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Futbolísimos ★★

Agosto 17, 2018

Crítica de la película Futbolísimos

Cine familiar que carece del gancho de otras producciones. No he tenido el gusto de leer la novela en que se basa la película de Miguel Ángel Lamata, un libro para los más pequeños de la casa escrito por el también guionista Roberto Santiago, que da inicio a una saga literaria de incontables entregas ya, que además imagino pretende estrenar saga en cine, sin que sea ésta su primera y última aportación. Quizá el resultado no sea el más adecuado para lanzarse a producir más películas, aunque será la taquilla quien determine eso, no nosotros, ni mucho menos. Pero sí es verdad que lo que vemos en pantalla está más cerca de El Sueño de Iván (también de Roberto Santiago y Pablo Fernández Vázquez) o la saga de Los Fieras F.C, que de Matilda, sin ir más lejos.

La historia es sencilla, un equipo de un colegio (con campo de hierba… quien lo hubiese pillado con 11 años) que va a desaparecer si no salva la categoría. Si no gana al menos un partido de los tres que les quedan, descenderá, y será reemplazado por un coro. Pero una conspiración parece que se cierne sobre los niños, quienes tendrán que evitar que quien está durmiendo a los árbitros, consiga su propósito de hacerles descender. A partir de ahí una aventura que lleva a los personajes a varios, problemas, entretenida sin dudas, sobre todo para los jóvenes, pero que no explota el potencial que tiene detrás de ella. Potencial que a veces, solo a veces, sale a la luz.

La película está tan enfocada en los niños que se olvida del público que lleva a los niños al cine, de darles algo que mascar. Si es usted mayor de 12 años, no encontrará casi nada a lo que aferrarse. Un par de chistes (bendita Carmen Ruiz) salvan los muebles. Pero la película siempre lo hace siendo extremadamente condescendiente con los niños (personajes y público) y ridícula con sus personajes adultos. Personajes que, por cierto, sobran en gran medida en una trama que, de haber apostado por una comicidad en la línea de Mortadelo y Filemón, por ejemplo (algo que hace en varios momentos), habría mejorado el resultado final. Para todos los públicos. Grandes y pequeños.

El resultado queda así irregular. El tema del fútbol está tratado como muchas veces en estos casos, como si a nadie excepto a los más jóvenes, interesase realmente el deporte. Como si nadie hubiese jugado al fútbol nunca… El balón digital tampoco ayuda. Viendo la película nos queda la sensación de que no es una experiencia a compartir entre padres e hijos, sino un producto sólo para los pequeños de la casa, y no uno que haya quedado redondo. Resultona en algunas partes. Entretenida a veces (el asalto a la casa del entrenador, la persecución…), pero demasiado irregular, demasiado plana y demasiado simple por momentos. No es terrible el resultado final, ni mucho menos. Pero tampoco es bueno. Se queda en esa peligrosa tierra de nadie de las películas que no llaman demasiado la atención.

Jesús Usero

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película El espía que me plantó

Un rato de evasión veraniega de perfil bajo mezcla de comedia y acción.

