Crítica de la película Los Mercenarios III

Digna sucesora llena de acción y humor, aunque algo inferior a las anteriores. Al menos para quien esto escribe. Luego podremos discrepar todos y debatir sobre gustos, intereses, preferencias o posturas al respecto de una película que, antes de su estreno, ya ha generado suficiente polémica como para que por un lado llene los cines y por otro los vacíe. Polémica que ha ido desde la aparición de la película online en calidad DVD en la red 20 días antes del estreno a la supuesta (pero muy supuesta) mofa que hace de la Legión el personaje de Antonio Banderas en un momento determinado de la película. No, no hay mofa, se lo garantizo a todos los lectores. Lo que hay es unas ganas enormes de entretener y de hacer un personaje con aire de comedia, pero cargado de drama. Más adelante lo explicamos con detalle.

Por otro lado también se ha hablado mucho de la ausencia de sangre en la película debido a la rebaja que querían los productores, de la temida R (que incluye sangre y vísceras a gogo, desnudos y tacos en inglés y a las que sólo pueden acceder mayores de 17 años o menores acompañados), al PG13 de esta película, que permite al público adolescente llenar las salas pero que reduce el nivel de sangre en la película a casi nada. Algo que tampoco está mal ni afecta a la trama, ni perjudica a las escenas de acción. Además, se supone que cuando se estrene como es debido en el mercado de vídeo tendremos la versión más explícita. Pero, qué quieren que les diga, no es algo imprescindible. La acción llena la pantalla, hay tiros, muertos y explosiones como para llenar diez películas normales y sigue siendo tan trepidante como las anteriores. En algunas cosas incluso más.

Tampoco entiendo las críticas negativas que está recibiendo la película en Estados Unidos y por parte de algunos fans que la basan en la ausencia de sangre y en lo poco original del guión y el desarrollo de la trama. ¿En serio? ¿A estas alturas? De nuevo, alguno entra despistado a la sala y se cree que va a ver Shakespeare o algo por el estilo. Son Los Mercenarios, es cine de evasión pura que homenajea al cine de acción de los ochenta, aunque la sensación que uno tiene al ver la película es que en esta ocasión es más deudora de los 90 que de la década anterior. Mayor presupuesto, menos explícita, más espectacular, más concebida para el gran público que sólo para los amantes de la acción. Que al final es de lo que se trata. De que un género como éste siga teniendo su nicho en la taquilla y entre el público, que cada vez tiene menos posibilidades de ver este tipo de cine en la gran pantalla. Acción pura y dura, sin aventuras, sin cómics, sin más que tiroteos, explosiones, artes marciales, vehículos y similares. Todo junto en la misma película. Merece la pena pagar la entrada y merece la pena ver la película en una sala de cine.

La trama trae a Barney Ross y sus chicos un villano del pasado, desconocido para nosotros, y antiguo miembro del grupo, supuestamente muerto. Barney siente que sus amigos pueden morir si quieren vengarse del sujeto, así que decide formar un grupo de jóvenes Mercenarios para atrapar al sujeto en una misión suicida en la que las cosas no salen como se esperaba. El director australiano casi debutante (es su segunda película) Patrick Hughes, sabe cómo presentar la película con dos escenas de acción sensacionales que, además, introducen a tres personajes y actores queridos por todos como son Wesley Snipes, brutal incorporación, esperemos que sigan sacándole partido, Mel Gibson, villano de la función y el rey en lo suyo, y Harrison Ford, tomando el papel de Bruce Willis en las anteriores como intermediario de la CIA, con mucho humor y socarronería.

Jesús Usero

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Crítica de la película Redención de Steven Knight con Jason Statham

Nueva película de Jason Statham, ligeramente distinta al resto. O al menos al resto de películas que más acostumbrados estamos a ver de él, sea en solitario (Transporter, Crank…) o acompañado (Los Mercenarios). Desde que Statham dio el salto al cine americano buscando convertirse en la nueva gran estrella del cine de acción internacional, algunos incluso le llamaban el nuevo Bruce Willis, ha regresado periódicamente a su Inglaterra natal para ponerse al frente de proyectos pequeños, de menor presupuesto, pero que, al final, resulta que muchas veces son sus mejores películas. Desde Revolver a London. Oscura Obsesión, pasando por la infravalorada injustamente Blitz, la genial El Robo del Siglo o esta Redención.

