×

Advertencia

JUser: :_load: No se ha podido cargar al usuario con 'ID': 62

Crítica de la película Blancanieves de Pablo Berger

Dice Pablo Berger, director de esa primera muestra que fuera toda una declaración de intenciones cargada de talento y originalidad allá por el 2004 y que fue Torremolinos 73, que su Blancanieves, esta Blancanieves, es un cuento en imágenes que se ha de vivir como una experiencia sensorial y en verdad que nunca unas palabras fueron más ciertas.

Introducirte en esta particular revisión de la fábula de los hermanos Grimm, es profundizar de lleno en el imaginario parido por este director y empezar, simplemente a vivir, a disfrutar, a dejarse llevar y ser feliz durante las dos horas que dura esta maravilla que habla de la vida, la muerte, el amor verdadero y las segundas oportunidades en encuadres y movimientos de cámara extraordinarios.

Película muda y en blanco y negro, toda la acción se traslada a la España cañí de charanga, pandereta y toros de los años veinte, donde nuestra Blancanieves viste una piel nívea, mirada de impresión y lleva Carmen, por nombre de guerra, y a partir de ahí comienza toda una retahíla de detalles y originalidades que serán referencias inspiradas en el famoso cuento, pero no una revisión fiel del mismo, ( los enanitos no son siete, sino seis y tiene uno de los finales más tiernos y sorprendestes que uno pueda imaginar.....)

Los símbolos, conocidos por todos, serán meramente anecdóticos en una historia que nos propone un juego de sensaciones, en claros oscuros llenos de una belleza, de un sentimiento y de una poesía incuestionables.

La película muda habla por sí misma en un idioma musical, partitura obra de Alfonso de Vilallonga; en un idioma visual, obra de la mirada y fotografía potente de Kiko de la Rica y en un idioma conceptual y mágico, obra y milagro de ese hacedor de sueños en el que se ha convertido Pablo Berger, el gran maestro de ceremonias de esta pieza exquisíta que con su talento y valentía conjuga el verbo "amar" en la dirección, guión y producción de este homenaje al cine mudo europeo, que no norteamericano, que para eso ya tenemos The Artist, la otra maravilla también en blanco y negro y silente que nos brindara este pasado año, tan generoso en proyectos tan arriesgados.

Las dos guardan comparaciones obvias siendo dos propuestas absolutamente distintas y magistrales. Sería una injusticia y un error que se pudiera pensar en que una le quitara excelencia a la otra, siendo ambas tan nutritivas, necesarias e imprescindíbles.

Los actores contribuyen, de manera decisiva, a obrar el milagro de hacernos viajar en el tiempo y sumergirnos en este melodrama gótico y su oscuridad cargado de emoción y suspense y también romanticismo.

Maribel Verdú está simplemente inmensa en un papel, el de la madrastra, en el que cuesta imaginar a una actriz más en estado de gracia, para dar vida a semejante personaje malvado y deshidratado de vida y corazón. Angela Molina aporta oficio, presencia y solera al esqueleto del gigante. Poco hay que decir de la actriz Macarena García, con esa Concha de Plata a la mejor actriz conseguida en el pasado festival de San Sebastián, pero si tuviera que detenme en alguien, mi mención especial iría para esa jovencísima actriz, Sofía Oria, toda una revelación por mirada, talento y frescura, dando vida a la Blancanieves niña: pura vulnerabilidad y ternura.

La película nació con estrella. Su carrera no ha hecho más que empezar y ya va coleccionando premios: elegida como película que representará a España en la lucha por ser una de esas cinco finalistas en la categoría a la Mejor película de habla no Inglesa, en la próxima edición de los Oscar, suma el haber conseguído en la pasada edición del Festival de Cine de San Sebastián el Premio especial del Jurado y la ya mencionada Concha de Plata a la Mejor Actriz (ex-aequo con la actriz Katie Coseni), para Macarena García.

Y lo que queda, porque la trayectoria de esta joya de la corona bendecida por los dioses no ha hecho más que empezar, el cuento continúa.

Marta Simón Alonso

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Blancanieves y la leyenda del cazador

Blancanieves y la leyenda del cazador, entretenida aventura con Charlize Theron como lo mejor, ritmo desigual y algo larga. Poniendo toda la carne en el asador en lo referido a despliegue visual y efectos especiales, acercándose al terror en algunos planos, jugando con las claves del cuento con cierta flexibilidad y originalidad, y contando como mejor aliada con un gran trabajo interpretativo de Charlize Theron, esta nueva versión cañera y guerrera de Blancanieves da una visión del asunto no revolucionariamente innovadora, pero si suficientemente competente como para entretenernos con competencia durante la mayor parte de su metraje. Tiene a su favor un arranque interesante, que engancha, con Theron echándose la película sobre sus bellas espaldas como una especie de variable brujeril de la Cersei Lannister de Juego de Tronos, y tirando para arriba con el asunto sin problemas, totalmente eficaz en su encarnación de la mala de la historia, que a ratos parece haber estudiado en la academia del lado oscuro de la fuerza del Emperador Palpatine de Star Wars y en otros momentos recuerda a la vampiresca condesa Bathory que buscaba la juventud consumiendo la sangre de jóvenes doncellas.

