The Disaster Artist ****

Diciembre 28, 2017
James Franco cocina con pulso firme como actor y director un “fenómeno” cinematográfico.

Va camino de convertirse en película de culto sobre una película de culto, The Room. La redundancia encaja y es plenamente coherente con su tema, con el asunto que aborda, con la metáfora en que se convierte respecto a la manera en que funciona la cultura en nuestros días de redes sociales.

Personalmente, como ya he explicado en la videocrítica que podéis ver en esta misma web, no me ha convencido tanto como esperaba y mantengo la opinión de que tenía mucho más potencial en torno al disparate del rodaje de The Room y sus protagonistas del que finalmente vemos en pantalla. Vamos que esperaba reírme más. Así de claro. O en otra línea, esperaba hundirme más con la miseria disparatada de sus personajes. Pero tengo que confesar que no me ha pasado ni lo uno ni lo otro. Me he reído, claro, porque tiene momentos de puro esperpento que se ganan la complicidad del espectador merced a la habilidad de James Franco en su doblete como actor y como director, pero en su conjunto se me antoja demasiado cauta a la hora de entrar a sangre y calzón quitado a exprimir el personaje de Wiseau. No puedo evitar tener la impresión de que James Franco se ha quedado corto a la hora de meterle caña a la persona/caricatura/pesonaje que interpreta, como si no quisiera herir a su modelo real. Muy encomiable desde el punto de vista ético, por otra parte. Pero como espectador sigo teniendo la sensación de que se deja muchas cosas en el tintero. Lo que ocurre es que compensa esa falta de profundidad en su cuchillada sarcástica al esperpéntico Wiseau con una buena explotación de la cualidad como metáfora sobre el reinado del absurdo de nuestro tiempo que tiene toda esta historia.