En más de una ocasión hemos hablado de lo raro que está el mercado cinematográfico últimamente, en parte debido a la crisis, en parte debido al poco interés que despiertan ciertos proyectos entre el público a lo largo del mundo. Normalmente nos desesperamos deseando que lleguen ciertas películas a nuestro país (aún recuerdo el año entero que pasé esperando El Tren de las 3:10). Otras veces, las menos, nos llega el producto antes aquí que en USA, como con Te Quiero Philip Morris, que se estrenó en España antes que en su limitadísima carrera allí. Aunque claro, allí la tenían en DVD antes de estrenarse en cine… Cosas de la distribución…

El caso de El Demonio Bajo la Piel es de lo más curioso porque pese al reparto que tiene y a que su director es uno de esos nombres con prestigio, la película apenas se llegó a ver en 17 salas americanas y menos de 100 en Inglaterra. Lo que se dice un estreno para cubrir expediente antes de sacar la película en el mercado del DVD, que es donde se van a recuperar (o no) los 13 millones de dólares que costó la película. Y estoy seguro que cuando la película se desarrolló no se pensaba no estrenarla de forma más amplia en cines. Pero llegarían los previews para público y la cosa cambiaría…

O algo así. Quizá entonces se darían cuenta de que las copias, publicidad y distribución de la película iban a ser demasiado caras como para que mereciese la pena. Porque no mucha gente iba a querer verla. Pese a Casey Affleck, Jessica Alba, Kate Hudson o Elias Koteas. Pese a que la dirige Michael Winterbottom. Pese a que tiene sexo y violencia. O algo así. El caso es que al final de todo, la película es una decepción bastante grande. Tanto nombre y tan poca chicha.

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Winterbottom es un director peculiar que ha pergeñado más de una película muy interesante (Welcome to Sarajevo, El Desafío…) y alguna salida de madre que no tiene más explicación que el gusto por el exceso que tiene el director británico. Como 9 Songs, de la que se encuentran tantos detractores como defensores, aunque a fin de cuentas sea una película casi porno con algo de trama romántica. Pero rara vez deja indiferente. Como en este caso. Aquí el resultado final sí que dejará indiferentes a la mayoría, pero en mitad de la película podemos sentir una peculiar sensación de incomodidad.

Quizá ese sea el motivo de que la película sea, a fin de cuentas, carne de videoclub. Con todo su reparto y los nombres detrás de las cámaras, la cinta no pasa de ser una tv movie enmascarada de esas que echan en la tele los fines de semana después de comer. Con mucha más violencia y algo de sexo, pero nada más. La trama es ramplona y simple como ella misma, pese a que al principio haya un par de apuntes interesantes que pronto se diluyen.

Un joven ayudante del sheriff en el sur de Estados Unidos a finales de los años cuarenta. Una necesidad de matar y destruir. El sadismo insano de un personaje al que nunca llegamos a entender ni a conocer porque nadie nos lo presenta. Su voz en off intenta ser descriptiva, pero sólo recalca hechos que estamos viendo en pantalla. De hecho ese es el problema con la mayoría de personajes, que parecen plantados por un jardinero y salidos de la nada, como los hongos con la humedad. Nadie se preocupa en desarrollarlos, presentarlos, ponernos en situación.

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La introducción de los dos personajes femeninos, la prostituta de Jessica Alba y la amante prometida de Kate Hudson provocan más risa que otra cosa. La primera porque su escena de introducción parece la fantasía de un aficionado al mal porno. La segunda porque surge del aire como si siempre hubiese estado allí. Y al centrarse el punto de vista en la mirada enferma de Casey Affleck, no hay siquiera hechos o gestos que nos definan a los personajes. No lo hacen con el personaje principal, así que…

Todo sucede demasiado pronto, no se cuece a fuego lento para que quede un buen sabor de boca. El primer asesinato no lo entiende ni el asesino, mucho menos nosotros. Mata porque lo pone en el guión. Pero antes deja en pantalla una de esas escenas incómodas que a uno le lleva a plantearse la salud mental del director.

Mi buen compañero Miguel juan payán decía ayer que en Carne de Neón la escena de la trata de blancas te congela la sonrisa porque no tiene maldita sea la gracia. Ver cómo reducen la cara de Jessica Alba a pulpa en primer plano produce una sensación similar. LA suerte del personaje de Kate Hudson es aún peor. Superan la frontera del mal gusto para pasar al campo de lo enfermizo, sin una gota de humor que aligere el mal trago. No te sacan de la película, porque tampoco es que estuvieses muy dentro de ella, pero bueno, te acaban por desconectar del relato. Y esto lo dice alguien a quien el gore le parece una muestra de humor magnífica.

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Si por algo merece la pena ver El Demonio bajo la Piel es por el trabajo de sus actores, que hacen lo que pueden por sacar algo de provecho de un par de líneas de diálogo y de muchas miradas al tendido. No conozco muchos actores que puedan poner una mirada tan fría e inquietante, y a la vez cargada de profunda tristeza, como Casey Affleck. Y eso nos ayuda a no salir de la sala aburridos.

Es una película mediocre, sí. No mala, sino regular, del montón. Pero encima con excesos y una trama que no lleva a ninguna parte más que a dar palos de ciego, bordear los límites de la credulidad del espectador y con un final que de puro absurdo da algo de risa. Pero ese interesante inicio y el reparto de campanillas harán que más de uno le eche un vistazo. Si soportan los excesos quizá encuentren algo que los demás no hemos visto.

Jesús Usero