Mark Wahlberg se encuentra en las etapas finales de negociación para aparecer en la película de Uncharted pero no en el papel protagonista sino en uno adorado por los fans.

La película de Uncharted sigue adelante aunque parece que nunca va a hacerse realidad, pero por ahora tendremos a Tom Holland dando vida al protagonista de la saga de videojuegos (demasiado joven, sigo diciendo) Nathan Drake, y además el director de Bumblebee se encargará de la película Travis Knight, y entre ambos pueden sacar adelante un proyecto muy interesante en SONY siguiendo a este cazador de tesoros de dudosa moralidad que se ha convertido en uno de los más grandes iconos de la historia del mundo del videojuego, especialmente para los jugadores de Playstation. Ahora, según anuncia Variety en exclusiva, Mark Wahlberg se sumaría al proyecto o estaría muy cerca de firmar para hacerlo.

Milla 22 ★★★★

Septiembre 16, 2018

Crítica de la película Milla 22

Recomendada para adictos al buen cine de acción con Iko Uwais, protagonista de The Raid .

Peter Berg ha vuelto a demostrar con este trabajo por qué es uno de los directores más eficaces del actual cine de intriga que en sus películas siempre acaba mutando espectacularmente en estallido visual de acción.

El tándem formado por Berg con el actor -desdoblado en productor- Mark Wahlberg muestra aquí nuevamente que ambos forman una de las maquinarias mejor engrasadas del cine comercial de nuestros días.

Wahlberg defiende el asunto delante de las cámaras con la misma solvencia que Berg detrás de las mismas, y además respalda como productor esta hábil absorción de claves del cine de acción más exóticas como la que ha propuesto Gareth Evans con Iko Uwais como protagonista en The Raid (2011) y The Raid 2 (2014). Si el lector de estas líneas es aficionado al cine de acción y todavía no las ha visto, ya está tardando en salir disparado a buscarlas. Garantizo uno de los mejores ratos de reparto de tollinas de la historia del cine.

Volviendo a la película que nos ocupa, lo que me interesa destacar es que en Milla 22  la máquina Berg-Wahlberg -conviene empezara  pensar en ambos como entidad única de asociación creativa con unas claves de estilo bien definidas en sus películas El único superviviente (2013), Marea negra (2016) y Día de patriotas (2016)- no se ha limitado a replicar o copiar descaradamente lo propuesto por Gareth Evans en The Raid y The Raid 2, sino que simplemente han tomado de ambas aquello que les parecía más interesante para incorporarlo a su propia panoplia de recursos, intereses y estilo. Construyen así una intriga en evolución hacia lo trepidante y visualmente explosivo en la que podemos registrar las claves de su manera de entender y desarrollar este género que estaban ya presentes en sus colaboraciones anteriores, y cuyos orígenes pueden rastrearse hasta la mejor película de lo que podríamos denominar la primera etapa de iniciación en el género de Berg en solitario, La sombra del reino (2007). Dicho largometraje es un precedente muy claro de las aspiraciones del director y de una forma de entender el cine de acción e intriga que no ha podido poner en pantalla hasta que se cruzó con Mark Wahlberg en su doble papel como actor y productor. Por otra parte hay que tener en cuenta que esa asociación director-actor se forja sobre una comunidad de intereses en la forja de un tipo de producto de acción determinado que estaba también anticipada en la filmografía del propio Mark Wahlberg como actor con Shooter: el tirador (2007), dirigida por Antoine Fuqua, pero en mi opinión algo por debajo de todas las propuestas en esa misma línea que ha protagonizado el actor/productor a las órdenes de Berg.

Milla 22 encaja perfectamente en todo ese paisaje y filmografía compartida por Berg y Wahlberg, y además demuestra la intención clara de no quedarse estancados en el mismo tipo de historia y estar siempre atentos a los cambios que puedan operarse en la periferia del género en el que trabajan, lejos del barullo de repetición de esquemas, superhéroes franquiciados y serialización que impera actualmente en el cine comercial estadounidense.

Ese esa capacidad para ofrecernos un cine de acción, serio, muy trabajado en su guión y creación de personajes, bien respaldado por su reparto y notable por su manera de cruzar intriga y acción, lo que hace de Milla 22 una de las más recomendables propuestas del género que vamos a ver este año.

Cuenta además con el habitual ritmo trepidante y la solidez de los empeños Berg-Wahlberg, con un reparto en el que, como era previsible, brilla en la secuencias de acción y combate cuerpo a cuerpo Iko Uwais, con una espectacular Lauren Cohan repartiendo leña junto a la campeona de artes marciales Ronda Rousey, Sam Medina, al que vamos a ver también pronto en Alita: ángel de combate y Venom, como antagonista y John Malkovich en un papel breve pero donde tiene margen para imponer estilo y presencia.