Terrorífica y bella hasta hacer que sea totalmente absurda la pregunta al espejo, porque la más guapa de toda la película es ella, sin duda, Theron es el plato fuerte de este largometraje que además en su primera parte funciona bastante bien como película de evasión convirtiéndose en una historia de fuga y persecución donde Kristen Stewart sigue poniendo algunas carillas que recuerdan en principio a la Bella de la saga Crepúsculo pero finalmente consiguen encontrar una personalidad propia para su versión guerrera de Blancanieves, y Chris Hemsworth interpretando un personaje que recuerda mucho al de Val Kilmer en Willow, pero con menos sentido del humor.

Es una lástima que ese arranque y esa primera hora de metraje, como digo bastante completa en lo referido a entretenernos, empiecen a perder ritmo en el momento en que se produce el inevitable encuentro con los enanos, que no obstante son un excelente trabajo de efectos visuales sobre actores reales, en una línea que anticipa lo que se va a hacer con los enanos de El Hobbit. La entrada en el Santuario que sigue al paso por el Bosque Oscuro, mucho más interesante, se pierde en un paisaje de colorines como si de repente tuvieran que rendir pleitesía a la versión Disney del mismo asunto y, para mi sorpresa, se produce un innecesario frenazo en el ritmo de la narración que con la aparición del ciervo me ha sacado totalmente de la película. A parte de que el ciervo me recuerde mucho algunos bichejos míticos de la filmografía del maestro de dibujos animados japonés Hayao Miyazaki, concretamente La princesa Monoke, me ha recordado también al león Aslan de El león, la bruja y el armario, y si a eso añadimos la entrada en funciones del príncipe como una especie de Robin Hood y el desenlace con Blancanieves convertida en algo así como una especie de Juana de Arco, el puzzle de referencias se hace ya notar en demasía quitándole protagonismo e identidad propia al tema central.

He echado también de menos el sentido del humor. No tiene. Ni una gota. Todo es trágico, siniestro, serio, y finalmente épico… Pero de humor nada de nada. Eso perjudica la creación de una química más directa, estilo guerra de sexos, entre el cazador y Blancanieves, algo que habría beneficiado un desarrollo más dinámico de la historia evitando la caída de ritmo que he mencionado antes. En lugar de eso, se plantea un extraño requiebro a la versión original del relato con el beso del príncipe que merced a un juego de miradas entre Blancanieves y el cazador deja en el aire en plan intriga si hay rollito o no entre ellos y haciéndome sospechar que se les ha pasado por la cabeza facturarse una secuela si el rendimiento en taquilla de ésta les convence.

En la manera de desenvolverse visualmente camino de su desenlace la película no duda en tirar de un recurso algo manido, el plano aéreo y paisajístico, buscando una especie de tono épico heredado de El señor de los anillos, con varios planos que recuerdan los paseos por la Tierra Media de la Hermandad del Anillo. Menos mal que consigue levantar otra vez el vuelo en la parte final, proponiéndonos el enfrentamiento definitivo entre la heroína y la villana, en una fase de la historia en la que ya ha quedado muy lejos el relato original y parece abrirse paso a otro tipo de historia que, si ustedes me lo permiten, me hace sospechar que caso de haber una secuela podría ser, con relativa facilidad, más interesante que esta primera película.

Porque el problema con Blancanieves u otro cualquier cuento infantil es que, nos gusten o no, nos los conocemos del derecho y del revés, lo cual reduce la posibilidad de sorprender, por novedosa que sea la versión.

He de reconocer que han sabido darle una personalidad propia a esta versión, proporcionándonos además numerosos momentos de acción trepidante y la oportunidad de ver a una Charlize Theron en plenitud, pero por otra parte creo que se les ha ido un poco de tiempo, me sobra el desvarío ecológicofestivo del ciervo, las hadas y la tortuga florero, y alguien debería decirle a Kristen Stewart que está mucho más guapa en cámara cerrando los labios en lugar de tener la boca abierta continuamente como si siguiera esperando que Edward Cullen venga a hacerle una visita. A la escena en de la muerte posterior a morder la manzana me remito.

Resumiendo: moderadamente entretenida, más aún en su trepidante primera parte que en la segunda, con un trío de cazador, Blancanieves y príncipe al que creo que podrían haberle sacado más jugo en el guión, porque los actores cumplen, si bien la parte del león en lo referido a lucimiento se la lleva Charlize Theron.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK