Miedos 3D ***

Agosto 27, 2010

Joe Dante es uno de los grandes renovadores del cine de terror y fantástico que surgieron a finales de los setenta y principios de los ochenta y que redefinieron los géneros para acercarlos a las nuevas generaciones. Directores como Wes Craven, John Carpenter, John Landis y el propio Dante, entre otros, lanzaron al mundo una serie de películas que cambiaron en muchos sentidos la forma de ver y entender el cine fantástico.

A este director le debemos títulos tan importantes como Gremlins 1 y 2, Aullidos, Piraña o Exploradores, aunque su carrera ha estado siempre llena de altibajos y lo último que pudimos ver suyo fue un episodio de CSI NY centrado en Halloween, allá por 2007. Pero sólo los títulos arriba mencionados y otros como Pequeños Guerreros, ya le hacen merecer un hueco entre los directores de género más importantes de los últimos 30 años.

De hecho, Dante terminó especializándose en cine fantástico para los más jóvenes de la casa, como demuestra buena parte de la filmografía antes mencionada, su película en 3D para el Sea World de San Diego o Looney Tunes: De nuevo en acción, su última película estrenada en cines en nuestro país. Y en ese género se encuentra la misma Miedos 3D, un título curioso e interesante de terror para preadolescentes que demuestra, como ya lo hizo su participación en la serie Masters of Horror, que Dante sigue en forma.

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Es difícil situar Miedos 3D entre un público específico porque no es la típica película de terror para adolescentes. Quizá los jóvenes de hoy estén mucho más acostumbrados a la sangre y las vísceras que al relato pausado y tranquilo que nos enseña Dante, donde la tensión va creciendo secuencia a secuencia, donde no se abusa de los sustos fáciles y donde se prefiere crear atmósfera a dar un brinco en la butaca. No creo que los adolescentes de hoy día se enganchen a la cinta como se enganchan a otros títulos mucho menores o menos interesantes, pero con un envoltorio más interesante.

Miedos 3D podría ser un capítulo extendido y muy bien rodado de series como El Club de la Medianoche. Quizá a los mayores de 14 años les pueda parecer infantil a priori, pero contiene más terror en sus secuencias que todo el cine para adolescentes estrenado en 2010 en grandes salas. Y no es que la historia sea nada nuevo, ni rebose originalidad. Es la forma en la que nos cuentan esa historia lo que realmente importa.

La trama acerca del agujero en el sótano que no debe ser abierto y que libera nuestros mayores temores no es algo sorprendente, pero contado de forma eficaz, es sumamente efectiva. Tampoco incluye ninguna novedad la historia de esa familia que se muda a un pequeño pueblo, con el hijo adolescente rebelde y el hermano pequeño ignorado. Ni la historia romántica con la preciosa vecina de al lado que pronto se convierte en parte integral de la trama principal. Todo ello son lugares comunes, tierra conocida, cómoda. Sirve, en este caso perfectamente al relato porque hace al espectador sentirse confortable y en terreno familiar. Hace incluso cercanos a los personajes que van conducir el relato y es importante identificarse con ellos para vivir realmente lo que sucede en pantalla.

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Además, es un acierto que los protagonistas sean rostros casi desconocidos, porque de esta forma es más fácil aún identificarse con ellos de lo que viene siendo habitual en este tipo de producciones. Además los adolescentes parecen adolescentes físicamente, y se comportan como tales, algo poco común en el cine de Hollywood de estas características.

A partir de sentar esas bases y esos cimientos, Dante plantea un ejercicio más cercano al suspense que al terror o al gore. No hay sangre, no hay vísceras, ni siquiera hay un asesino silencioso o fantasmas. Hay sombras, pasos, apariciones tenebrosas y miedo. Cada uno con el miedo que lleva a cuestas los personajes deben enfrentarse a ello y evitar ser devorados por lo que surge del agujero.

Y el director consigue inquietar al espectador con esos mimbres. De una forma mucho más profunda e interesante que lo que puede aparecer en una película de terror al uso. Incluso siendo cine de terror para niños, cualquier adulto puede sentir ese escalofrío que llega cuando una secuencia se convierte en una pequeña pesadilla, como la escena en la piscina con el niño pequeño, la extraña visita al hogar de una inquietante niña, la visita a la fábrica, o los enfrentamientos con el payaso.

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Además, Dante demuestra que no es ajeno a los nuevos lenguajes que poco a poco ha ido incorporando el cine, como pueden ser el cómic o los videojuegos. La secuencia en el baño de la cafetería con la protagonista seguro que recordará al juego Silent Hill a más de uno, por poner un ejemplo. O incluso al cine de terror japonés más popular, como The Ring.

Todo ello va encaminado la historia hacia un final lleno de referencias surrealistas y visualmente muy interesante, pero también muy complaciente y efectista. Algo habitual en el género y que tampoco es un gran lastre, porque este tipo de historias deben terminar así.

Además la cinta sabe aprovechar el 3D para que se note, pero sin cebarse en los efectos más populares como lanzar objetos a la pantalla. Saben contenerse y aplicarlo a otros momentos, como cuando lanzan tornillos al agujero.

Es evidente que la película es sencilla y no tiene muchas pretensiones. Que hay momentos que podrían pertenecer a una serie de televisión de las flojitas, y que tampoco había mucho presupuesto para alardear. O que el final es previsible y no sorprende a nadie, aunque tampoco creo que sea lo que pretende la película. Pero Joe Dante nos enseña con Miedos 3D que el verdadero terror no está en los sustos, sino en lo que llevamos dentro, en nuestras pesadillas. Y la película funciona de maravilla a la hora de mostrarnos esos miedos. Más de uno va a acordarse de la niña que sale del agujero durante un tiempo…

Jesús Usero