Quede claro desde el principio que es una especie de poco o nada sorprendente “cuento de hadas” en la misma línea y con los mismos elementos que abundaban en otras propuestas de comedia y acción que suelen aparecer por la cartelera en estas fechas veraniegas, producto muy habitual en la filmografía de Mila Kunis , por otra parte. En lo esencial es el mismo tipo de producto que nos propusieron hace dos veranos o así con Melissa McCarthy en Espías, y en su versión masculina con Ryan Reynolds en El otro guardaespaldas, aunque ambas eran algo más ambiciosas y acertadas en su resultado final, mientras que El espía que me plantó prefiere jugar más sobre seguro. Aún trabajándose el humor gamberro, sobre todo merced al personaje de Kate McKinnon, no acaba de apostar por él con tanta decisión y no la deja tan suelta y a su aire como McCarthy en Espías, además de contar con secuencias de acción menos resolutivas y espectaculares que las de El otro guardaespaldas y faltarle el nervio que a aquella aportaba el histriónico pero eficaz tío de Reynolds, Samuel L. Jackson y sobre todo Salma Hayek. Suele ocurrir por otra parte en este tipo de historias que en la turbulencia de la búsqueda de las risas fáciles se les escape construir más sólidamente personajes y situaciones, algo que impide que acaben desarrollando el verdadero potencial de sus elementos. En Espías lo mejor de la película era la interacción de Melissa McCarthy y Jason Statham. De manera que el personaje de Jude Law sobraba. En El otro guardaespaldas lo verdaderamente interesante y con potencial de disparate cómico era la asociación de Samuel L. Jackson y Salma Hayek. Y el personaje de Ryan Reynolds sobraba. Pues bien, en El espía que me plantó han tenido algo más de puntería a la hora de plantear el asunto centrándolo en el dúo Mila Kunis y Kate McKinnon. Lo que ocurre es que han equivocado la proporción y debería ser una propuesta con Kate McKinnon como protagonista y Mila Kunis como acompañante. Además le faltan más chistes como los de las “americanas estúpidas” que están ahí, y funcionan, pero no acaban de ser la verdadera materia prima del asunto, que sería lo más recomendable, porque la película parece verse obligada a desarrollar esa naturaleza como “cuento de hadas” para féminas urbanitas actuales con aspiraciones a empoderamiento pero sin sacarse de encima la dependencia del estigma de “príncipe azul” materializado por los personajes de Justin Theroux y Sam Heughan.

A pesar de todo ello, y aunque es cierto que se sostiene sobre tópicos y la fórmula, con el aditivo de algunas referencias al empoderamiento femenino que aborda más como pincelada de moda que como propuesta sólida en su argumento, lo cierto es que es coherente con sus objetivos, muy primarios: ser pasarratos veraniego más o menos aseado, aunque menos divertido de lo que pretende. Y, eso sí, transmitiéndonos la sensación de que todo lo que nos están contando ahí ya lo hemos visto antes, pero resulta moderadamente distraído, aunque en mi opinión se les ha ido un poco de metraje, y prolonga en exceso el chiste en su conjunto.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

El Bar ★★★

Marzo 21, 2017

Crítica de la película El Bar de Alex de la Iglesia

Álex de la Iglesia mezcla surrealismo apocalíptico y thriller asfixiante, en esta excéntrica comedia urbana.

Un cierto aroma a El ángel exterminador, del incomparable Luis Buñuel, cruza por la atmósfera voluntariamente malsana de El bar desde el primer fotograma; mientras los personajes pelean por escapar de un lugar sin salidas de emergencia. Álex de la Iglesia conforma así un guion enclaustrado dentro de una propuesta espartana, compuesta por los mínimos elementos escénicos con los que barajar el misterio que planea en el ambiente.

Al lado de Jorge Guerricaechevarría, el responsable de El día de la bestia imagina una historia plagada de altibajos, y carente de momentos muertos o de estaciones de servicio en las que descansar las neuronas. A modo de filme de hornada catastrofista, el cineasta bilbaíno comienza la película con la presentación de un cuadro de tipos diferentes y totalmente desconocidos, diferentes y vecinos de entornos diferentes de la ciudad.

Deadpool ★★★★

Febrero 12, 2016

Crítica de la película Deadpool

La primera gran comedia gamberra de superhéroes da en el blanco.

Risas: muchas. Acción: mucha. Diversión: mucha. Ritmo: perfecto. Chistes: muchos. Guiños y autoparodia: una carreta completa. Capacidad para entretener: garantizada. Respeto por el original: total.

Deadpool se aplica a la tarea de cerrar una etapa y abrir otra en lo que a cine de superhéroes se refiere, o al menos eso me parece a mí. Para empezar es la primera comedia gamberra de calidad del subgénero de superhéroes. En el humor va más allá de lo que Ant-Man sólo podía insinuar muy ligeramente y a pinceladas, así que podemos decir que Fox le ha ganado esta mano de la comedia disparatada a la Disney, porque obviamente Disney, con su producción “para toda la familia”, no puede ni asomarse a olisquear lo que han hecho en esta divertida película de Masacre. De paso aclaro que para mí, como para muchos otros aficionados al cómic españoles, el mercenario bocazas es y siempre será Masacre. Tal y como he escrito en las redes sociales, tres horas después de ver la película me sigo sorprendiendo a media sonrisa al recordar algunas de sus gamberradas.

