3 Bodas de Más ***

Diciembre 03, 2013
Javier Ruiz Caldera vuelve a dar en el clavo de la comedia gamberra. El director de dos éxitos de taquilla como son Spanish Movie o Promoción Fantasma regresa a la carga con una comedia romántica disparatada y bastante gamberra que mantiene las claves del director, no sólo en su apuesta por el género, sino en los detalles que la señalan como una película indiscutiblemente de Javier Ruiz Caldera. Y lo hace manejando un enorme reparto plagado de estrellas, rostros conocidos y grandes actores (muchas veces las tres a la vez) y apostando por el humor más gamberro y de fácil acceso para todo tipo de público. Aunque no siempre funcione como debería…

La historia es tan peculiar como curiosa. Una joven científica, algo apocada y que no pasa por su mejor momento (su última ruptura sentimental aún colea…) se enfrenta a una situación comprometida. Tres de sus ex deciden casarse y la invitan a la boda, algo con lo que tendrá que lidiar mientras busca al hombre de su vida o al menos eso cree ella. Es curioso como Ruiz Caldera, que toma muchas cosas de la comedia romántica americana, sabe dar un toque europeo a la misma en el personaje de Inma Cuesta, una mujer independiente, con carrera, con buen trabajo… pero que se siente incompleta porque está sola. Y sigue buscando y buscando aunque cometa mil errores por esa búsqueda… típico de comedia romántica. Pero el giro que hace muy superior a ésta es cómo poco a poco el personaje descubre que lo que necesita no es buscar, sino dejar claro quién es, su validez en la vida y que, con eso, el amor es la guinda del pastel. Una versión bastante más feminista que las americanas. E inteligente.

El problema para la película surge de una de sus grandes virtudes. Al carisma y talento desbordante de Inma Cuesta le pasa factura el hecho de que cuesta mucho, mucho, creerse que no haya hombres haciendo cola para estar con ella (es Inma Cuesta, repito). Pero la actriz se las ingenia para llenar de carisma, humor y ternura al personaje y llevar todo el peso de la película sin parpadear. Muy bien escoltada, eso sí. El director es muy listo (y muy bueno en lo suyo) y aprovecha la química conocida (todos hemos visto Primos) entre Quim Gutiérrez e Inma Cuesta. Y aprovecha a Martiño Rivas, Paco León, Berto Romero, María Botto, Silvia Abril o Laura Sánchez, aunque algunos aparezcan poco. Nos deja con ganas de más de muchos personajes surrealistas y muy divertidos. Aunque el premio se lo lleva Rossy de Palma, que convierte cada escena en la que aparece en una fiesta de humor y carácter.

Debería la película no ahondar en el humor escatológico mal entendido y vulgar (hay un chiste con el perro sensacional y otro en una boda… que no es tan bueno), porque le resta méritos. Y aunque todos sabemos cómo va a acabar la historia, tiene mérito un par de giros muy buenos de guión que no vamos a desvelar. Como lo tiene su humor salvaje y muy efectivo (desde diálogos que dejan al espectador a cuadros a gags físicos, situaciones imposibles o personajes inclasificables), o sus homenajes a los 80 y su cine, una de las claves de Javier Ruiz Caldera. Con todo, es una comedia hecha para arrasar en taquilla si se vende bien, para hacernos reír a carcajadas y para disfrutar del cine español.

Jesús Usero.

©accioncine

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Crítica de la película Águila Roja

Sírvase el lector de esta pequeña introducción si lo desea o salte directamente a párrafos posteriores donde desgranaremos la película a fondo. Pero no puedo irme sin mencionar que puede que sea uno de los pocos que vayan a defender Águila Roja, La Película, en los próximos días o semanas. Lo digo por la sensación que me ha producido a la salida del pase de prensa donde he podido verla y donde la impresión generalizada no era demasiado buena. Vamos, que no habían pasado dos minutos cuando empezaban a llover los cuchillos.

Esto en sí no es malo, cada cuál es libre de decir lo que piense y de opinar con cierto fundamento, al menos. Pero es que me sigue dando la impresión de que medimos con distinto rasero lo de casa a lo que nos llega de fuera. Águila Roja es una producción española de aventuras. Pero de aventuras clásicas, con capa y espada, batallas, duelos a muerte y héroes románticos. Vamos, lo que viene siendo la serie de televisión con formato panorámico, más presupuesto y mayor duración. Ni engaña ni pretende engañar a nadie. Va a intentar ganarse en las salas de cine al público, cerca de 6 millones de espectadores, que ya se ha ganado en casa, en la pequeña pantalla. No es una tarea fácil, que la gente no acostumbra a pagar por lo que tiene gratis, pero es un notable esfuerzo.

