The Collection **

Noviembre 10, 2013
The Collection, entretenida pero floja secuela de El Coleccionista que tira por el camino del terror más fácil.

Lo primero que hay que aclarar es que The Collection es una secuela que se puede ver sin haber visto el coleccionista, aunque comparta el mismo protagonista. Y no digo esto porque caiga en verso, que también, sino porque ya se ocupan en los créditos de apertura de informar al espectador de las cuatro cosas esenciales sobre el monstruo/amenaza que ejerce como agente del caos en este caso y además han sabido hilar bien una película con la otra para que el personal no tenga que aplicar muchas neuronas a descifrar lo que no sabe del asunto. Lo segundo que hay que aclarar tiene que ver precisamente con los créditos. Concretamente con los créditos finales. Al verlos después de ver la película es cuando te das perfecta cuenta de lo poco que tiene que ofrecer esta secuela, no sólo porque los créditos son lo más atractivo de la propuesta, sino porque se podrían haber limitado a ponernos eso y habría hecho el mismo e incluso mejor efecto que tenernos unos setenta y pico minutos siguiéndole la pista a una historia excesivamente tributaria no ya de la película anterior, sino de títulos que en mi opinión son bastante más interesantes, como la saga de Saw o Cube.

Dicho lo anterior, insisto en que no aburre. Apuesta por otra parte por el terror más fácil, e incluso en algunos casos gratuito y poco original (el accidente de automóvil era una sorpresa cuando lo vimos la primera vez en series como Alias, Sobrenatural… pero hoy está ya tan gastado que se ha convertido en un pobre recurso efectista revestido con la capa del lugar común). Poco trabajada en lo argumental, la película se entrega alegremente al efectismo de las trampas que siembra su asesino, heredadas del planteamiento de Saw y Cube, o tira de fobias sin llegar a explotarlas del todo, como en la secuencia de las arañas, que salvo para alguien que sufra aracnofobia, se queda francamente corta en lo referido a aportar terror. La secuencia en la que la protagonista/víctima atraviesa el pasillo sembrado de trampas para osos es un ejemplo de cómo la película tiene tendencia a limitar o desperdiciar sus recursos para convertirse simplemente en una variante de la atracción circense del tren de la bruja o la casa del terror, en el estilo efectista de las secuelas más flojas de la serie Destino final. Finalmente a pesar de lo que sugería su cartel promocional y de su título, no creo que satisfaga a los más corajudos aficionados al terror gore y grotesco porque lo que menos vemos es la colección del título, se queda en una versión muy ligera de las atrocidades que, por poner un ejemplo, se pueden contemplar en The Human Centipede y sus secuelas, y tampoco le saca todo el partido que podría al propio asesino, el coleccionista, mejor aprovechado en la primera entrega y que aquí queda muy por debajo, como amenaza, no ya de sus hermanos mayores, el Cara de Cuero de La matanza de Tejas, el Jason Voorhees de Viernes 13 o el Michael Mayers de La noche de Halloween, sino incluso del Matt Cordell interpretado por Robert Z´Dar en la saga de Maniac Cop.

Miguel Juan Payán

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