Crítica de la película La odisea de los Giles

Divertida comedia dirigida con imaginación por Sebastián Borensztein, que cuenta con las brillantes caracterizaciones de Ricardo Darín y Luis Brandoni.

A veces, los menos favorecidos en el reparto de capital pueden sacar la cabeza, y poner en su sitio a los especuladores y ladrones con chequera y relaciones bancarias. Esta tesis es la que sustentó la novela La noche de Usina, de Eduardo Sacheri: texto en el que se basa La odisea de los Giles. Unas coordenadas temáticas y existenciales, que el cineasta Sebastián Borensztein transforma en una película agradablemente humorística y humana, cuya inspiración embrionaria podría encontrarse en la excelente cinta Atraco a las tres (José María Forqué, 1962).

La trama del largometraje sigue la aventura protagonizada por un exfutbolista llamado Fermín Perlassi (Ricardo Darín), quien anhela revitalizar el pueblo en el que habita con su esposa. El ahora gasolinero tiene en mente levantar una cooperativa, para dar trabajo a los pocos vecinos que aún no han huido a Buenos Aires. Sin embargo, el dinero que les piden por adquirir la antigua factoría es demasiado, y el hombre y su cónyuge se ven obligados a recaudar la cantidad entre distintos amigos y potenciales inversores. Cuando estos ya han alcanzado el capital estimado, la nueva sociedad proletaria ingresa lo reunido en el banco. No obstante, aún les falta un poco; causa por la que Fermín solicita un crédito, pero el responsable de la entidad le advierte que no se lo concederán, a menos que meta el total colectivo de la caja de caudales en su cuenta corriente. Tras seguir las citadas directrices, el susto se precipita al día siguiente, con el anuncio del corralito que asoló Argentina. Este acontecimiento hace que el saldo se pierda al completo, debido a la crisis del país. La crispación provoca que Perlassi tenga un accidente de coche, en el que fallece su compañera sentimental. Años más tarde, los estafados descubren que el abogado que se quedó con su dinero (en connivencia con el banquero que engañó a Fermín) guarda su botín en un campo aislado. Una noticia que anima a los miembros de la cooperativa quebrada a planear sustraer el parné, de las manos del timador de guante blanco.