Miguel Juan Payán

©accioncine 

El único superviviente: potente relato bélico al estilo de Black Hawk derribado y los videojuegos en primera persona.

No, no digo que sea Black Derribado, sino que sigue su misma senda. Y algunas de sus secuencias, especialmente en el combate en la montaña y el bosque, con las caídas por las peñas de los personajes, son tan brutales e impactantes como las que vimos en la película de Ridley Scott. Además, las dos comparten la clave de misión fallida y de rescate de los personajes y una fuente de hechos reales que les aporta cierto aire de familiaridad.

En una línea narrativa que inevitablemente me recuerda los trucos aplicados por clásicos del cine bélico como Doce del patíbulo, Los cañones de Navarone, la película asienta su argumentos sobre el protagonismo de un grupo de rostros conocidos en un reparto que encabeza esa especie de Geyperman del cine de acción norteamericano de los últimos años, Mark Wahlberg. El tipo es tan eficaz en ese registro de héroe irrompible y cercano como el resto de sus compañeros en esta peripecia bélica, aunque inevitablemente como suele ocurrir, el que acabe expresando el máximo de solidez y deja huella en el relato con mínima presencia en el mismo es Eric Bana. Ocurre habitualmente con este actor desde antes de Troya. Es algo así como un Liam Neeson más joven: el tipo sale en pantalla y se impone sin esfuerzo. Dicho sea de paso, destaca también, una vez más, el trabajo de Ben Foster, y Taylor Kitsch sigue sin convencerme nada. No me creo a este tío ni un pelo. Y tuneado de gimnasio menos todavía. Y eso que soy de los que se lo pasó muy bien viendo John Carter. De hecho, después de ver El único superviviente y repasar Salvajes esta semana, creo que Kitsch es el punto flaco en todas las citadas. Afortunadamente en esta su contribución está limitada y además Wahlberg se lo come en un pestañeo y se impone como líder de la manada.

En lo positivo quiero apuntarle a la película su flexibilidad y capacidad de supervivencia, que rivaliza con la de sus protagonistas, a la hora de manejar un lenguaje cinematográfico con todas las limitaciones del que hoy caracteriza a las producciones para la pantalla grande.

Sí, he escrito limitaciones. Y sale bien del reto, muy dignamente.

Hablo de limitaciones porque es esencialmente lo que me parece que está pasando, que de repente el cine puro, el lenguaje cinematográfico puro, está cayendo en picado arrastrado por lastres que le son ajenos, como las maneras del videoclip musical más ramplón, las formas del videojuego, los anuncios televisivos, las viñetas desplegables del cómic compuestas por ordenador, o las últimas tendencias de narración reportajeada televisiva.

Y creo que eso es malo para el cine, porque inevitablemente se arriesga a perder su identidad y su propio lenguaje engullido por el deseo de asumir todas esas variantes de lenguajes, alguna de cuyas aportaciones son interesantes, si bien otras se me antojan altamente discutibles.

Pues bien, creo que El único superviviente sale con bastante elegancia de ese tótum revolútum que caracteriza al cine comercial de acción de nuestros días, y aplica con astucia los mejores recursos de la hibridación con otros lenguajes sin caer en la trampa de perder identidad cinematográfica a la hora de expresarse visualmente. Ejemplos de ello, el arranque mostrando la vida cotidiana del grupo de soldados, que puede remitirnos a series como Hijos de la anarquía. Otro ejemplo, las secuencias de acción que nos meten en el tiroteo con las claves visuales de los videojuegos en primera persona, tanto cuando nos ponen en forma francotirador como cuando llega el tiroteo entre los árboles, o la espectacular caída por las montañas, una de las escenas más logradas de la película, capaz de hacernos sentir con los huesos tan rotos como los propios protagonistas. Toda esa parte central del relato que narra la misión y el combate en una clave de carrera-persecución y peripecia de supervivencia está muy bien.

De manera que en toda su primera parte, más o menos en hora y pico de película, recomiendo sin duda El único superviviente como uno de los mejores entretenimientos bélicos que puede verse hoy en día en el cine.

