Therese D. ***

Septiembre 19, 2013
Errático en su historia pero magnífico en su producción, así es este drama. Drama de época, para más datos, pero francés en lugar de británico, como tantas veces es habitual. Con lo cual cambian todas las reglas y lugares comunes a los que estamos habituados para viajar al continente, en una época convulsa con personajes que quieren evitar el cambio, o quizá no. O quizá no haya cambio que realizar. La película es confusa en lo que respecta a la trama y va dando tumbos de un lado a otro, sin rumbo fijo, sin realmente una historia que contar, sólo pequeños retazos de unas vidas que no se sabe muy bien si son reales o si interesan lo más mínimo al espectador. Pero ahí están. Para quien disfrute con este tipo de cine tan especial.

Un matrimonio en la nobleza en el campo, entre dos personas que parecen no tener nada que ver, y cómo en los años que llevan de la primera a la segunda Guerra Mundial ese matrimonio se deteriora con los cambios que se suceden. Llevando al dolor, la miseria, el sufrimiento… ya me entiende el lector, todo muy francés. Aunque en ciertos momentos el tono parece querer ser como el de los dramas británicos, más contenido, más intimista, aunque con pasiones y terribles emociones que no se hablan en voz alta, pero que desgastan las vidas por dentro. Pero a veces es tan soterrado que los personajes, sobre todo la protagonista, parecen témpanos de hielo. No llegamos a comprenderlos, a apreciarlos, a saber por qué hacen lo que hacen.

Lidera el reparto una Audrey Tatou cada vez más lejos de Amelie, con un personaje helado, a caballo entre una sociópata y una mujer con la vida hundida desde su matrimonio. No hay pena en sus ojos, no hay dolor o sufrimiento, sólo vacío. Un vacío que da miedo. Y a ratos envidia. Envidia de lo que otros sienten y ella no tiene. A veces demasiado hierática. A veces demasiado fría, pero el papel lo exige. Magnífica como siempre, aunque quien realmente destaca es Gilles Lellouche como el marido. Ese hombre complejo, intrigante, sencillo pero noble. Ojo a la charla final, o a la cacería, o a las discusiones en las comidas… Sensacional. Llena la pantalla con sólo aparecer y su mera presencia hace la película más interesante dentro de sus peculiaridades.

Porque la película a trozos parece incompleta. Basada en una novela demasiado grande como para entrar en una película. Tiene momentos muy buenos pero un ritmo errático, pausado como debe ser en estas historias, pero a trozos directamente estático. Contemplativo. Preciosa fotografía, enorme esfuerzo de producción, buenas interpretaciones… No llega a mojarse con la crítica a la sociedad, ni nunca queda muy claro que motiva a la protagonista, pero para los amantes de rarezas la película tiene todo lo necesario para interesarles durante casi dos horas. Como cualquier película de época británica, pero a la francesa. Bien, pero no brillante. Y hay que saber perfectamente a lo que se va.

Jesús Usero

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