Crítica de la película Legado en los huesos

Nueva e interesante entrega de la trilogía del Baztán. .

Iniciada con El Guardián Invisible, película que estuvo rodeada por una polémica innecesaria que acabó dañando su taquilla, aunque la recaudación final no estuvo mal, lejos de asustarse, sus responsables han decidido dar el todo por el todo y rodar las dos siguientes películas, adaptaciones de los libros de Dolores Redondo, a la vez, algo tan habitual ya fuera de España y que permite seguramente no sólo abaratar costes, sino completar la trilogía sin necesidad de esperar a que la taquilla responda. Legado en los Huesos llega ahora y en abril el cierre, Ofrenda a la Tormente, y repiten tanto el reparto liderado por Marta Etura como el director, Fernando González Molina, un hombre que parece tocado por la varita del éxito en la taquilla y un auténtico artesano en estos tiempos.

También repite el guionista, Luiso Berdejo, que está dando mucho que hablar este año con La Trinchera Infinita, y que aquí abraza las claves del género policíaco y su variante de asesinos en serie con pasión. La historia nos devuelve al Valle de Baztán donde Amaia Salazar (Etura) debe regresar para investigar una serie de terribles suicidios que quizá no sean lo que parecen, sólo un año después de los hechos de El Guardián Invisible. La película además, para seguir ganando en interés, ha sumado tres nombres de mucho peso como son Leonardo Sbaraglia, Imanol Arias y Ana Wagener. El resultado, como decíamos, es un thriller competente y complejo, que juega muy bien sus cartas y nos engancha pese a sus defectos, que también los tiene.