Crítica de la película Cuestión de justicia

Michael B. Jordan salva una repetitiva película de juicios

El cine de tribunales y hechos reales empieza a asomar las orejas en la cartelera como ocurre cada año en estas fechas cuando se cumple el tiempo límite para estrenar película que pueda optar a los premios del año y jugar la baza de la denuncia social como clave argumental para repetir fórmulas genéricas que van necesitando cierta renovación.

Cuestión de justicia es un buen ejemplo de ello. Es repetitiva y a ratos un puntito telefílmica, sino por ello dejar de ser sólida dentro de la repetición de la fórmula en la que se desarrolla. Esa solidez se la presta en primer lugar su protagonista, Michael B. Jordan, que demuestra que puede hacerse con todo tipo de papeles y reniega con fuerza de todo encasillamiento, demostrando que estamos ante un actor todoterreno que puede meterse en cualquier proyecto y darle brillo con su trabajo. Lo hemos visto ya en suficientes registros como para que eso quede puesto de manifiesto, pero su papel como el joven abogado de este largometraje, basado además en un personaje real, lo confirma.