Crítica de la película La tragedia de Peterloo

Mike Leigh devorado por los discursos en la primera parte de la película, remonta en la segunda.

Interesante reconstrucción histórica de la masacre de Peterloo, o lo que los periódicos británicos de la época denominaron “Waterloo en casa”, una cadena de despropósitos que desembocó en la represión brutal de una pacífica reunión de trabajadores de Manchester que se habían congregado para reclamar el voto.

El tema encaja en los intereses de cine social, reivindicativo y de denuncia del director, y en general es una recreación de los acontecimientos ocurridos en 1819, pero peca de un exceso de discurseo y declamación en su primera parte que si bien puede estar inspirada o en consonancia con las propuestas de Eisenstein en La huelga, carece de la fuerza visual que el maestro soviético imprimiera a su cine a través del montaje, el ritmo, la experimentación vanguardista con las imágenes. Mike Leigh prefiere trabajar sobre la fotografía, en lugar de sobre el montaje, proporcionándole a su película algunos planos de poderosa evocación pictórica, por ejemplo los que definen visualmente el personaje más interesante de todo el relato, la madre que recibe a su hijo superviviente de la batalla de Waterloo.