Crítica de la película Anacleto, agente secreto

Divertida y sólida recuperación y adaptación de un clásico del cómic español.

El cómic español tiene mucho que ofrecer como fuente de inspiración para el cine y Anacleto, agente secreto, es buena prueba de ello. Nos propone la película una visión del personaje que respeta la mezcla de costumbrismo y disparate que se daba en las viñetas del cómic original, pero no se queda ahí y aporta algo más, en realidad mucho más, sobre todo a través del trabajo de sus actores, que se configuran como grupo de protagonismo coral en un ejercicio que forzosamente ha de recordarnos una de las mejores bazas de nuestro cine de comedia clásico: los secundarios elevados a categoría de protagonistas. Es el reparto, nunca mejor dicho, lo que resuelve y da brillo a los mejores momentos de este largometraje que capitanean con eficacia en lo referido a actores Imanol Arias y Quim Gutiérrez, pero en el que algunas de las mejores perlas cómicas pueden llegar a través de Alexandra Jiménez ejerciendo como la reticente ex novia y su singular familia, donde Rossy de Palma y sobre todo Berto Romero representan la mejor manera de traducir al cine los singulares personajes imaginados para la viñeta por el gran Vázquez. Hay incluso un momento para el guiño  a modo de cameo de otras dos fieras del humor de nuestros días, Jose Corbacho y Andreu Buenafuente, que parece puesto ahí para demostrar que lo bueno, si breve, dos veces bueno. También me convence la manera en la que han enfocado el personaje de Anacleto en su materialización como Imano Arias. De hecho, encuentro difícil imaginar a otro actor u otro registro para ese personaje. Arias, tal como está enla película, era el mejor Anacleto posible para el cine. Pero, claro, en su fase de personaje más serio que el de las viñetas, necesitaba tener un complemento más humorístico y cercano a las generaciones de espectadores más jóvenes que no han conocido al Anacleto desde las viñetas cuando eran niños. Los más veteranos, por decirlo de algún modo, nos hemos reencontrado con una visión de Anacleto a través de Arias que resulta entrañable por ese intento de mitificación por la vía del disparate. Pero además el personaje de Adolfo interpretado por Quim Gutiérrez es un complemento humorístico muy sólido para el personaje que da título a la película. Esta es la parte que me convence de Anacleto, agente secreto, una comedia española más que digna, eficaz.

En la parte que menos me convence creo que todo se explica por la clave de interpretación del personaje de antagonista que ejerce el personaje de Vázquez. Nos hemos acostumbrado a que Carlos Areces sorprenda con cualquiera de sus trabajos, por sencillos o tópicos que sean los personajes que le toca interpretar, a los que habitualmente les da esa otra vuelta de tuerca, esa velocidad extra de comedia que los completan. Y quizá por eso esperaba más del Vázquez de Carlos Areces. En realidad el personaje cumple su función, pero echo en falta esa otra velocidad extra, ese aporte suplementario al tópico del antagonista que aquí habría venido bien a este Vázquez construido con una clave demasiado seria para mantener el tono disparatado del resto, y por ese camino es por donde veo que la película se coarta a sí misma intentando ser al mismo tiempo una comedia costumbrista a caballo de un saludable absurdo, estilo Mortaledo y Filemón, y un vehículo de acción, muy bien planteado, eso sí, irreprochable en su desarrollo de los tiroteos, peleas y demás. Lo que ocurre es que esos tiroteos, esas peleas y demás acaban chocando con el disparate, y dan lugar a un efecto raro, sobre todo cuando al final entramos en un imprevisto desenlace dramático que despista un poco en cuanto al tono de la película. Por decirlo más claro: el Vázquez que nos presentan es mucho más tópico porque renuncia a ser más disparatado para ser más sólido como antagonista de una comedia de acción que debería haber sido sobre todo sólo comedia gamberra. No en vano el propio creador del personaje de Anacleto en las viñetas afirmaba que su inspiración había sido más el Superagente 86 creado por Mel Brooks que 007. Un Areces más gamberro e incontrolable podría haber hecho un gran Vázquez sin afectar lo más mínimo al empaque de socarrón cachondeo crepuscular que le ha regalado Imanol Arias al personaje de Anacleto.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

Una película llena de humor negro e irreverente. Una coctelera de referencias, guiños y mala uva condensada en 90 minutos que consigue que el espectador se ría con la suficiente frecuencia como para que merezca la pena pagar la entrada. Sin complejos y con un gran reparto, el acierto de la película de Santi Amodeo reside en utilizar con desparpajo un guión cuyos personajes bien podrían haber creado Azcona o Berlanga, pasarlo por la batidora de lo más gamberro de la comedia americana actual, y añadirle unas gotas de costumbrismo de barrio a lo David Serrano. Una buena mezcla que mantiene el tipo y el interés del espectador porque, sus personajes son tan patéticos, bobos y perdedores natos, que cualquiera puede sentirse identificado con ellos.

