Nia Vardalos y el resto de los Portokalos regresan en toda su salsa, con una secuela que explota el humor familiar entendible por grandes y pequeños.

En 2002, Joel Zwick acaparó la atención mediática con un filme de presupuesto modesto e increíbles resultados en taquilla. Mi gran boda griega fue un auténtico pelotazo, merced a una historia sobre tópicos nacionalistas y amores entre individuos pertenecientes a culturas diferentes. Catorce años después, la misma fórmula de antaño permanece casi inalterable, en esta obra firmada por el británico Kirk Jones, y construida a base de chistes globalizadores y situaciones hilarantes.