Crítica de la película Illang: La brigada del lobo

Fantásticas escenas de acción dotadas de una increíble potencia visual

En Octubre de 2018 se estrenó en la plataforma Netflix la película Illang Brigada de Lobos, una sensacional historia de ciencia ficción basada en el anime japonés "The Wolf Brigade" (1999), con un apartado visual espectacular que consigue atrapar al espectador durante las casi dos horas y media que dura la cinta (139 min.) y con unas escenas de acción de primera categoría, rodadas con maestría a pesar del austero presupuesto que hay detrás de este proyecto: 17 millones de dólares. Sin duda, el director de este film, el coreano Kim Jee-woon, consigue que cada dólar de ese presupuesto luzca en pantalla de manera asombrosa, demostrando que no siempre una factura modesta tiene por qué lastrar una película, al igual que un presupuesto desorbitado tampoco es garantía de excelencia aunque facilita mucho las cosas permitiendo que no haga falta sudor y lágrimas para sacara delante cierto tipo de escenas complejas o acercando el rodaje a escenarios reales más espectaculares en pantalla.

La película empieza con una voz en off que nos explica que en el año 2024 las dos Coreas deciden reunificarse para hacer frente a la amenaza que supone para ellas Estados Unidos, China, Japón y Rusia, siendo necesaria la creación de unas Fuerzas Especiales que aseguren el orden público durante la reunificación, existiendo una moratoria de cinco años para llevar a cabo tal objetivo. En medio de todo ese proceso, nace una organización terrorista llamada Secto que pretende acabar con la reunificación, provocando el endurecimiento de esas Fuerzas Especiales que empiezan a usar armamento pesado y en una misión matan accidentalmente a un grupo de quince niñas inocentes (conocido como Viernes Sangriento), siendo ese suceso usado por el departamento de Seguridad Pública (que estaban en contra de la reunificación) para forzar el cierre de esas Fuerzas Especiales, las cuales quedan reducidas a un pequeño grupo cuyos miembros se ven obligados a ocultar su rostro después del trágico accidente.