Crítica de la película El espía que me plantó

Un rato de evasión veraniega de perfil bajo mezcla de comedia y acción.

Quede claro desde el principio que es una especie de poco o nada sorprendente “cuento de hadas” en la misma línea y con los mismos elementos que abundaban en otras propuestas de comedia y acción que suelen aparecer por la cartelera en estas fechas veraniegas, producto muy habitual en la filmografía de Mila Kunis , por otra parte. En lo esencial es el mismo tipo de producto que nos propusieron hace dos veranos o así con Melissa McCarthy en Espías, y en su versión masculina con Ryan Reynolds en El otro guardaespaldas, aunque ambas eran algo más ambiciosas y acertadas en su resultado final, mientras que El espía que me plantó prefiere jugar más sobre seguro. Aún trabajándose el humor gamberro, sobre todo merced al personaje de Kate McKinnon, no acaba de apostar por él con tanta decisión y no la deja tan suelta y a su aire como McCarthy en Espías, además de contar con secuencias de acción menos resolutivas y espectaculares que las de El otro guardaespaldas y faltarle el nervio que a aquella aportaba el histriónico pero eficaz tío de Reynolds, Samuel L. Jackson y sobre todo Salma Hayek. Suele ocurrir por otra parte en este tipo de historias que en la turbulencia de la búsqueda de las risas fáciles se les escape construir más sólidamente personajes y situaciones, algo que impide que acaben desarrollando el verdadero potencial de sus elementos. En Espías lo mejor de la película era la interacción de Melissa McCarthy y Jason Statham. De manera que el personaje de Jude Law sobraba. En El otro guardaespaldas lo verdaderamente interesante y con potencial de disparate cómico era la asociación de Samuel L. Jackson y Salma Hayek. Y el personaje de Ryan Reynolds sobraba. Pues bien, en El espía que me plantó han tenido algo más de puntería a la hora de plantear el asunto centrándolo en el dúo Mila Kunis y Kate McKinnon. Lo que ocurre es que han equivocado la proporción y debería ser una propuesta con Kate McKinnon como protagonista y Mila Kunis como acompañante. Además le faltan más chistes como los de las “americanas estúpidas” que están ahí, y funcionan, pero no acaban de ser la verdadera materia prima del asunto, que sería lo más recomendable, porque la película parece verse obligada a desarrollar esa naturaleza como “cuento de hadas” para féminas urbanitas actuales con aspiraciones a empoderamiento pero sin sacarse de encima la dependencia del estigma de “príncipe azul” materializado por los personajes de Justin Theroux y Sam Heughan.

A pesar de todo ello, y aunque es cierto que se sostiene sobre tópicos y la fórmula, con el aditivo de algunas referencias al empoderamiento femenino que aborda más como pincelada de moda que como propuesta sólida en su argumento, lo cierto es que es coherente con sus objetivos, muy primarios: ser pasarratos veraniego más o menos aseado, aunque menos divertido de lo que pretende. Y, eso sí, transmitiéndonos la sensación de que todo lo que nos están contando ahí ya lo hemos visto antes, pero resulta moderadamente distraído, aunque en mi opinión se les ha ido un poco de metraje, y prolonga en exceso el chiste en su conjunto.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

En tercera persona **

Noviembre 11, 2014
Paul Haggis firma una confusa y algo extenuante película, donde el tema central es el de las relaciones personales. Tres relatos aparentemente inconexos conforman esta obra, en la que el elenco interpretativo y los distintos paisajes son los elementos más llamativos.

Un tono casi litúrgico preside el esperado largometraje del director de Crash, como si fuera un frondoso tapiz de insinuaciones varias. Tela de colores sombríos que comienza con Michael (Liam Neeson), un escritor que está encerrado en un hotel de París para recobrar la inspiración. En esa torre de marfil pronto aparece una joven periodista, que se presenta como su amante y protegida (papel que encarna Olivia Wilde).

A estas pinceladas bastante oscuras y misteriosas les siguen dos narraciones más. La primera sigue los pasos de un comprador poco legal de modelos de ropa (Adrien Brody), quien se queda prendado de una mujer rumana a la que conoce en un bar de Roma (Moran Atias), la cual a su vez intenta recuperar a su hija (secuestrada por una banda de tráfico de personas). Mientras que la segunda pone en jaque a una joven madre (Mila Kunis), que se enfrenta a un juicio por la custodia de su vástago después de un terrible accidente.

A través de estas líneas imprecisas, Haggis muestra sus cartas, pero lo hace con el misterio por bandera, sin mostrar demasiado sus intenciones ni propósitos. De esta manera, el espectador va descubriendo que el escritor ha perdido a su hijo, que el ladrón de vestidos y trajes exclusivos también se ha visto privado de su pequeño tras ahogarse en una piscina, y que la mamá que anhela poder quedarse con su querubín estuvo a punto de atentar contra la vida del niño.

Con tales pistas, el público puede concretar que el denominador común es la muerte de algún descendiente importante para los protagonistas. Pero en este punto, el veterano director y guionista saca de la manga un comodín, y comienza a preguntarse: ¿de quién se trata?

A partir de ese instante, el filme entra en una estética cercana a la pesadilla, con escenas de carga onírica a lo anuncio televisivo y revelaciones supuestamente sorpresivas. Recursos que quedan dan pie a la superposición de los escenarios. De repente, los que estaban en Nueva York aparecen en París, y los que estaban en la urbe del Sena pasean por Roma.

Llegados a esta parte de la evolución dramática, el novelista empieza a definirse como la figura unamuniana que da sentido al guion. Un hecho que sentencia el origen de otra tesis argumental, relativa a si lo que expuesto hasta el momento es realidad o fruto de la mente del literato. Al final, tantos giros y descubrimientos consiguen generar una lamentable y gradual pérdida de interés, el cual se mantiene solo gracias al solvente trabajo de los actores. Con especial mención para el casi siempre efectivo Liam Neeson, la carnal Mila Kunis, la emergente Moran Atias, las recuperadas Maria Bello y Kim Basinger y la electrizante Olivia Wilde (quizás, lo mejor de la cinta).

Jesús Martín

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