Espías ★★★

Junio 17, 2015

Crítica de la película Espías con Jason Statham, Melissa McCarthy y Jude Law

Espías: divertida sátira de 007 y buen pasatiempo de evasión para el verano. Risas seguras. Vehículo claramente concebido para el lucimiento cómico de Melissa McCarthy que además está bien respaldada por Jason Statham en un papel de autoparodia con momentos desternillantes que sacan el jugo hasta las últimas consecuencias a su imagen cinematográfica como tipo duro del cine de acción. La asociación de estos dos actores en principio tan distintos y distantes es lo mejor de esta película que trabajándose la fórmula de Loca academia de policía o Superagente 86, es una sátira más lúcida de lo que podría pensarse en principio por su naturaleza disparatada sobre las frustraciones de la mujer que intenta abrirse paso en un mundo laboral dominado por hombres. De manera que en su superficie es una gamberrada bien trabajada para sacarle al personal algunas risas por la vía de la parodia, pero si uno rasca un poco más se encuentra una crítica a cómo camufla el audiovisual los roles sexuales más tradicionales en el cine de acción. En ese sentido es curioso cómo se acerca al tono –salvando todas las distancias y las obvias diferencias de presupuesto-, de la comedia de James Cameron sobre el cine de espionaje Mentiras arriesgadas, pero desde un punto de vista que la sitúa en las antípodas de aquella otra (nunca me expliqué cómo James Cameron, el director que le había dado tanta cancha a las féminas en su cine, haciendo de películas como Terminator, Terminator II, Aliens el regreso o The Abyss, motores de la instalación en la era blockbuster de las féminas guerreras en el cine de acción, castraba el personaje de Jamie Lee Curtis convirtiéndola en florero de las peripecias de su marido de ficción…).  

Darle la vuelta a la imagen de Statham es sólo uno de los aspectos más divertidos de ese ejercicio de reivindicación de lo que tienen que aguantar las féminas, que se inicia con una caricatura de James Bond eficazmente servida por Jude Law y por unos títulos de crédito que no ofrecen lugar a dudas de por dónde van a ir los tiros. McCarthy encuentra así su papel más divertido y con posibilidades de darle carrete en taquilla, pero con algo más de contenido de lo que suele ser habitual en su filmografía. Statham parece muy relajado cambiando al registro autoparódico. El resto del reparto de secundarios es un buen respaldo para la protagonista, aunque sus apariciones sean tan breves como las de la gran Allison Janney y la de Morena Baccarin (ésta última fichada casi a modo de cameo y poco más).

Obviamente, como suele suceder en toda película de encadenado de gags, unos chistes funcionan mejor que otros, pero en su conjunto me atrevo a decir que me he reído más con Espías que con Superagente 86, por poner un ejemplo. Y que tiene mejor ritmo que aquella. En sus disparates me parece más sólida, no tiene momentos en los que decaiga porque cuando empieza a estancarse entra en funcionamiento el cambio de registro de McCarthy como guardaespaldas del personaje de Rose Byrne, y la combinación de las dos anima el asunto hasta el desenlace, que por otra parte es tan tópico como cabría esperar, pero incluso en esos momentos más obvios consigue seguir sacándole algo al personaje de Statham… hasta la escena postcréditos.

La cosa apunta a posible éxito de taquilla y deja claramente abierta la posibilidad de secuela. Si la ruedan, un consejo para ellos: que saquen más partido al dúo McCarthy-Statham. Aquí no les han dejado volar tanto como podrían, pero pueden ser una pareja ciertamente explosiva.

Resumiendo: entretenida, divertida, con algunos momentos para carcajada.

 

Miguel Juan Payán 

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Crítica de la película Las brujas de Zugarramurdi.

Lo más divertido de Álex de la Iglesia en los últimos años con un reparto brillante.

Álex de la Iglesia regresa por sus fueros al cine que mejor le ha sentado en la taquilla en toda su carrera. Es un retorno a las raíces en toda regla que argumentalmente empieza en un Madrid castizo de resonancias infernales y acaba en un País Vasco montañoso, boscoso y de gruta profunda donde se celebran aquelarres dignos de aparecer en las páginas del libro Las brujas y su mundo, de Julio Caro Baroja, en el que además hay capítulo dedicado precisamente a la brujería vasca del siglo XVI y los procesos de la Inquisición de principios del siglo XVII, como el de las brujas de la localidad navarra de Zugarrarmurdi. Ese paseo por las raíces, como avisó el propio director cuando presentó y asistió a la primera proyección de la película en un cine de Madrid, es una especie de antropología del disparate con ecos del esperpento de Valle Inclán sobre todo en sus protagonistas y su arranque.

Y también un grato viaje de recuperación de las claves de su cine más taquillero, del mismo árbol genealógico de su filmografía habitado por películas como Acción mutante, El día de la bestia o La comunidad. Y en su primera parte tiene ese mismo aire de parentesco con los clásicos del humor negro español del que Álex de la Iglesia y el guionista Jorge Guerricaechevarría son dignos continuadores. Me refiero, claro está, al quinteto esencial que todo buen aficionado a la comedia debería haber visto para entender conocer una parte fundamental de cómo somos y respiramos en la piel de toro, para bien y para mal: El extraño viaje, dirigida por Fernando Fernán Gómez sobre una idea de Luis García Berlanga, El Verdugo y Plácido, dirigidas por García Berlanga, y El cochecito y El pisito, dirigidas por Marco Ferreri, las cuatro últimas con guión de Rafael Azcona. Lo que ocurre en Las brujas de Zugarramurdi es que en su primera parte tiene un ritmo y un carácter trepidante en los diálogos que me recuerda más otras señeras colaboraciones entre Berlanga y Azcona, como La escopeta nacional y La vaquilla, donde los personajes disparan sus diálogos unos contra otros, contagiando al espectador y vertiginoso pulso de su fuga mientras nos ponen al día de cómo son sus miserables vidas y cómo han llegado hasta ese punto de ruptura.

Crítica de la película Resacón 3

Divertida y con algunos momentos desternillantes, pero más floja que las dos anteriores.

El cierre de la trilogía de Resacón en Las Vegas se me antoja agridulce. Por un lado esta tercera entrega sigue teniendo algunos momentos hilarantes que reposan esencialmente en los personajes del señor Chow (Ken Jeong) y Alan (Zach Galifianakis), tiene el chiste de la jirafa y un epílogo totalmente gamberro. Por otro se ha quedado lejos del grado de hilaridad conseguido por el viaje de los protagonistas a Tailandia en la segunda entrega, la mejor de la saga, y privada de la sorpresa y algo más domesticada, tampoco alcanza el nivel de la primera. Es por tanto la entrega más floja de Resacón, lo cual no es óbice para que, comparada con otras comedias que nos llegan a la cartelera, siga siendo mejor que la mayoría de ellas. Lo que ocurre es que no da la talla ante sus dos predecesoras. Pero no debemos olvidar que tanto la 1 como la 2 pertenecían a otra galaxia por comparación con las humoradas del cine americano que llegan a nuestras pantallas.