Lo malo es que a partir de esa primera hora y pico, le da por ponerse patriótica y cae en la trampa de la película de reclutamiento. Me explico: tenía la posibilidad de haber completado una película bélica antibelicista muy notable uniendo a ese tratamiento visual que he comentado una base ética razonable, pero elige llenar cuarteles paseando la bandera por la vía del homenaje a los caídos y el despliegue final de papá ejército salvando a sus crías, lo cual la aleja de la excelencia que manejan títulos clásicos como Ataque (Robert Aldrich, 1956), La colina de los diablos de acero (Anthony Mann, 1957), La colina de la hamburguesa (John Irvin, 1987). Si se hubiera mantenido más pegada a los logros de películas que son más equilibradas a la hora de manejar lo heroico en la pantalla, como la de Samuel Fuller sobre Corea, Casco de acero (1951) o A bayoneta calada (1951), o La cima de los héroes (Lewis Milestone, 1959) -de paso ya tienen ahí ustedes una lista aseada de buen cine bélico clásico-, El único superviviente podría haber sido mucho mejor. Tal como está, con ese mensaje final de heroísmo y sacrificio por la patria, pierde puntos en su desenlace, al menos bajo mi punto de vista. Echo de menos más equilibrio ético y me sobra ese momento final de reclutamiento, fotos de personajes reales incluidas, que además creo que no va a convencer a nadie. Creo que la clave de equilibrio de la película está de hecho en la manera de abordar sus personajes, más en la línea de Eric Bana que en la de Taylor Kitsch.

Eso sí, la película tiene una cosa positiva en ese despliegue final: por mucho que nos quieran meter la propaganda de reclutamiento estadounidense, el más lerdo sabrá entender que los verdaderos héroes de este asunto son los lugareños de ese pueblo que se la juegan todo, hijos, mujeres y casa incluidos, por seguir una tradición de socorro y defensa del necesitado, aunque ni siquiera hable tu idioma y se haya metido en tu casa pegando tiros, que también manda narices.

Resumiendo: buena película de acción, visualmente muy bien resuelta, con una primera hora y pico bastante respetable y un calambrazo final patriótico que me sobra.

Miguel Juan Payán

©accioncine

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2 Guns ★★★★★

Septiembre 20, 2013

Crítica de la película 2 Guns

2 Guns, Posiblemente la mejor y más divertida película de acción policial que he visto este año.

Baltasar Kormákur es un director al que le sigo la pista desde que vi Verdades ocultas, y que ya demostró su capacidad para adaptarse a las exigencias del mercado americano dirigiendo Contrabando. En mi opinión con su trabajo de adaptación de la novela gráfica al cine en 2 Guns demuestra que es uno de los valores en alza entre los narradores del género policial del cine de nuestros días. Además 2 Guns confirma lo que ya se anunciaba en sus largometrajes anteriores, que entre sus cualidades se cuenta la capacidad para desatascar el género de acción policíaco de sus tópicos y reiteraciones y renovarlo con una mezcla cool de estilo setentero bien combinada con una puesta en escena más actual y trepidante. Como ocurría en el cine de los setenta, su principal herramienta, su mejor efecto especial, el mejor resorte para hacer funcionar el guión, son los actores. La química entre Denzel Washington y Mark Wahlberg es como la de una pareja de baile bien conjuntada, una especie de Fred Astaire y Ginger Rogers del cine de acción que ha reescrito las normas de las buddy movies para poner al día este tipo de tramas con renovada vitalidad y sobrados recursos. Una química que se advierte desde la primera secuencia de la película y que automáticamente te engancha como espectador esperando qué es lo próximo que les va a ocurrir a esos tipos. Es el mismo efecto que tenían los grandes clásicos del cine policial de los sesenta y setenta, y ambos actores demuestran la misma eficacia para engancharnos  a la trama que en su momento tuvieron los grandes astros del género, los Lee Marvin, Clint Eastwood, Charles Bronson, Steve McQueen, etcétera. Esos dos tipos ya te caen bien desde que los ves salir del coche y deambular por la cafetería: te caen bien porque son el anticipo de que van a pasar un montón de cosas a su alrededor en la que es sin duda una de las películas más entretenidas que he visto este año en el cine.

A partir de ahí, incluso cuando la película se acerca a los tópicos –por ejemplo Méjico sique siendo el patio trasero de juegos de los Estados Unidos, un lugar para vivir aventuras y retroceder a los paisajes lejanos del western clásico-, el guión y el director se las ingenian para darnos algo distinto, siempre partiendo de la personalidad de sus actores. Es el caso de Papi, el jefe del cartel mejicano interpretado con la solvencia que le caracteriza por Edward James Olmos, o del agente norteamericano que persigue a los protagonistas interpretado por Bill Paxton, o de esa especie de variante latina de Jessica Lange cuando era joven que es Paula Patton en el papel de Deb… ¡Si hasta el habitualmente sosainas James Marsden consigue levantar el vuelo en su papel como oficial de la Marina de los Estados Unidos!

De manera que primer punto a favor de la película, o primera pista de por qué funciona tan bien: construir sobre los actores. Pero, claro, los actores necesitan construir a su vez los personajes sobre un buen guión, y en ese aspecto 2 Guns también está bien servida con un planteamiento argumental que nos mete de cabeza en la trama partiendo de una narración en flashback que bajo su peripecia de enredo policial, persecuciones y tiroteos oculta además una interesante fábula sobre la recuperación de la identidad por parte de los dos protagonistas, y la corrupción y el enmascaramiento como medio de vida y subsistencia para nuestra sociedad.

Pondré un ejemplo de por qué me parece que sobrevive a todos los tópicos por los que transita resolviendo con habilidad situaciones sobradamente vistas: la conversación telefónica que mantienen los dos protagonistas utilizando como puente visual la mira telescópica del arma que empuña Wahlberg. Ese momento de “ventana indiscreta” sirve para ejemplificar cuáles son las claves y cómo opera la mezcla de intriga y acción de 2 Guns. El final de esa conversación no sólo forja con elegancia y eficacia la identidad del vínculo entre los dos protagonistas, sino que además culmina en una secuencia de acción que, como todas las de la película, posee su propia personalidad, su sello frente a otro cualquier momento de acción que hayamos podido ver recientemente en la pantalla: es dinámica y al mismo tiempo interesante, se ve todo lo que tiene que verse, sin montajes rápidos que escamoteen el intercambio de golpes o disparos. Y desde esa secuencia pasamos al picado en la casa del oficial de la DEA, Jessup.

Segundo punto a favor de la película: el dinamismo visual que llega precedido por esa interpretación en clave de coreografía entre los dos protagonistas, más bailarines de la acción que cualquier otra cosa, se combina con un dinamismo igual en la hibridación del género policíaco trepidante con la comedia. Toda la película habita continuamente en ese territorio híbrido, con personajes que se ríen de su papel como lugares comunes del cine de géneros. Un buen ejemplo de lo bien que funciona esa fórmula de autoparodia y de la química entre Washington y Wahlberg lo encontramos en la pelea entre ambos en el desierto, culminando la persecución en los coches, y el momento: “a la de 3 nos soltamos”, que me ha recordado el momento del salto al río de Newman y Redford en Dos hombres y un destino… con su puntito más friqui de comedia disparatada estilo Le llamaban Trinidad con Bud Spencer y Terence Hill.  

Tercer punto a favor: la forma de manejar la narración de la trama de intriga como si fuera una comedia de enredo, ejemplificada entre otros muchos momentos por ese diálogo a tres bandas de Wahlberg, Washington y Patton en la casa de la agente de la DEA… discutiendo por un yogur.

Cuarto punto a favor: diálogos que en dos líneas definen todo un personaje, como el de Bill Paxton cuando afirma: “Es un mercado libre, no un mundo libre”.

Y finalmente la capacidad para cambiar de tono cómico a dramático sin perder por ello la personalidad general de enredo cómico que preside el total del largometraje.

Resumiendo: 2 Guns es un blanco perfecto en todo el centro de la diana del cine de acción, y como he dicho antes, de lo mejor y más recomendable que se puede ver en el género policíaco en estos momentos.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Contraband

Contrabando es una buena propuesta de cine policíaco con intriga creciente y elementos del cine de aventuras. Versión norteamericana de la coproducción europea Reykjavic Rotterdam, dirigido por el protagonista de aquélla, Baltasar Kormákur, Contrabando juega muy bien sus cartas para convertirse en una propuesta de cine policíaco con personalidad propia construida sobre su curioso argumento que acaba dando lugar a una de las propuestas de cine policíaco más interesante que he visto en los últimos años. Empieza como una trama más o menos convencional que les voy a resumir en lenguaje sencillo. En esencia: chico malo (Wahlberg en uno de sus papeles hechos a medida, como un traje, tipo Cinco hermanos), que se salió del mundo criminal y ahora es autónomo y está casado con un pibón (Kate Beckinsale, no hace falta decir más, señores), fue ladrón y se ha pasado a instalar sistemas de seguridad (eso suena bonito, pero es como poner a la zorra a cuidar gallinas). Pero el gilipuertas de su cuñado, un niñato que tiene dos buenos guantazos aplicados con la mano llena desde el principio de la película, se mete en una movida de contrabando de drogas y le obliga a volver al mundo criminal para salvarle el culo de un tipo muy chungo, interpretado por Giovanni Ribisi a medio camino entre una versión gótico-siniestra (como dirían en La chispa de la vida) del capitán Jack Sparrow de Johnny Depp y una traca valenciana. Ribisi es bueno, pero aquí está ligeramente pasado de vueltas y tan caricaturesco que acaba por hacer que la interpretación del otro destacado secundario del reparto, Ben Foster, nos recuerde el estilo contenido de Ryan Gosling en Drive, no digo más.

