Don Jon ***

Octubre 25, 2013
Don Jon, elocuente pero fallida sátira sobre la desorientación sexual del personal en estos tiempos de cibersexo.

Joseph Gordon-Levitt debuta como director de largometraje con esta sátira sobre el sexo en los tiempos de internet y el onanismo frenético de quienes finalmente han decidido que la vida real les viene muy grande y prefieren las fantasías cibernéticas, que al parecer les resultan visualmente más estimulantes y además más cómodas. Crónica de cómo varias generaciones de jóvenes le están dando la espalda a la realidad para entregarse a la ficción mientras se dejan devorar por sus juguetes tecnológicos.

Ese planteamiento que comienza bien, con varios momentos hilarantes, como las peculiares farsas de coyunda que interpretan el protagonista con su novia rubia y espectacular, un papel para que Scarlett Johansson luzca tan seductora y descerebrada como una choni poligonera con aspiraciones a Barbie pija que me ha recordado mucho a la Spice Girl Victoria Beckham. O los momentos dominicales de confesión. O ese paisaje familiar de parientes semilobotomizados, con la hermana autista que habla poco pero cuando habla hace que suba el pan…

Esos momentos y la voz en off del protagonista, que no llega a hacerse tan cargante como en otros ejercicios similares, consiguen darle a la película una primera mitad bastante curiosa y entretenida por la vía de la comedia gamberra.

El problema surge cuando  Joseph Gordon-Levitt empieza a tomarse demasiado en serio el asunto, se pone algo pesado con la moralina, se saca de la chistera una redención para su gamberro impresentable, un auténtico espécimen de ligón poligonero que no merece redimirse en modo alguno, y además ni siquiera debería plantearse redención alguna, y decide desperdiciar lo mejor de la película, que es la opción de renovar el relato en el momento justo en que empieza a estancarse con la aparición del personaje de Julianne Moore en plan heroína neurótica de comedia de Woody Allen. Llevada por el camino de la comedia disparatada, esa relación del personaje de Gordón-Levitt con el de Moore podría haberle dado el empujón final a una de las comedias más ácidas de este año. Lamentablemente a Gordon-Levitt le da por convertir su película a partir de ese momento en todo aquello que ha estado criticando durante toda la primera mitad de la misma, lo cual que le sale el tiro por la culata y esa renuncia le pasa factura, especialmente con un desenlace que incluso desde el punto de vista estético parece sacado de un anuncio de preservativos para mujeres en el invierno de su descontento, que diría Ricardo III tirando de William Shakespeare. El romance de la fémina otoñal y el niñato poligonero es uno de los ejemplos de conformismo más molestos que me he encontrado en el cine últimamente.

De manera que te ríes, pero como la película se traiciona a sí misma, no te ríes tanto como te podrías haber reído. Y aunque en su primera parte Don Jon cumple bien su papel como comentario ácido de la realidad cotidiana que nos rodea y nos está cambiando la vida sibilinamente merced a la cortina de humo de las nuevas tecnologías, tirando del humor en lugar de ponerse trágica, al final se pone tan melosa que casi me resbalo al salir de la sala con tanta baba.

De manera que aplaudo a Joseph Gordon-Levitt por su primera hora y le daría una colleja por bajarse los pantalones en la última media hora, y no precisamente para satisfacer los instintos de que presume su personaje.

Y no cuela lo de que ese final de comedia romántica es coña limonera que parodia la falta de personalidad del protagonista.

Miguel Juan Payán

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