Olvídense de la acción por la acción y la espectacularidad de su cine más habitual. Redención es una película que intenta apoyarse en los personajes y en la que la violencia es real, palpable y terrible, aunque la ejecute nuestro protagonista, un soldado fugado en medio de Londres, que acaba tomando la personalidad de otro hombre y entrando en el mundo criminal de Londres, jugando a la vez a ser el ángel protector de un grupo de vagabundos a los que pertenecía. Esa es la dualidad y ambigüedad del protagonista, un tipo violento, que trabaja con y para criminales, que no es precisamente un santo, pero que intenta compensar lo malo con lo bueno. Y al mismo tiempo, cuando su historia se convierte en una cruzada, el bien que intenta hacer, le arrastra más aún al pozo del crimen y la violencia en el que se ha metido, con el trauma de la guerra pendiendo continuamente sobre él.

No, no hay carreras de coches espectaculares, ni peleas imposibles, ni excesos que no sirvan a la historia. El genial guionista Steven Knight (responsable de la sensacional serie Peaky Blinders, guionista de Promesas del Este) pone aquí una historia dura que nos pasea por lo peor de Londres con un personaje en busca de redención, obviamente, aunque quizá por el camino equivocado. Quizá demasiado tarde. Quizá no sea posible. Y mezcla escenas de una fuerza y un dramatismo magnífico (el carguero chino, la pelea con los futboleros o con los que atacan a los vagabundos, Isabel…), con otras que parecen de cara a la galería, indignas de un guionista tan bueno. La relación con la monja, babas, inverosímil, metida con calzador en la trama… O cómo roba la identidad de otro hombre, inicio de la trama…

No se toma tiempo inicial para contarnos el pasado del personaje y sus motivos para escapar de un hospital militar, pero funciona porque permite revelar poco a poco el trauma y permite apreciar más al personaje, que es todo lo contrario a un santo. Al final Redención resulta una película que mezcla la acción muy medida y moderada (aunque cuando aparece te deja sin aliento), con una trama de suspense mezclada con policíaco, con ese hombre perdido que busca el camino a casa, sin saber encontrarlo. Si no tuviese el elemento romántico, a la monja y se desviase con ello de la trama central, sería una gran película de género británica, en la línea de Blitz o London Boulevard. Se queda en buen cine de género, que no es poco. Ahora, quien busque Crank se va a llevar un chasco enorme.

Jesús Usero

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Jesús Usero

Primer teaser trailer de Los Mercenarios 3 con Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet L, Antonio Banderas, Wesley Snipes, Mel Gibson, Dolph Lundgren, Harrison Ford, Arnold Schwarzenegger, Kellan Lutz, Terry Crews, Kelsey Grammer, Robert Davi Randy Couture...

Agosto 2014 en cines

Parker ★★★

Marzo 02, 2013

Crítica de la película Parker 

Parker, buena propuesta de cine de tema criminal con Jason Statham en su salsa frente a una J.López tan floja como siempre.

Todo lo referido al personaje de Parker (que le encaja a Jason Statham como un guante hecho a medida), y a la trama criminal que protagoniza, está bien en esta película. Atendiendo a esos elementos es para mí una película de cuatro estrellas. Eso incluye el trabajo de actores de reparto en personajes secundarios, como Michael Chiklis, Nick Nolte y Emma Booth en el papel de Claire, la abnegada novia del protagonista, cuya relación con él queda descrita a la perfección con el mínimo de gestos, diálogo y metraje… Mucho mejor descrita que la relación entre el personaje de Parker y la ansiosa agente de ventas de casas interpretada por Jennifer López, a pesar de que ésta última tiene mucho más tiempo en pantalla e incluso llega a robarle el protagonismo al propio Statham en un momento del relato, concretamente cuando vive esa secuencia de desengaño sentimental que no pega absolutamente nada con el resto de la trama y parece escapada de cualquier otro engendro romanticoide dirigido por el mismo realizador, Taylor Hackford.

Así que lo que tenemos en esta ocasión es más o menos una buena película policíaca basada en el personaje y la novela de Donald E. Westlake (firmando con el seudónimo de Richard Stark)… y por otro lado otro de los engendros que nos caen encima cada vez que la López decide ejercer como actriz, circunstancia cada vez más lamentable. Quien lo dude que repase esa escena con Statham en la terraza en la que la co-protagonista descubre que el objetivo de Parker es cargarse a los tipos que le robaron su botín: ese gesto de asombro impostado propio de un anuncio de champú que parece decir “Oh my goooodd, umbelievable!!!”

