Dos mas dos ***

Abril 29, 2013

Avalada por más de un millón de espectadores, lo que la ha convertido en la película argentina más vista del año en ese país, llega a nuestras pantallas esta comedia amable, tranquila, que sin aspavientos ni grandes objetivos pero que por el contrario, de una manera modesta y casi de puntillas pero efectiva, a buena velocidad crucero y en progresiva gracia, consigue llegar a la línea de meta de nuestras expectativas y convencernos.

Parece que al mal tiempo que nos deja esta crisis no hay nada mejor que aplacarlo con la buena cara que nos puede encajar una buena comedia al dispensarnos una historia que a nuestra conveniencia nos puede proporcionar o un buen lagrimón o una buena carcajada , tal sea el capricho de su director porque un tema tan recurrente como es el del intercambio de parejas da para esos dos polos opuestos y para mucho más.

La nota alta o baja en la partitura la marca el objetivo de su director que nos presente el tema como atractivo a experimentar o peligro a evitar y esa será la línea de acción a seguir por nuestras neuronas.
Ahora recuerdo aquella fallida película del director francés Antony Cordier, "Cuatro Amantes" (2012), con una excepcional, como siempre, Élodie Bouchez, buena propuesta y buen arranque pero que se hundía en el maremágnum de su propio exceso de tinta, rizando el rizo de sus intenciones. El resultado fue un dramón de cuerpos que poco excitaban la libido del patio de butacas perplejo ante tanto sobeteo y enredo sin ton ni son sobreexcitado de amargura incomprensible e irreal, encaminados a que nos devore una tragedia que nunca llega a ser tal porque poco calaba, semejante ejemplo, más allá de lo intramuscular.
A Cordier se le fue la letra a la hora de tomarle el pulso a la melodía, cosa que no le pasa, en otro orden de cosas y al calor de otros soles, a Diego Kaplan, realizador argentino versado en el mundo de la publicidad y el videoclip, que en clave, esta vez de humor , nos alegra los días con ésta, su tercera película, una comedia alta en el tono y en la idea y en eso los argentinos son grandes maestros.

Dos parejas heterosexuales, entradas ya en los cuarenta y con el corazón aún juguetón e ilusionable empiezan a experimentar todas las situaciones posibles y para las que la bendita imaginación se muestra promiscua y siempre creativa cuando una de ellas, la más aventurera, le propone a la otra, más conservadora, el participar en la experiencia del intercambio de parejas y a partir de ahí es fácil imaginarnos todo lo que semejante premisa puede dar de sí.

Es cierto que ni el planteamiento ni las situaciones nos reportan nada nuevo en el horiozonte pero precisamente eso no viene a ser un problema ya que los actores, el guión, las situaciones están tan bien montadas que nos dejamos arrastrar por la corriente grácil e inofensiva pero dulce y amable de sus líneas, sin pedirle peras al olmo pero agradeciendo el tiempo invertido en la cocción lenta y amorosa de una receta tan sencilla.
Una pareja entregada, otra intrigada; una mujer curiosa que arrastra a su hombre que se creía más convencional de lo que él mismo se suponía; el juego que comienza, la diversión que se desata y el conflicto que siempre llega: los celos que siempre aparecen para demostrarnos de qué pasta estamos hechos, en verdad, cuando se trata de lidiar con elegancia y deportividad con estas “lindes” del corazón.
¿hay reglas en semejante juego o todo vale si todos consienten?. ¿Qué criterios marcan las diferencias?. ¿Lo tenemos todo controlado cuando el sentimiento siempre termina siendo el menos controlable de los sentidos?. ¿Y qué papel juegan los latigazos de los celos cuando se nos van estos asuntos de las manos y éstos se presentan para recordarnos lo vulnerable que somos ante sus poderosas razones?.
Sin llegar a ser un drama en toda regla, se entiende el curso de los acontecimientos, y esa precipitación a los infiernos del que se quema  al haber jugado con fuego y todos sus finales posibles. Coja usted el que más le guste y se adapte a su metodología: están los que redimen, los que castigan, los encaminados a las naturalezas más preparadas y consecuentes y los crueles que sorprenden y en estos casos, la bendita gracias de estos cuentos para adultos siempre será el final que nos regale el guionista de la historia porque la vida no siempre es tan terrible ni los personajes tan graves como para resolverlos de manera simple.
Parece que tenemos que pagar siempre un precio por nuestros placeres culpables y nada más lejos de la realidad que aprender a gestionarlos con cabeza pero sin medida y con gracieta pero con realidad y siempre carente de toda moralina que juzgue a nuestros personajes y de paso a nosotros mismos. Esto es lo mínimo y único que se le piden a estas historias, eso….y pasar un muy buen rato!!.

Marta Simón.

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