Dolor y dinero ****

Agosto 11, 2013
Dolor y dinero. Michael Bay se pasea por los escombros del sueño americano con estilo y mucho humor.

Respaldado por unos Mark Wahlberg y Dwayne “La Roca” Johnson totalmente desatados como actores de comedia en clave autoparódica (sobre todo en el caso del segundo, que ha construido para esta película un reverso satírico de sus recreaciones heroicas y monolíticas para el cine de acción), Michael Bay sorprende gratamente a propios y extraños, a seguidores y detractores, con un ejercicio de cine de humor y visión crítica del “American Way of Life” y el “Hombre hecho a sí mismo”, dos farsas sobreexplotadas por el cine yanqui más bobo. En Dolor y dinero, el director de mamotretos del cine blockbuster como Transformers 1 y 2, encuentra una manera de trasladar su intranquila y nerviosa forma de mirar las cosas a través del objetivo de la cámara aplicándose a un fluido juego de montaje más coherente y sosegado que el destructivo frenetismo de edición de sus trabajos anteriores, y de ese modo parece haber encontrado un camino para contarnos una historia que es una gigantesca broma sobre todos los valores patrióticos de vía estrecha que suele esgrimir en sus peripecias más comerciales y multimillonarias con los héroes de Estados Unidos salvando el planeta a un ritmo visual más propio del rap. En esta ocasión, el ritmo visual está entre el funky y el heavy metal, lo cual es una enorme mejora respecto a sus trabajos anteriores, todo hay que decirlo.

Siempre he pensado que las películas de Michael Bay eran como peceras habitadas por pirañas hambrientas tratadas con psicotrópicos, pero con los dientes amputados para que sus mordiscos se quedaran en caricias de quiero y no puedo. Precisamente por eso no me importa (al contrario, me alegra) reconocer que su trabajo en Dolor y dinero me ha sorprendido gratamente y me ha hecho pasara dos horas y pico con las que me siento suficientemente recompensado por los pobres estímulos que he recibido de algunos de sus trabajos anteriores, como sus dos primeras entregas de la saga de robots gigantes transformables, o por cómo se cargó lo que habría podido ser una película de aventuras memorables, reedición de Doce del patíbulo en el espacio peleando contra asteroides en lugar de contra los nazis en Armaggedon. Le he perdonado incluso todo ese mareo de cámara en movimiento y corte rápido que tanto ha hecho sufrir a mis córneas en sus trabajos anteriores. E insisto: todo ese frenetismo está mejor dirigido, más astutamente aplicado y es menos molesto en la estructura visual y narrativa de Dolor y dinero.

El resultado es una especie de historia picaresca que encaja elementos propios de las comedias de pringados dirigidas por los hermanos Coen junto a unos delincuentes que parecen sacados de las muy recomendables novelas negras y de intriga de Elmore Leonard, lo cual nos lleva al territorio de las historias de delincuentes del cine negro clásico actualizadas al estilo Tarantino, en plan crook story de esta era tan influida por la narración televisiva. Ese es otro aspecto, el del lenguaje aplicado a la película, que me parece interesante. Esencialmente este largometraje es un traslado a la pantalla grande de la fórmula televisiva del falso reportaje (aunque, como se inclina a recordarnos con buenos resultados humorísticos en la secuencia de la barbacoa de manos de La Roca, todo lo que se nos narra está basado en hechos reales), que hace furor en algunos programas televisivos. Me refiero al tipo de falseados documentales que retratan la vida cotidiana de curiosos personajes del paisaje social de Estados Unidos, como Transportes imposibles, Embargo por sorpresa, Los reyes del trueque, Comida sobre ruedas, Reforma brutal… o Steven Seagal ejerciendo como Jefe Adjunto de la División de Voluntarios de la Oficina del Sheriff de Jefferson Parish, Luisiana, en la serie Lawman… Puro esperpento, se lo aseguro. El gran esperpento estadounidense, el que no nos enseña el cine casi nunca, pero que en Dolor y dinero se ha filtrado a la pantalla grande dando lugar a una de las películas más divertidas que he visto este año.

Bien pertrechada con un reparto de actores en el que brillan junto a los dos protagonistas Tony Shalhoub en su papel de víctima y Ed Harris en un personaje de detective tipo duro que se ríe de todos los estereotipos esgrimidos por el cine policíaco norteamericano durante décadas, sin histrionismo, Dolor y dinero me ha demostrado que, si quiere, Michael Bay puede ser un director muy interesante y con las ideas claras, no sólo un entregado apóstol de la doctrina de la epilepsia visual que caracteriza a las películas rompetaquillas de la era blockbuster. Wahlberg está mucho más lucido como actor de comedia que en Ted. Dwayne Johnson hace el ganso como nadie en su encarnación del azote cristiano del pecado recién salido de la cárcel. Shalhoub alcanza sus mejores momentos desde la serie Monk. El trabajo de Harris me confirma que en Hollywood deberían tratarle como un tesoro nacional y deberían darle más papeles protagonistas.

En resumen: un rato muy divertido viendo a un tipo de especímenes de la sociedad estadounidense que llena las páginas de sucesos más escabrosos y disparatados y todos esos falsos documentales televisivos que he citado, pero raramente se asoma a la pantalla grande, pero nos revela otra forma de entender el “American Way of Life”.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK