Digna secuela que llega 20 años después de la original. Y he de reconocer que me ha sorprendido mucho más gratamente de lo que esperaba porque nunca he sido fan de la película original y, de hecho, con el tiempo el cine de los hermanos Farrelly me parece cada vez más zafio y vulgar, menos divertido de lo que recordaba, con excesos de escatología y demasiada condescendencia. No es que hayan perdido todo eso en esta nueva película, que quiere ser un bálsamo en la carrera de todos los implicados, pero sí es cierto que te hace mantener la sonrisa durante todo su metraje y que tiene varios chistes y gags que son realmente demenciales y que sacarán más de una carcajada al espectador.

La historia nos devuelve a los personajes 20 años después de su primera aventura, con la intención de encontrar a la hija perdida de uno de ellos, y convencerla de que le done un riñón para salvar su vida. Un pretexto para sumar chistes, algunos pretendidamente salvajes que se quedan en intentona, otros realmente gamberros que son los que más funcionan, junto a los surrealistas o absurdos. No, no hablamos de cine de gran calidad. A muchos les espantará la propuesta de los Farrelly. Huirán como de la peste. Pero para el gran público, para la gente que sólo busca pasar un buen rato, puede ser una comedia perfectamente válida y, de hecho, bastante por encima de la media que otros nos ofrecen. E incluso de la película original.

La clave está en que creo que todos los involucrados saben que se están jugando las habichuelas con la película. Los Farrelly dejaron hace años de ser relevantes en la gran pantalla, y Jeff Daniels ha buscado ya refugio en televisión (con la brillante The Newsroom), mientras que Jim Carrey ha visto recientemente como su estrella se apagaba y ya no es el actor que llenaba salas de cine en todo el mundo que solía ser. De su química y del buen trabajo de secundarios como Laurie Holden o Rob Riggle, se obtienen algunos de los mejores momentos, que sacan carcajadas sinceras del público (todo lo relacionado con el gato, la bici, el viaje en coche con Riggle, etc).

Claro, también tiene sus contras. Hay demasiado humor escatológico, hasta hacerte bostezar en algunos momentos, o incluso arruinando algún buen chiste, y la película dura demasiado. Una comedia como ésta que casi llega a las dos horas… en fin, que con veinte minutos menos les hubiese quedado mucho más ligera y convincente. Pero se ven cosas que no son tan tontas como su nombre indica, cosas cargadas de mala uva, sarcasmo y humor negro. O simplemente momentos en los que no nos podemos creer lo que estamos viendo en el cine. Y eso ayuda a seguir enganchados, a seguir riendo y a querer más. Así que, sí, ha quedado mejor esta segunda película. Quién lo iba a imaginar. Yo desde luego que no, y me alegro por la sorpresa. Y por las risas.

Jesús Usero

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