De un tiempo a esta parte es común en la carrera de Jim Carrey ver productos pequeños, destinados a intentar sacarle del mundo de la comedia física y alocada que le hizo triunfar en Hollywood. Son películas muchas veces de bajo presupuesto y no siempre obtiene los resultados comerciales que se puede esperar de él (sobre todo los dirigentes de los estudios), ni muchas veces la crítica termina por apreciar el trabajo de Carrey fuera de su coto de caza particular.

Películas como El Número 23, The Majestic o esta que nos ocupa, intentan competir con los productos más taquilleros del actor protagonista de La Máscara y, en el mejor de los casos, pronto son olvidadas por el público.

Pero hay algo diferente en Phillip Morris ¡Te Quiero! Un intento por mezclar las dos vertientes de su carrera. Una mezcla entre sus comedias más alocadas y un tipo de cine nada convencional ni comercial. La película es una comedia, sin duda alguna. Con algunos de los mejores momentos de comedia física de Carrey que se recuerdan en años y su cara gesticulante exagerada como siempre, pero al mismo tiempo con una historia independiente y controvertida y un papel nada común ni en la carrera del actor ni en la de muchas estrellas.

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La película gira en torno a la vida real de Steven Russell (Jim Carrey), un tipo peculiar, adoptado, que deja de ser policía para embarcarse en una vida de estafa y engaño que acaba con sus huesos en la cárcel. Allí conocerá al amor de su vida, Phillip Morris (Ewan McGregor), un tipo tierno y romántico que vivirá con él sus mejores días y algunos de sus peores, en una carrera contra la ley destinada al fracaso.

Una historia de amor en principio sencilla y pequeña, pero que no termina de cuajar por algo que todos hemos visto siempre en la carrera de éste cómico. El exceso.

Para que me entienda todo el mundo. La película es un cruce bizarro y extravagante entre Mentiroso Compulsivo y Brokeback Mountain. Si a alguien algo así le parece extraño, que no se asuste. La película va a superar sus expectativas con creces en ese sentido. De hecho en USA no tenían ni idea de qué hacer con la cinta, así que ha acabado destinada al cajón del DVD a no ser que las cosas cambien de golpe. Hay que recordar que esta película se estreno en Sundance en 2009...

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No puede negarse en principio que es una comedia valiente. Dos estrellas reconocidas de Hollywood en un papel tan controvertido. Dos interpretaciones más que interesantes, sobre todo por parte de McGregor, quien ofrece un lado intimista, tierno, casi infantil, con un personaje homosexual y afeminado, pero sin exagerarlo nunca. Con mucho cariño. Con cuidado. Carrey despliega como siempre su colección de muecas y gestos sobreactuados cuando de comedia se trata. Ni es nuevo ni nos asusta. A quien le guste disfrutará de la galería de muecas del actor. Pero en los momentos en los que Carrey sabe dar el do de pecho es justo cuando la escena no requiere de tantas parafernalias. Una mirada, un gesto, un abrazo romántico en una celda y como mira a su amante... Son momentos de gran actor que casi siempre pasan desapercibidos por los excesos de su otro yo. Su lado cómico. Y es una lástima.

Y es una lástima, la verdad. Una lástima porque había mimbres para hacer una gran comedia, reivindicativa de que el amor no tiene sexo ni lugar, simplemente es. Pero se queda a medio gas. Casi parece tan empeñada en complacer al gran público como dispuesta a romper barreras. Y lo hace todo por el camino difícil.

El inicio, la presentación del personaje de Carrey, es brillante e hilarante. EL humor nos mantiene con una sonrisa continua (ojo a la escena en que los padres le dicen que es adoptado, o al momento de sexo con su esposa, Leslie Mann) y una carcajada siempre dispuesta (el momento en el que Carrey explica su vida como gay en Miami y los inicios de sus delitos). El ritmo es contagioso, la comedia física se entrelaza con humor ácido e irreverente, pero casi nunca de mal gusto. A veces excesivo, como en el primer momento en el que Carrey nos habla de su homosexualidad, pero siempre en su sitio.

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Es en ses punto donde se revelan las cartas de esta historia de amor. Un hombre que vive su homosexualidad abiertamente, pero que en realidad no sabe quién es. Dispuesto a darlo todo por amor, pero tan carente de él desde niño que no sabe qué es, ni como controlarlo.

La labor de los guionistas y directores, Glenn Ficarra y John Requa, es excelente hasta ese momento. Más cercano a su trabajo en Bad Santa que a Como Perros y Gatos. Pero a partir de la llegada a la cárcel y la hilarante introducción del nuevo preso en la misma, la cosa se hace cuesta abajo.

Personajes que desaparecen porque sí y son desaprovechados al máximo, como el novio de Carrey interpretado por Rodrigo Santoro. Se tira por el camino más obvio, el protagonista cada vez gesticula más y los chistes son cada vez más simplones y fáciles. Como si la película no supiese muy bien qué camino tomar. Y pese a que tiene rasgos de genialidad, como cada plan de Carrey para hacer feliz a McGregor, se acaba diluyendo entre tanta locura de laboratorio. Prefabricada.

Superar los complejos de la gente y los miedos ante una película como esta no es fácil. Defenderla por su manera de mostrar la homosexualidad sí lo es. No por mostrar continuamente escenas de sexo entre los protagonistas se es más liberal. Sólo se abunda en el exceso. Su gran defecto. Lo que acaba dejando a medias una historia conmovedora, divertida, satírica e inteligente. Su media hora inicial es el ejemplo de cómo debía ser toda la cinta. Y la pena es que el resto del camino se haga tan cuesta abajo...

Jesús Usero