Crítica de la película El Jovencito Frankenstein de Mel Brooks

La mejor comedia de Mel Brooks

En el año 1974 Gene Wilder, que venía de encadenar dos fracasos en taquilla pero que había salido bien parado de la película de Woody AllenTodo lo que quiso saber sobre el sexo”, decidió sacar adelante un boceto de guión que había escrito parodiando la historia de Frankenstein. Cuando decide enseñar el guión a su agente, este le dice que tiene dos actores que encajan perfectamente en los papeles de Igor (Marty Feldman) y el monstruo de Frankenstein (Peter Boyle), a los cuales representaba también este agente.

Y de esta manera hacen llegar el proyecto a Mel Brooks quien rápidamente decide dirigir esta película que se estrenó ese mismo año, en 1974

La película empieza con una conferencia del doctor Frederick Frankenstein (Gene Wilder) ante un grupo de alumnos de medicina en la que se hace referencia a los estudios de su abuelo, quien buscaba reanimar tejidos muertos. Rápidamente, el dr. Frankenstein intenta distanciarse del legado de su abuelo gracias a la pronunciación de su apellido, que sería Frónkostin, y alegando que sus estudios eran “delirios  de una mente enferma”, pero es incapaz de contener su rabia sobre este tema y termina clavándose un escalpelo en la pierna sentenciando: “Señores, la clase ha terminado”.