Dicho de otro modo más claro: que te ríes en casi todo el metraje, pero está algo por debajo de las dos entregas previas. Esa sensación se acentúa por varios aspectos. El primero es que los personajes de Stu (Ed Helms) y Phil (Bradley Cooper) parecen una versión más domesticada de los que conocimos en las dos entregas anteriores. En ellos se refleja cierto agotamiento de la fórmula que no tiene mucho sentido, porque otro aspecto es que la película tiene algunos chistes y elementos que quedan algo desperdiciados. Ejemplos para que quede claro: los perros, que parecen prometer más juego pero quedan sin chiste, el personaje de Melissa McCarthy (su choque de titanes con Galifianakis merecía más desarrollo y más aprovechamiento a golpe de gag), ese mazo rompeparedes, el encuentro de Alan con el niño, que se deriva en momento entrañable cuando debería buscar el disparate, como en la primera entrega), la fiesta de Chow en el hotel de Las Vegas, el asalto a la misma desde la azotea, la persecución por las calles (¿recuerdan la trepidante persecución de puro disparate en la segunda?), John Goodman tampoco está bien explotado, como los personajes del niño y el amiguete heavy invitados a esa charla inicial para convencer a Alan, que están pidiendo a gritos más juego humorístico… Además la película lucha consigo misma, o mejor dicho, con su desternillante gag de la jirafa, un principio prometedor, uno de esos arranques que nunca debes meter al principio de la película a menos que estés seguro de que tienes más munición y mucho más poderosa para poder equilibrar y mantener las carcajadas del público al mismo nivel. Eso no ocurre en esta ocasión. Es lo que me lleva a pensar que en primer lugar la película anda algo falta de ritmo y por otra parte no tiene ni la frescura de la primera ni esa vocación por instalar el caos y el disparate de la que hizo gala en la segunda entrega… al menos hasta llegar a esa píldora final después de un primer arranque de títulos de crédito, un fragmento absolutamente genial, perfectamente a tono con las dos entregas anteriores, del nivel de caos disparatado de la segunda entrega, o lo que es lo mismo: del nivel de la apertura con la jirafa. Se echan además en falta fotos finales, un chiste recurrente en las dos películas anteriores que te hacía salir del cine con una sonrisa de bobo optimista en la boca y la sensación de haber participado realmente en la despedida de soltero como uno más de la Manada de Lobos pringados que protagonizan la saga. Otro tema a tener en cuenta es la reiteración de chistes relacionados con los afectos de Alan por Phil, que son un mecanismo de eco repetitivo de las dos películas anteriores y deberían haber encontrado ya en esta tercera entrega alguna fórmula para sorprendernos algo más o romper en algún gag. Frente a estas carencias hay que decir que, como presagia el arranque carcelario de esta tercera entrega, Kim Jeong se echa sobre las espaldas toda la película y en mi opinión se ha ganado a pulso su propia saga como protagonista absoluto, participando en casi todos los momentos más hilarantes de esta tercera entrega. Jeong sí hace honor a su naturaleza en las dos entregas anteriores y merece tomar las riendas de su propia historia, que promete sería incluso más disparatadas que las entregas de Resacón que conocemos hasta el momento. Se necesita de urgencia un spin off ya mismo para este actor y este personaje, por favor. Lo está pidiendo a gritos y se lo ha ganado a pulso, aunque los guionistas no hayan estado tampoco muy afinados a la hora de sacarle todo el jugo a su volcánica e imprevisible naturaleza como agente del caos. Pero lo cierto es que la película está ya vendida simplemente porque los seguidores de las dos entregas anteriores no creo que puedan pasar sin disfrutar algunos hilarantes momentos de Jeong o perderse el desenlace del gag de la jirafa o ese epílogo que me ha hecho pensar que realmente lo que quiero ver es lo ocurrido con estos personajes que tanto me han hecho reír en estas tres entregas para haber llegado hasta ese disparatado desenlace. Así que incluso con su nivel de hilaridad algo por debajo de las dos anteriores, Resacón 3 me sigue pareciendo una excelente propuesta para ir a echarse unas risas al cine este fin de semana, y tal como está la vida, eso es decir mucho. Las risas están garantizadas. Y aprovecho esta última línea de texto para insistir en mi petición de que el señor Chow tenga su propia película cuanto antes. Miguel Juan Payán

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Un Golpe de Altura ★★

Noviembre 06, 2011



Crítica de la película Un Golpe de Altura

Una blandita comedia la que ha unido a dos de los más importantes actores del género de las últimas tres décadas, Ben Stiller y Eddie Murphy. Blandita, más que nada, porque partía de una historia que podía haber dado mucho más juego tal y como está el patio, pero que los responsables han dejado pasar para centrarse en las “peculiaridades” de los personajes, en sus limitados frikismos, tratando de que ellos lleven el humor a la película, sin darse cuenta de que el humor está en la situación límite que lleva a estos personajes a hacer lo que hacen.

