Crítica de la película Jay y Bob el Silencioso: el reboot

Como tantos reboots, completamente innecesario… y tardío.

Mientras haya vida, hay esperanza, y tras el susto que supuso para su salud aquel infarto, Kevin Smith no sólo perdió un montón de peso, sino que nos trajo de vuelta sus personajes más icónicos, Jay y Bob el Silencioso, interpretados por Jason Mewes y él mismo, como siempre. Pero no lo hizo para hacer la prometida Mallrats 2, en tv o cine, ni para cerrar la trilogía de Clerks. Cogió su mayor gamberrada, Jay y Bob el Silencioso Contraatacan y decidió hacer una secuela, remake y reboot, todo a la vez, contando con los sospechosos habituales y recaudando dinero a través de crowdfunding incluso. Y por el camino hasta hizo las paces con Ben Affleck, quien fuese su amigo íntimo y protagonista de muchas de sus películas, con quien la relación se había roto.

La lástima es que todo ese esfuerzo se haya convertido en un chiste sin gracia alargado en el tiempo durante… bueno, demasiado tiempo, perdonen la repetición. Han pasado 19 años desde que la película original nos llegó, 18 si contamos el estreno en USA. Y aunque la idea de reírse de los reboots y los remakes haciendo un reboot y remake, me parece realmente interesante, el problema es el planteamiento. Una vez puede funcionar el truco de dar a Jay y Bob el protagonismo, pero los personajes no aguantan dos películas como protagonistas, no importan los cameos, las estrellas invitadas o el sentido del humor que quieras ponerle.