El mejor trabajo de Tim Burton en muchos años. Ejemplar trabajo de adaptación.

Tim Burton recupera fuerza y retoma el camino del trabajo bien hecho en esta película que se beneficia de una buena administración de la libertad creativa a la hora de adaptar la novela original. Es una buena novela cuyo traslado al cine se beneficia de todos y cada uno de los cambios planteados por Burton respecto al texto original, como el cambio de nexo sentimental del protagonista con los niños peculiares o la reconducción del argumento para poner en el centro del tema al personaje del abuelo interpretado por Terence Stamp, contruyendo así en torno a la memoria, la nostalgia y la pérdida. El fragmento final, que no está en la novela, o el tratamiento del personaje del doctor Golan y del ornitólogo, mejoran para el cine lo que plantea la novela y permiten a Burton centrarse más en un ejercicio de relectura, homenaje y guiños en el que se dan la mano los clásicos de la literatura infantil y juvenil con icónicos momentos de fantasía cinematográficas. Encontramos por ejemplo una visión oscura y siniestra de Peter Pan y sus niños perdidos salpicada con momentos que son como ecos deformados de icónicos fragmentos del cine como El resplandor, Titanic, Jasón y los argonautas, El espinazo del diablo… Y la película y sus artífices no se cortan en poner sobre la pantalla visiones de pesadilla como el ágape de delicatesen que se regalan los villanos de la película en uno de los momentos más inquietantes de todo el largometraje.