López no es buena actriz. Nunca lo ha sido. Y en esta película tan buena en todo lo demás, esto es, en todo lo referido a la historia policíaca, que recomiendo sin dudar, la cantante da la nota discordante que casi (he dicho casi, no se alarmen) se carga la credibilidad de toda la propuesta.

Comienza el asunto muy bien, con un golpe criminal al estilo de La huida, de Sam Peckimpah, luego la traición, la fuga, el comienzo del ajuste de cuentas de Parker (un elemento esencial en los relatos protagonizados por este personaje)… Y todo va como la seda. Statham está tremendamente cómodo con el personaje y sabe cómo darle vidilla con su propio estilo, manteniéndose al nivel de otros grandes que lo han interpretado previamente, como Lee Marvin, Robert Duvall, Mel Gibson…

No hay nada que criticarle a la película en lo referido a esa faceta, la más interesante de su argumento. Tiene buenos diálogos, secuencias de acción competentes, intriga bien planteada… En serio, recomiendo la película por toda esa parte y ya les digo que merece la pena que se gasten los cuartos en verla.

Lo que ocurre es que no acierto a explicarme por qué disparatado razonamiento llegaron los artífices del invento a empeñarse en: a/ que López interpretara a la protagonista femenina; b/ que la trama de soledad sentimental y caza de maromo de dicho personaje femenino le restara metraje a la trama criminal propiamente dicha, rompiendo el ritmo de la narración que iba muy bien hasta ese momento (concretamente hasta que aparece el personaje de López, el policía que le tira los tejos, la mamá adicta a los culebrones y el perrito abominable y llorón), y c/ que para captar al público femenino tuvieran que meternos esa morcilla estilo comedia romántica en la línea de las abominaciones que suelen interpretar Jennifer Aniston y la López cada vez que algún temerario decide ponerlas delante de una cámara.

Insisto: toda la trama de la López, el asunto de comedia romántica, no aporta absolutamente nada a una historia policíaca muy bien planteada y que saldría ganando en calidad prescindiendo de todo lo relacionado con lo que podríamos denominar el “mundoLópez”. Además estoy seguro de que en manos de otra actriz ese personaje femenino quedaría mucho más convincente. Como ejemplo les propongo una mezcla similar manejada con mejores resultados en Jack Reacher. Y por si alguien quiere ponerse todavía más exquisito, les propongo que recuerden la magistral forma de incorporar las tramas románticas a dos clásicos cercanos a esta propuesta, Bullit y La huida. La relación entre el policía interpretado por Steve McQueen y la arquitecta encarnada por Jacqueline Bisset en la primera es una de las más elegantes y sutiles historias de amor del cine policíaco. La relación entre el personaje interpretado por McQueen y la esposa de éste ex convicto interpretada por Ali MacGraw en la segunda es una de las más bellas historias de amor del cine de temática criminal. Por eso pienso que había materia prima en el encuentro entre este nuevo Parker interpretado por Statham y el personaje femenino interpretado por López. Pero la cantante se carga el invento con su exceso gestualizante y su torpe manoteo dramático. No es algo nuevo en su filmografía, ya le pasó algo parecido en Un romance muy peligroso, pero en aquella Steven Soderbergh consiguió atarla más en corto de lo que la ata en Parker Taylor Hackford. Hackford no es mal director, pero es igualmente propenso a perderse en la mezcla de los géneros de sus películas, y pongo otro ejemplo para que quede más claro: Prueba de vida sería mucho más interesante y equilibrada si no hubiera metido en la trama con calzador una poco creíble relación sentimental entre el personaje del negociador-rescatador interpretado por Russell Crowe y la esposa del rehén, encarnada por Meg Ryan. No le salen las mezclas de géneros a Taylor Hackford. O al menos no le salen tan competentes como al resto de los directores y películas citados. Por cierto, reparen en que el en fondo nos encontramos en universos narrativos muy cercanos, pues la mayoría de las películas que menciono son adaptaciones de novelas de Jim Thompson, Elmore Leonard y Richard Stark, que operan en una onda muy cercana de relato criminal.

Resumiendo: insisto en que la película es totalmente recomendable por lo referido a su trama criminal, que además ocupa aproximadamente el 80 por ciento de su metraje. Así que toleren como mejor puedan el 20 por ciento restante dedicado a los aspavientos de la señora López, a quien muchos le agradeceríamos que prosiguiera con su brillante carrera musical y se tomara un largo descanso en el cine. Sin ella esta película sería de cuatro estrellas. Con ella y por su culpa se queda en tres estrellas y media.

Así que vayan a verla. El Parker de Statham lo merece, aunque la López no lo merezca.

Miguel Juan Payán

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Safe ★★★

Mayo 02, 2012

Crítica de la película Safe

Safe es una recomendable cita con el cine de acción total. Un Jason Statham en plena forma no defrauda a sus seguidores. Imaginen la película Gloria de John Cassavetes (e intenten olvidar la versión con Charito Stones que dirigió Sidney Lumet, hecho inexplicable), pero cruzada con un cómic de Punishser, el justiciero urbano con la calavera en el pecho de los cómics de la Marvel. De hecho, me atrevería a decir que en algunos momentos Safe es mejor versión de las viñetas de Punisher que cualquiera de las tres películas sobre ese personaje que se han rodado hasta el momento, aunque no se base directamente en el mismo… Dar cera, pulir cera. Esa es la consigna que sigue Jason Statham en su filmografía, y le va de maravilla. Le va de maravilla a él y a sus seguidores, aficionados al cine de acción puro y duro, sin contemplaciones ni componendas, sin “mensajes” ni vainas. Lo que ocurre es que, al contrario de lo que puedan pensar muchos “iluminados gafapastas”, el hecho de que muchos seamos aficionados a pasarlo bien el cine y a hacer algo tan sencillos como evadirnos viendo películas de acción no significa que nos tengamos que tragar cualquier cosa con puñetazos, patadas y apretamiento de gatillos que nos pongan delante del hocico. Queremos acción de calidad, bien escrita, bien construida. Nos gustan las tramas de intriga coherentes, sin agujeros en el guión, sin repeticiones tontas, sin rolletes eróticofestivos metidos con calzador. Y por supuesto no nos gusta la acción por la acción, porque además eso es aburrido, a menos que pongas de tu parte unos botellines de cerveza para poder echarte unas risas con lo absurdo de algunas situaciones que te escupe la pantalla y acabes viendo Cobra, el brazo fuerte de la ley con la carcajada puesta durante toda la proyección. El arrollador éxito en la taquilla de Los Vengadores ha reivindicado una vez más la pertinencia del cine como entretenimiento y producto de ocio y evasión, poniendo otra vez las cosas en su sitio y demostrando que lo que lleva a la gente a las salas no es simplemente una película con mucho dinero dentro, sino una película con mucho dinero dentro bien parida. El público de hoy no es tonto, aunque algunos críticos se empeñen en tratarlo como tal. Muchos, la mayoría, van (vamos) al cine la mayor parte de las veces esencialmente a evadirnos y no a angustiarnos. No queremos encontrar el sentido de la vida o repasarnos los conceptos del amigo Kierkegaard mientras vemos la película. Y sospecho que nos importa poco que luego haya por ahí sueltos algunos fundamentalistas de la intelectualidad partidarios de disciplinarnos a todos como a niños díscolos como si se hubieran formado para ejercer la crítica cinematográfica bajo las consignas del fallecido líder cinéfilo norcoreano Kim Jong Il. Así las cosas me parece un momento excelente para disfrutar de la última propuesta que nos hace ese repartidor de tortas y evasión cinematográfica que es Jason Statham, al que por dedicarse esencialmente a protagonizar películas de acción tantos sobrados de la crítica ningunean y miran por encima del hombro, olvidando que el hombre se dedica a lo suyo, no pretende recitar a Shakespeare (como si hiciera Arnold Schwarzegenner en sus tiempos, en El último gran héroe, parodiándose, o mejor dicho, parodiando su propia imagen cinematográfica y los palos que le metían los críticos a su trabajo ante las cámaras). En Safe, Statham no se autoparodia, simplemente se limita a hacer su trabajo. Un gran trabajo. Un trabajo del mismo tipo del que realizaba John Wayne cuando aparecía con su