La historia de un grupo de currantes que pierden todos sus ahorros cuando la persona en la que confiaron, un tiburón de Wall Street, se descubre como un timador que ha malversado fondos durante años y lo ha perdido todo. Trabajadores en el edificio donde el villano vive, la extrema situación les lleva a intentar un robo a lo Ocean’s Eleven para recuperar lo que es suyo, contando con la experiencia de un ladrón de la calle. Como he dicho antes, esa historia, tal y como está el patio, daba mucho pie a una película sobre las diferencias entre ricos y pobres que se han ampliado en los últimos años, para ser un poco más ácida, tener más mala uva y plantar cara a los poderosos con algo de ingenio.

Resulta que, al final, quienes hacen la película son también del grupo de poderosos y prefieren no hacer sangre en la herida abierta ni forzar la situación, buscando siempre salidas (o casi siempre, el intento de suicidio es un punto dramático interesante), que tiren por el camino de un reparto plagado de rostros muy populares y con mucho talento, antes de por el de la historia, bastante sencillita.

Tampoco es que fuese imprescindible hacer la comedia del siglo, pero la mala baba siempre le sienta bien a la comedia, y su ausencia se nota. Además si hubiesen optado por convertir esa ausencia de mala leche en un humor igualmente efectivo ni se notaría, pero resulta que la película adolece de humor en muchas partes del relato, dejando todo en una película sobre un robo aseada, decente, pero con pocas risas, menos de las prometidas. Para ser una comedia es menos divertida de lo que debería y tarda demasiado en entrar en faena. Cuando la película funciona de verdad es cuando se prepara y ejecuta el robo, algo que queda lastrado por un primer acto demasiado largo.

Y con todo la película nunca llega a aburrir. Es simpática, pero poco más. Creí que nunca iba a decir esto, pero se echa en falta más tiempo en pantalla de Eddie Murphy, que sabe hacerse el rey de la función con lo poco que le dan, mientras los demás, por talento o galones (caso de Alan Alda o Matthew Broderick, por poner sólo dos ejemplos) sacan adelante la película sin despeinarse.

Pero siempre queda la sensación de que podía haber sido una película mucho más divertida.

Jesús Usero

Crítica de la película Johnny English Returns

Siempre hemos oído hablar de las virtudes del humor británico. De la inteligencia, la acidez, el humor satírico y la brillantez del humor inglés, como una de las grandes fuentes cómicas de nuestros tiempos, de la que, es cierto y no cabe duda, han surgido nombres como los Monty Python, Ricky Gervais, Matt Lucas o, para qué negarlo, también Rowan Atkinson. Gente capaz de hacer reír en medio mundo y que, habitualmente, comenzaron en la televisión para hacer reír con alguna sátira bastante acertada y luego, con mayor o menor fortuna, dieron el salto al cine.

Aunque el paradigma de este modelo siempre sean los míticos y geniales Monty Python, a día de hoy el modelo de más éxito y quizá el más brillante, ha sido el de Ricky Gervais, con un sentido del humor ácido e inteligente, que ha sabido hacer un análisis brillante de la vida y la sociedad no sólo británica, sino del mundo occidental con series como The Office o Extras. Atkinson no le anda a la zaga en éxito y repercusión mediática, aunque su sentido del humor, al menos por el que es más conocido en todo el mundo, se aleja bastante del de Gervais para ser algo más zafio, más vulgar y, quizá por ello, más popular. Y eso que aunque el papel por el que le conocemos en todo el mundo y por el que siempre será recordado sea el de Mr. Bean, sus comienzos y el papel que más veces ha interpretado sea el del protagonista de La Víbora Negra, una sátira brillante y corrosiva bastante alejada del humor de Mr.Bean.

Y sí, es cierto también, que en sus orígenes Bean era un personaje bastante salvaje y poco comedido, un tipo ruin y rastrero, tacaño y egoísta, que, pese a todo, se ganaba nuestras simpatías por su falta de vergüenza. Luego el cine se encargó de poner las cosas en su sitio con dos adaptaciones poco inspiradas y carentes de la mala uva de la serie de televisión. Algo parecido ocurrió con la primera Johnny English, donde el sentido del humor de Atkinson parecía haber evolucionado, dejando de lado toda la parte satírica de sus años de juventud, para dejarlo todo en el humor físico y el absurdo, aunque no terminaban de cuajar.

