Crítica de la película Perdiendo el Norte

Buena comedia para hablar de un tema muy actual.

Aunque en realidad sea un tema cíclico, que se repite desde hace décadas en nuestro país, el de la gente que debe emigrar para buscar un futuro mejor, como ya mostraron otras películas como Vente a Alemania, Pepe o Un Franco, 14 Pesetas. A la primera Perdiendo el Norte no tiene ningún problema en homenajear con muchas ganas a través del personaje de José Sacristán, uno de los protagonistas de la otra historia. Y además lo hace brindándole quizá la mejor historia de la película, una película que repasa el viaje que emprenden dos jóvenes a Berlín buscando un futuro mejor del que pueden conseguir en España, engañados por los rumores que llegan del país germano, y trabajando finalmente en cualquier cosa menos lo que ellos soñaban.

Y en lugar de hacer un drama social lacrimógeno como harían otros, Nacho G. Velilla, experto en comedias de éxito como Fuera de Carta o Que se mueran los Feos, nos muestra un divertido retrato de nuestra sociedad actual, de la española, a través de los ojos de dos jóvenes muy preparados, que deben partir a Alemania, creyendo que allí encontrarán el trabajo de sus sueños, sin imaginar que todo lo que les han dicho es mentira y que deberán buscarse las habichuelas de las formas más peculiares. Quizá no sea su sueño, pero quizá sea el camino para la felicidad, aunque con ello decepcionen a aquellos que les esperan en España. Y del extraño que llega a un sitio nuevo sale la comedia casi sin querer.

Aprovechando a la colonia española en Berlín (o la que nos muestra la película) y el choque de culturas, dejándose llevar por el talento natural de Julián López, Malena Alterio o el propio Sacristán para la comedia, sin olvidarnos de los que esperan en casa, Carmen Machi y Javier Cámara. El humor, ácido, satírico, metiendo el dedo en la llaga de muchas de las cosas que vivimos por la crisis, funciona de maravilla, dejando de paso gotas de drama (la situación de Cámara, lo que vive el personaje de Sacristán…) que le dan más peso a la historia que nos están contando. Mención aparte para Yon González y Blanca Suárez, su excelente química y los detalles del personaje de él, que puede ser un chulo que va de listo la mitad de las veces y, con todo, nos acaba cayendo bien.

El problema es cuando la película se mete en la trama romántica, desaprovecha a Úrsula Corberó, y se olvida del motivo central de su historia, el tema de la fuga de cerebros que vivimos, lo mal que lo pasan algunos fuera de España buscándose la vida… para interesarse por algo que hemos visto demasiadas veces en pantalla y que no aporta nada nuevo, entre otras cosas porque el personaje de Suárez no están tan desarrollado como el del protagonista masculino. Con todo, la comedia funciona, muy bien, nos arranca carcajadas y nos enfoca un problema actual sin lágrimas y con mucha ironía, que siempre se agradece. Y ojo al cameo de Arturo Valls que lo clava…

Jesús Usero

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