sombrero, su revólver, su rifle y su caballo en cualquier película del oeste. O como el que hacía Jean-Paul Belmondo, que después de ser estrella de la Nouvelle Vague con Godard se pasó al bando de los maestros del entretenimiento y la evasión, convirtiéndose en una de las grandes estrellas del acción del cine europeo. Statham demuestra en Safe lo mismo que ya había demostrado en otras de sus películas recientes, que está hecho de la pasta de un Charles Bronson o un Belmondo para replanteado para el cine de nuestros días. Vale, no es un Lee Marvin o un Jack Palance, no es un Robert Mitchum o un Steve McQueen, pero en su propia liga es imbatible, y con todos mis respetos para los seguidores de Bruce Willis, me cae más simpático que el de la Jungla de Cristal. Ya está, ya lo he dicho. Ahora pueden empezar a disparar sus tomates, que los esquivaré intentando moverme como Neo delante de las balas en Matrix, aunque con la tripa cervecera lo voy a tener un poco fastidiado. Se hará lo que se pueda. Volviendo a Safe, el primer acierto es dividir el protagonismo de la trama en dos personajes, comenzando la historia con la niña perseguida, lo que propicia un planteamiento argumental más interesante, ya que será la niña, y no el personaje de Statham, el que nos meta en esa fábula de guerra de bandas. Además han tenido mucho cuidado de no caer en más tópicos de los estrictamente necesarios, y te tragas, cuela, es verosímil y no chirría, la relación que se establece entre la niña y su protector, al menos durante la mayor parte de la película. La reunión y asociación del personaje d de la niña, que conduce la historia en su principio, con el personaje de su protector, Statham, es fluida, coherente, perfectamente asumible sin despertar en principio el escepticismo del espectador. Es una lástima que en un momento determinado del relato, los guionistas hayan decidido darle al protagonista una nueva identidad, montando una trama sobre su pasado que nos resulta menos creíble que todo lo anterior y nos saca de la película. Un error tolerable por lo bien que funciona el asunto como espectáculo de acción hasta ese momento. Creo que en la parte final del guión les han faltado agallas para tirar la historia por el camino que habían emprendido en principio, con todas las consecuencias. No era necesario explicar “más” el personaje de Luke, ni buscar esa especie de giro o sorpresa innecesaria en el relato, que me suena a virguería inspirada por las estrategias y libros de guión escritos desde las escuelas, más que desde el día a día de la narración cinematográfica. Eso de que hay que justificar todo, cuando de partida te están poniendo delante de las narices a un pavo que con las manos desnudas se lleva por delante a tres o cuatro tíos armados y con pinta de armario de dos puertas. La suspensión de la credibilidad y la complicidad del público era ya total en la primera parte del relato, no era necesario adornar la fábula para explicar nada. De hecho, el personaje de Statham deja de ser creíble precisamente cuando se empeñan en “explicárnoslo” y justificar su capacidad de supervivencia y su habilidad para dar cera y pulir cera. Afortunadamente, al final lo arreglan con dos detalles: el asalto al casino estilo Grupo salvaje y el desenlace del combate final entre protagonista antagonista, presentado de manera muy astuta como una especie de eco de planificación y planteamiento visual del cine de acción ochentero más ramplón, en plan duelo singular… pero solventado con astucia y sorpresa que además estrecha el vínculo entre el personaje de la niña y su protector. Después de eso: ¡quiero ver la secuela! Me gustaría ver cómo se desenvuelven estos dos personajes en el futuro que les espera.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Asesinos de élite