Así las cosas, nuestro protagonista, hombre con pelotas e ingenio, se nos presenta casi como una criatura que parece salida de las novelas de Elmore Leonard, un héroe que no quiere serlo pero que como se ponga a la tarea les va a dar sopas con ondas a todo el resto de pringados que hay metidos en el lío. Incluido el macarra de Ribisi, que también tiene, como el personaje de Sebastián interpretado por Foster, mucho en común con los personajes de antihéroes y villanos que componen la fauna criminal de las novelas de Elmore Leonard. Un ejemplo: la escena de paliza Wahlberg-Ribisi, con la niña mirando. Otro ejemplo: los problemas con el alcohol de Sebastian/Foster. En ambos casos, una muy astuta y talentosa manera de darle trasfondo a las vidas de esos personajes “secundarios”, construyendo más solidez y verosimilitud para la historia en general. Y con la máxima economía de planos, diálogo y metraje.

La construcción de personajes y la forma de tratarlos visualmente, alternando esos planos cercanos e incluso muy cercanos de los rostros, se asocia con una narración de las secuencias de acción creíble y trepidante para meternos de cabeza dentro del relato. En ese sentido, ojo al trabajo de iluminación sobre Kate Beckinsale, que rompe totalmente la imagen de heroína de fantasía que se ha ido construyendo sobre ella en la saga Underworld y le devuelve claves de actriz y belleza que no tienen nada que ver con ese estereotipo, sin hacer que deje de ser una de las mujeres más atractivas que se asoman al cine actual.

Hasta ahí la cosa les habría quedado como un aseado relato criminal, más o menos convencional en algunos momentos y personajes, algo previsible, pero visualmente bien servido y competente como entretenimiento. Pero llegados al punto en el que la fábula va camino de estancarse en el más de lo mismo, se produce un giro en la historia, nos subimos a un barco con el protagonista y sus socios, entre ellos Lukas Haas, que tiene papel breve pero significativo, y el argumento se aproxima más a un relato de aventuras, con viaje incluido, en el que se instala la acción, la intriga y lo novedoso con una fluidez que hacen crecer el relato en el momento preciso, para convertirlo, como he dicho antes, en una de las propuestas más interesantes que vamos a ver este año de cine policíaco con elementos de aventuras e intriga creciente que nos garantiza evasión y tensión creciente durante el resto del metraje. Incluye esa fase más aventurera una peripecia con atraco y tiroteo muy competente situada en el lugar idóneo para abrir paso a la fase final en la que el guión acumula acciones en paralelo acelerando los acontecimientos con Kate Beckinsale ganando protagonismo en el slalom final y haciendo crecer el personaje de Sebastian.

No es magia del cine, sino buena ingeniería de guión servida por un grupo de actores muy competentes. Ribisi no interpreta así de caricaturesco por su gusto. Es que le han marcado esa pauta a su personaje, precisamente para que contribuya al mejor funcionamiento de la evolución del personaje de Ben Foster, edificando una trama secundaria de relación entre ambos muy curiosa que refuerza la aventura central de Mark Wahlberg, proporcionando al espectador una subtrama complementaria a la que más tarde se unirá la del calvario que habrá de sufrir Kate Beckinsale en la parte final del relato. Si esto se hubiera quedado sólo en la peripecia de Wahlberg y la aventura en barco, el resultado sería mucho más limitado en eficacia, pero esa eficacia se multiplica cuando al final tenemos tres tramas en el aire que se complementan a la perfección y permiten hacer esa construcción narrativa de acciones en paralelo que dan lugar a una intriga creciente.

Se le podría reprochar un final excesivamente optimista para mi gusto que se corresponde más con el género de aventuras mezcladas con elementos policiales tipo Ocean´s Eleven, que con el cine negro de criminales vertiente crook story, pero se lo perdono porque me ha proporcionado una hora y media de evasión bien construida y novedosa, o por lo menos diferente a lo que nos tiene acostumbrados el cine norteamericano de acción. Así que no dudo en recomendarla con esas cuatro estrellas que le he puesto más arriba.

Miguel Juan Payán