Intriga al estilo germano, para incondicionales del género muy castigados.

A medio camino entre el suspense y el drama, esta coproducción entre Alemania y Luxemburgo nos plantea una curiosa manera de entender el género de intriga mezclando cierto tono psicotrópico con una especie de denuncia de las grandes corporaciones internacionales, las fusiones y los laboratorios faltos de escrúpulos. Intuyo que entre tanto bosque, tanto árbol y tanta seta, hay un intento de proponer una crítica sobre cómo nos hemos alejado de la naturaleza para convertirnos en urbanitas atroces que viven en tiempo prestado y siempre corriendo de un lado a otro, de un negocio a otro, movidos esencialmente por el ansia de triunfo y de dinero. Y no le pongo pegas al intento, salvo la de que tiene un tono muy denso, muy fustigante, visualmente bello en sus paisajes, pero con una belleza fría, distante, como los propios personajes, con los que ciertamente me cuesta mucho empatizar. Y eso que el protagonista lo es a un nivel de protagonismo absolutista, sin gran respaldo de personajes secundarios más allá de la episódica e intermitente aparición del gran Jürgen Prochnow, que imagino es el anzuelo que pretende reclutarnos para subirnos a este barco.