No me entiendan mal, es un humor tan válido como cualquier otro siempre que haga reír. Pero es irónico que los ingleses siempre presuman de su humor inteligente, para que todo se reduzca a un par de caídas, situaciones incómodas y la cara de un tipo que, con sólo fruncir el ceño, ya consigue que esbocemos una sonrisa. Un “clown”, un payaso, con todo el respeto del mundo. Pero esto no es La Víbora Negra. Ni por asomo. Lo que nos venden como una sátira sobre el cine de espías es, en realidad, una comedia física y absurda que bien podría haber protagonizado un Kevin James al uso si se hubiese rodado en USA.

Y si alguien se pregunta si una secuela de Johnny English (¿alguien la recuerda?) era necesaria, sólo hay que pensar que apenas costó 30 millones y recaudó 129 en todo el mundo. Sólo en España rozó los 6 millones de euros. Lo que me sorprende no es la secuela, es que hayan tardado ocho años en sacarla. Tampoco es que precisamente hayan estado trabajando en el guión… O no lo parece. Repito, puede estar ambientada en el mundo de los espías y hacer parodia de algunas cosas como los créditos iniciales o la chulería típica de Bond. Es una máscara. Su humor reside en las situaciones ridículas en las que se mete el protagonista, su peculiar torpeza, su estupidez camuflada de supuesta arrogancia, y su humor físico, lleno de caídas, golpes y similares.

Lo que sí se puede decir de Johnny English Returns es que es bastante más divertida que su primera entrega, que apenas contenía un par de sonrisas en todo su metraje, quizá demasiado absurdo, quizá demasiado infantil. Aquí el humor funciona de maravilla en escenas como la persecución en China (verdaderamente hilarante), el campo de golf, la pelea final en el teleférico… son escenas cargadas de ese humor que hacen reír. Y lo consiguen sin despeinarse.

El problema son los huecos entre esas escenas, en los que la película parece empeñada en tomarse en serio a sí misma como si realmente hiciese falta. No funcionan, no aportan nada, realmente no hay parodia del cine tipo James Bond o la saga de Jason Bourne, y además dejan claro que si hubiesen hecho un episodio de una serie de media hora, les hubiese quedado algo redondo. Se nota alargado hasta la saciedad, como lo de la asesina de la limpieza, que llega un momento en el que pierde su gracia inicial.

Y además desaprovecha su reparto, dejando como meras comparsas presencias tan interesantes como las de Gillian Anderson, Rosamund Pike o Richard Schiff, que debió rodar lo suyo en un día o algo así, pese a que en los créditos aparece de forma prominente. Es una pena porque podía haber sacado jugo de unos actores entregados a un proyecto en el que saben que lo único que importa es pasárselo en grande para que el espectador también se lo pase en grande.

En definitiva, Johnny English Returns supone el regreso de Rowan Atkinson al cine tras varios años de casi desaparición de las pantallas, con una comedia hecha a su medida pero lejos de sus mejores momentos. Sencilla, aseada y divertida por momentos, pero completamente olvidable. Sabe mal que esos momentos realmente hilarantes no sean más habituales durante el metraje, que no encuentre nunca un tono más inteligente o que desaproveche algunos rostros populares. Pero tampoco es para rasgarse las vestiduras. Es lo que es y da lo que promete. Tampoco creo que los fans del actor o el personaje vayan pidiendo otra cosa.

Jesús Usero

 

Paul ★★

Julio 19, 2011

Crítica de la película Paul de Greg Mottola con Simon Pegg y Nick Frost

A medio camino entre Zombies Party y Arma Fatal, Paul es una buena diversión veraniega en clave de sátira del género de alienígenas que llega a la cartelera antes que los dos pesos pesados de las invasiones veraniegas en ese terreno, Super 8 y Cowboys & Aliens, pero coindice con ellas en su tratamiento de homenaje (en su caso a base de guiños frikis) a una forma de entender este tipo de historias que se aplicaba ene el cine de los años setenta y ochenta. No se asusten, no es nostalgia, sino más bien celebración. No es casualidad que en su banda sonora tenga, como Super 8, un tema de la Electric Light Orchestra (la mítica ELO) que ayuda a marcar la pauta eminentemente optimista y de celebración del cine y la propia existencia que comparten estas tres producciones.