Quiero decir, parece mentira que no sepamos a qué nos enfrentamos. Yo no soy un gran seguidor de la serie, aunque la he visto bastante a menudo y me resulta la mar de distraída. Con escenas de acción, coreografías y tramas superheroicas para la televisión española moderna. Que se dice pronto. A mí si la película me ha convencido es porque creo que el rasero con el que ha de medirse es justamente ese, el del público al que va dirigida la película. El de la gente que va a disfrutarla por mucha moto que le vendamos los críticos. No, Águila Roja no es mala. Es que le exigimos el doble que a las demás.

No puedo creerme que quienes sepan dónde se están metiendo y los fans de la serie de televisión, salgan demasiado decepcionados de la sala de cine cuando vean esta película. Si acaso habrán pasado un buen rato en el cine, con una película muy cuidada a nivel de producción y además entretenida. Con defectos, que los tiene y algunos son bastante remarcables, pero también con muchos aciertos y con una sensación que me ha dejado bastante peculiar. Creo que a sus fans les va a encantar. Y digo que es peculiar por eso mismo, porque yo no soy fan de la serie, sólo un televidente distraído.

Águila Roja, La Película, mezcla los elementos que han hecho popular a la serie con otros quizá algo olvidados, pero no por ello menos apreciables. Con un esfuerzo notable por homenajear a los clásicos de Alejandro Dumas (mosqueteros, reyes de Francia y cardenales incluidos en conspiraciones con cárceles perdidas y luchas imposibles) sin nunca perder el norte de lo que realmente le interesa a sus seguidores. Tratando de que todos los personajes tengan su momento de gloria, en una especie de película coral que, en este caso sí, no siempre acaba de funcionar.

Ese reparto coral es la mayor de sus deudas, porque acaba por no centrarse en lo que importa del relato y se preocupa por divagar buscando esos momentos mágicos de los personajes. No se puede satisfacer a todo el mundo, y muchas de esas historias quedan relegadas al olvido o resueltas deprisa y corriendo, como ocurre con la Marquesa y su hijo o con el personaje de Francis Lorenzo. Quizá sus seguidores sean los que más tengan de qué quejarse con la película.

A veces la historia se atropella y se acelera, con ese momento que (sin destripar la sorpresa a nadie) desmonta lo que los trailers y lo que nos habían contado, prometían con la película, resolviendo antes de tiempo una de las novedades más interesantes que planteaba el salto de la tele al cine. Sabe a poco y sabe a algo que sucede antes de tiempo, sin venir a cuento. Pese a que la escena en que sucede es una de las mejores escenas de acción de la película.

También al final la cosa se desmelena un poco con la batalla campal en el camino y con la aparición de un animal que ni pinta nada ni acaba de crear tensión. O cuando el ritmo decae seriamente a mitad de la cinta para darle vueltas a la conspiración palaciega. Pero es quizá lo de menos. La sensación que me ha dejado la película es la mar de positiva.

Y lo es porque me lo he pasado muy bien. Porque las escenas de acción están bien rodadas, coreografiadas y resueltas. Porque la intriga se mueve con bastante soltura y con la suficiente inteligencia como para no terminar de aburrir. Porque la química entre Janer y Klein es interesante y apetece ver al personaje de nuevo en la serie. Porque se nota el presupuesto (ojo a los ejércitos acampados, al rodaje en exteriores y a los muchos decorados). Porque, en definitiva, la película no tiene ningún complejo y sabe perfectamente que es cine de evasión, de entretenimiento, de escapismo puro y duro.

Y, lo que es entretener, entretiene. Hay cosas mejorables, por supuesto, y cosas que quizá deberían suavizarse, como el humor de Satur que a veces chirría. Pero no podemos, por ejemplo, pedirle rigor histórico a una película de aventuras. Ni pedir Gladiator con los presupuestos que tenemos aquí. Se puede y se debe disfrutar de Águila Roja porque para eso está. No le busquen tres pies al gato. Eso sí, si al final le hubiese echado agallas la nueva temporada se podía haber planteado de una forma más que suculenta. Pero son las ganas de contentar a todo el mundo. A lo mejor es eso. Quien no siga la serie, quizá no vaya a disfrutar la película.

O a lo mejor es que nos pasamos de exigentes.

Jesús Usero