Homenaje al cine clásico que se queda algo acartonado. Y mira que el regreso de Warren Beatty delante y detrás de las cámaras apetecía bastante y podía llevarnos a un nuevo clásico moderno, una película diferente a lo que vemos hoy en día en salas de cine, con un reparto espectacular y revisando la historia de uno de los grandes mitos de Hollywood, Howard Hughes, en sus años de declive personal, cuando la enfermedad comenzaba a afectarle seriamente. Todo ello desde el punto de vista de un joven, Alden Ehrenreich, que llega a la empresa de Hughes como chófer y va acercándose poco a poco a la figura de quien fue leyenda en la meca del cine pese a sus muchas extravagancias.

Las aspiraciones del joven conductor se complican cuando conoce a una de las aspirantes a actriz de la productora de Hughes, Lily Collins, a la que suele llevar por la ciudad y de la que se enamora, aunque eso supondría romper una de las principales normas de la empresa, no pueden tener relaciones de ningún tipo con las jóvenes aspirantes. A lo largo de los años veremos cómo esa relación va cambiando según se siguen los sueños y aspiraciones, o según se rompen, en un viaje siempre ligado a la figura de Hughes y sus muchos conflictos internos y externos, debido a las peculiaridades que le provocaba su enfermedad. Algunos adorables incluso (lo del helado) otros completas locuras que ponían en serios problemas a su empresa y a aquellos que le rodeaban.