Cierto es que no me he reído tanto como con Zombis Party, pero Paul tiene unos cuantos golpes desternillantes y una manera de entender la comedia como mezcla del chacarrillo más obvio, el gag visual más  simple y al mismo tiempo salpicar todo eso con el humor inteligente y pícaro que caracteriza habitualmente los trabajos de sus dos protagonistas, el dúo cómico británico formado por Simon Pegg y Nick Frost, aquí bien adaptado a las claves del cine de evasión norteamericano y con muy buena química con su protagonista femenina, Kristen Wiig.

El objetivo es poner en solfa, satirizar ese cine de los setenta y ochenta, desde Encuentros en la tercera fase o E.T. hasta Men in Black, tomando como epicentro del relato a un alienígena macarrilla que aporta un aire claramente gamberro a la historia. Aunque no le han sacado el máximo jugo a Paul, imagino que porque en algún momento debieron temer que les cerraran las puertas de la calificación por edades, dejando fuera del cine en Estatados Unidos a su público esencial, los jóvenes, la película consigue colar algunos momentos hilarantes, como el de la resurrección del pájaro, la atracción morbosa que siente uno de los dos protagonistas por las chicas disfrazadas de Ewoks o la explicación de por qué los policías británicos, al contrario que los rurales norteamericanos, no llevan armas, que nos dejan ver lo que podría haber sido todo el asunto si hubieran tenido algo más de agallas para entrar a fondo en el tema. No es algo que les podamos reprochar. La comedia comercial estadounidense actual es más flojeras que la de décadas anteriores, por eso ya no hay un Blutarsky como el interpretado por John Belushi en Desmadre a la americana y el desternillante chiste del burro en Despedida de soltero con Tom Hanks se nos ha convertido en el chiste del tigre o el mono en las dos partes de Resacón en Las Vegas (aunque la segunda le eche más narices al asunto).

Paul tampoco es, como podría haber sido, el equivalente de Los cazafantasmas en el terreno de las películas con extraterrestres, pero es suficientemente divertida y moderadamente gamberra como para que pasemos el rato con ella agradablemente, especialmente cuando navega por la autoparodia, citando clásicos del cine de Spielberg, convocando a heroínas esenciales del cine de ciencia ficción o paseándonos por esa convención de cómic que en mi opinión tampoco ha sido del todo bien aprovechada y a la que podrían haberle sacado más jugo, en lugar de caer en la trampa de la parodia facilona de los fundamentalismos religiosos, que además es mera caricatura simplona e ingenua del fanatismo desaforado, en plan chiste de jardín de infancia tipo “caca-culo-pedo-pis”, como dice mi colega Jesús Usero.

Resumiendo: que Paul podría haber dado de sí más risas, pero me ha resultado más simpática, por su friquismo y su nostálgica mirada al cine cocinado en los setenta y ochenta, que Arma fatal, así que le daría un aprobado aseado como palomitero entretenimiento de cine de verano complementado con un polo o un helado bien frío o mejor aún con un par de cervezas, si bien ese final que se marcan en plan dulzón estuvo a punto de saltar de la butaca, porque es un desenlace que reniega del supuesto gamberrismo de su principio. Le falta un hervor en lo referido a gamberra, pero al mismo tiempo me temo que para algunos espectadores será ofensiva por la imagen de las creencias religiosas que utiliza de forma algo torpona y con dibujo de trazo grueso, poco estilizado. Mejor habrían invertido ese metraje en sacarle más jugo a las peripecias de los dos protagonistas perseguidos por los dos siniestros lugareños, que entran y salen de la historia precipitadamente y son malgastados en un par de chistes simplones.

Luego me hace mucha gracia a nivel personal lo ingenua que resulta en su sarcasmo en referencia al tema religioso. Dos minutos de Flanders en la serie Los Simpson superan de lejos cualquiera de las bromas que construyen los artífices de Paul sobre la religión en su forma más extremista e intolerante.

Miguel Juan Payán

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