la historia de ese hombre aislado y la situación que le lleva a encontrarse con no una, sino dos mujeres, lo que incluso en el último tercio de la película incluye una pequeña parte de thriller con un tono casi cercano a Hitchcock.