Más floja que la primera, pero repleta de acción con Statham repartiendo leña.

La secuela de The Mechanic se queda por debajo de las expectativas, aunque Statham muestra que sigue teniendo un excelente gancho como astro del cine de acción y recursos sobrados para hacer películas entretenidas en todo lo que se refiere a sus peripecias como asesino a sueldo retirado pero que en realidad no acaba de retirarse nunca. Lo que ocurre en esta secuela es que desde el principio renuncia a seguir la estela y respetar lo que había sembrado la película anterior, esa especie de vía alternativa de película de acción más de intriga, más sobria, en una variante de las más exageradas y divertidas aventuras a tortas de su protagonista, las sagas de Transporter y Crank, y por otro lado tampoco consigue sacar adelante su intento de acercarse con solvencia a las mismas porque desperdicia los mejores elementos que contiene de cara a enganchar al espectador aficionado a este tipo de fábulas.