Al tratarse de una comedia claramente coral, no hay una historia en sí misma, sino varias que van convergiendo y cruzándose entre sí a lo largo de un día y una noche, y que implican a un enfermo que nadie sabe muy bien qué hacer con él, un secuestro casi perfecto, una fiesta de cumpleaños de alta sociedad y un vecino con una cacatúa (que no es una cacatúa). Sólo por poner un par de ejemplos, que la película tiene mucho más. Siempre están pasando cosas, siempre están ocurriendo situaciones, cada una más rocambolesca y surrealista que la anterior, pero dentro del universo que han creado los responsables de la película, todo tiene su lógica. Todo encaja y cuadra. En la vida real nos espantaríamos. Pero aquí es de lo más natural que ocurra lo que ocurre.

Cuatro nombres son los líderes del reparto, Quim Gutiérrez, Julián Villagrán, Ernesto Alterio y Enrico Vecchi, dos parejas de amigos y compañeros… peculiares como poco. Pero no está nada mal que Ursula Corberó, Clara Lago, Carmina Barrios, José Ángel Egido o Joaquín Nuñez sean parte del reparto. Aunque sí podemos achacar a la película que no aprovecha como debe a Corberó y a Lago, con unos personajes que tenían bastante más miga. O no pueden o no quieren jugar con ellos y se centran en la gran estupidez del resto de los mismos. Y sí, consigue que te rías, a carcajadas, durante gran parte del reparto. Desde el taxista bizco (insuperable) a Andrés Iniesta y un estadio, pasando por Carmina Barrios de chacha, los “elefantes”, las amenazas del secuestro o las repercusiones del mismo.

Aquí todo vale para hacer reír al espectador, pero con mucho cariño por este grupo de perdedores que demuestran que, en el fondo, quien más y quien menos, es un poquito memo. O bastante. Sea rico, pobre o clase media. Aquí no se escapa nadie y lo que sorprende, la verdad, es que hayan llegado vivos hasta donde llegan. Y ¿Quién Mató a Bambi? Nos ayuda a conocerles, comprenderles y apreciarles por lo que son, gente como nosotros, con mucha mala suerte y mucha mala sombra. Aunque a veces pierda el norte, aunque el ritmo se resienta a mitad de película, si quieren pasar un buen rato, cine español del bueno y con mucha sorna. Algo así como mezclar El Verdugo con Días de Fútbol y añadirle unas gotas de El Guateque (hay varias señas de identidad de la peli) y Resacón en las Vegas. Para divertirse sin complejos.

Jesús Usero

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Todo es Silencio ★★★

Noviembre 07, 2012

Crítica de la película Todo es silencio de José Luis Cuerda

Nueva película de José Luis Cuerda, que gira en torno al tema del narcotráfico en Galicia. Sorprende en muchos sentidos que nos hablen de la dificultad para levantar un proyecto en España, cuando Cuerda es uno de esos directores que suele crear mundos que al público le interesan, y cuya última película fue un taquillazo como Los Girasoles Ciegos. Si incluso directores como él tienen problemas para levantar algunos proyectos, no quiero ni imaginarme cómo tiene que ser para gente recién llegada. Da una idea de cómo anda el panorama cuando se trata de nuestro cine y de cómo la crisis se hace notar cada vez más.

Pero Todo es Silencio se ha logrado rodar, y nos trae una historia centrada en tres amigos, primero en su niñez en los años sesenta, cuando el contrabando poblaba las costas de los pequeños pueblos en Galicia, para dar paso veinte años después al narcotráfico, mucho más peligroso en todos los sentidos, pero también más lucrativo. Un triángulo que a veces es de amistad y otras romántico. Y que se complementa con otras relaciones, como la que tienen los personajes con Mariscal, el señor de este pequeño pueblo, donde gobierna, hace y deshace a su antojo. Dos tiempos, un mismo lugar, unos personajes separados por el paso de los años y el destino. Y un paisaje incomparable de fondo para hacer las veces de hogar y de terreno inhóspito y salvaje.

La mayor virtud de Todo es Silencio reside en sus actores. Tanto los más populares como Quim Gutiérrez o Miguel Ángel Silvestre, o Juan Diego, sensacional como siempre, a nombres menos conocidos que se convierten en indispensables para la película, como Luis Zahera o Chete Lera. Sin olvidar la turbadora presencia de Celia Freijeiro. Muchas veces en sus miradas, en lo que callan más que hablan, se encuentran los mejores momentos de la película, que tiene luces y sombras.

Luces y sombras en una historia que empieza como un drama y evoluciona con el cambio temporal a una película de género policíaco, en la que quizá se encuentran los momentos menos favorables, como son las escenas de acción, menos creíbles que el resto de la película. Pero que tiene momentos de una gran fuerza y verdad, como Juan Diego con la charla de los mejillones con su mujer, los niños en la playa, la vieja escuela de los Indianos, donde tantas cosas suceden… Se mueve entre esos dos espacios y es lo que descoloca, esa diferencia entre momentos geniales y otros que no lo son tanto.

Queda una película sincera sobre unos personajes llevados a una lucha por el poder, el amor y la huida de la miseria, por la tristeza de una tierra que parece no cambiar mientras lo hace todo a su alrededor. Rodada con clasicismo y elegancia, pero a la que la trama policíaca quizá no sienta tan bien como debería. Sus personajes atraen, el desarrollo de la trama no tanto. Y con todo queda una película muy interesante a la que merece la pena echar un vistazo.

Jesús Usero

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