Después de trece años sin tocar el tema de la mafia en sus películas, desde El infiltrado (2006); Martin Scorsese regresa al ecosistema de los ilegales clanes italoamericanos e irlandeses asentados en Estados Unidos, donde transcurrían parte de sus mejores obras, como Uno de los nuestros (1990) y Casino (1995).

El irlandés es un largometraje que vuelve a unir al maestro de Taxi Driver con el denominado imperio del crimen, y lo hace dentro de un esquema de clasicismo voluntario y absorbente. Un contexto que Scorsese sabe manejar como pocos, y en el que su estilo y lenguaje audiovisual encajan como un guante.

No obstante, los años transcurridos en otros géneros cinematográficos pueden hacer pensar en una cierta pérdida de empaque e inspiración en el director neoyorquino, a la hora de desarrollar los entornos mafiosos en los que se sustenta la trama de El irlandés. Un miedo que parece diluirse, ante las esperanzadoras coordenadas concitadas por el responsable de La edad de la inocencia.