Potente propuesta de cine de acción e intriga con sabor a cine de los setenta y secuencias espectaculares. Asesinos de élite es cita ineludible para los que seguimos pensando que el cine trepidante tiene un sitio entre los títulos interesantes de cada temporada y merece ocupar un puesto destacado en la cartelera como herramienta de diversión y evasión rodada con calidad.

Basada en parte en hechos reales y tomando como punto de partida el libro de Ranulp Fiennes, miembro de las SAS, fuerzas especiales del ejército británico, que participó en una misión de eliminación de los miembros de la familia de un jeque para facilitar una maniobra de gestión y control del petróleo, Asesinos de élite no tiene nada que ver con aquella otra película de Sam Peckimpah titulada The Killer Elite, que en España conocimos como Los aristócratas del crimen, filmada allá por 1975 y que a decir verdad resultó ser una de las más flojas del director de Grupo salvaje o La huida. Sin embargo comparte con ella la profesión arriesgada de sus protagonistas, que también tienen cierto aire familiar a los que protagonizaron otra película con Robert De Niro en el reparto, Ronin, dirigida en 1998 por John Frankenheimer.

La historia arranca en los años 80, un retorno al pasado que nos sitúa en un momento de caos geopolítico y facilita el caldo de cultivo para la primera escena del largometraje, que gira en torno a un asesinato que permite comprobar el pulso firme y la solvencia con la que el director va a manejar las secuencias de acción de una película que en contra de lo que pudiera sospecharse no va a volcarse sólo en lo trepidante, sino que prefiere seguir una fórmula más próxima a la de la saga de Jason Bourne, haciendo que la acción sea el complemento de una competente trama de intriga. Para ello el director ha elegido una estrategia que no suele fallar: el protagonismo bicefálico. Esto es: la trama queda dividida según dos protagonistas principales que lógicamente están en lados opuestos de la misma y por tanto se enfrentan durante todo el metraje.

Por un lado tenemos al asesino a sueldo encarnado por Jason Statham, que sale de su retiro dejándose en el horno sentimental una relación a medio cocer para ayudar a su mentor y colega, interpretado por Robert De Niro en uno de los papeles de secundario-estrella más sólido que le hemos visto en los últimos años, auténtico eco de sus personajes más completos de antaño, y que además se complementa con buena química con Jason Statham. Dicho sea de paso, sobre éste último después de Blitz y de Asesinos de élite va llegando la hora de que sus detractores más recalcitrantes empiecen a reconocerle talento y méritos que le ponen por encima del simple monigote de acción trepidante.

En el otro extremo tenemos a un ex militar veterano de las fuerzas especiales británicas al que da vida Clive Owen, empeñado en proteger a las víctimas del nuevo encargo del asesino, un grupo de comandos de las SAS.

La película se construye por tanto como un juego de caza del gato y el ratón, con Owen ocupándose casi siempre de la parte más ceñida a las claves de la intriga, en un registro similar al que ya cubriera en The International: dinero en la sombra, y que le encaja como un guante. Mientras Statham hace lo que mejor sabe hacer, habitar en las claves de la acción. La bicefalia permite además que cada uno de estos dos protagonistas incursione en el territorio del otro, generando una tensión que añade partes de intriga en la sucesión de asesinatos que va cometiendo el personaje de Statham del mismo modo que el de Owen incursiona en momentos de acción, hasta que ambos acaban cruzándose, dando lugar a un varios enfrentamientos filmados con la misma energía intensa de frenético intercambio de golpes que caracteriza los combates incluidos en la saga de Jason Bourne. En ese juego del ratón y el gato no hay buenos ni malos, sino que todos son lo que afirma el título de la película, asesinos.

Hombre, está claro que no estamos ante un ejercicio de intriga del nivel de la excelente Munich de Steven Spielberg, pero sí se trata de una competente película de intriga y acción bastante completa y con un ritmo que en ocasiones recuerda el de destacadas muestras del género en los años setenta, como Scorpio (Michael Winner, 1973), o algunas intrigas del policíaco británico protagonizadas en esa misma década por Michael Caine, como Asesino implacable (1971) o El molino negro (1974). Además, como ya he dicho, me recuerda otro buen ejemplo intriga y acción de los noventa, Ronin y a caballo entre ambas cosas, por completar la telaraña de referencias que me vinieron a la memoria mientras la veía, también Chacal, con un ritmo a medio camino entre la gran versión dirigida por Fred Zinnemann en 1973 y la actualización rodada por Michael Caton-Jones en 1997 con Bruce Willis y Richard Gere (otro caso de protagonismo bicefálico) al frente del reparto.

“Matar es fácil. Vivir con ello es lo difícil”, afirma uno de los personajes en esta recuperación del cine de intriga y acción con claves sólidas y sin tomarle el pelo al público, con actores que convencen y ayudan a que aceptemos sus personajes aportando verosimilitud a la trama. Si es caso, falla algo ese empeño algo reiterativo de utilizar el flashback para construir una historia de amor que resulta ajena al resto, como impuesta a título de adorno de cara a la taquilla, aunque  ciertamente sirva para darle a De Niro la oportunidad de lucirse en la escena de la persecución en el metro, una de las mejores de la película, lo cual redime todo el embrollo sentimental que le buscan al personaje de Statham y prácticamente hasta ese momento podíamos pensar que no viene a cuento. Casi se diría que la película contiene una especie de reconocimiento de la flojera que afecta a esos flashbacks sentimentales sin los que podría pasar perfectamente el resto de la trama en ese diálogo donde un personaje le dice a otro: “Enséñame una mujer guapa y te enseñaré a un hombre hasta las narices de la chica”.

En todo caso puede perdonársele esa innecesaria guinda romántica porque toda la parte de intriga y acción es sólida, está bien servida y es interesante.

Miguel Juan Payán

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