The Green Inferno

En esta segunda jornada los muertos vivientes han vuelto a ocupar las calles de Sitges, pero también los bares y restaurantes, las tiendas… allí donde hubiera cerebros, también había zombies por doquier, dispuestos a celebrar su fiesta anual, la Zombie Walk, que como es habitual (salvo cuando el mal tiempo no ha permitido su normal transcurso) ha sido un éxito. También ha triunfado un nuevo thriller de Johnnie To (del que también se ha visto la estimable Blind Detective), Drug War, que se adentra en las entrañas de esta nueva China en la que junto a lo que unos llaman progreso, han surgido las peores lacras de Occidente, como es el consumo y el consiguiente tráfico de drogas, en este caso, sintéticas. Con momentos de gran acción, To vuelve a demostrar su maestría en el rodaje de las escenas más movidas, y así, los tiroteos de Drug War te dejan clavado en la butaca. Por el contrario, frente al excelente filme de Johnnie To, se ha proyectado The Green Inferno de Eli Roth, del que ya empezamos a añorar su Cabin Fever e incluso Hostel. Y es que en esta ocasión lleva a un grupo de idealistas estudiantes universitarios (estadounidenses) a la selva amazónica peruana, para salvar a una tribu del habitual expolio (y exterminio) que suelen practicar las grandes empresas de hidrocarburos (y madereras, agrícolas…), en su afán de sacar el mayor provecho de la fértil tierra amazónica a cualquier precio. Cuando tras cumplir su misión y hacerse famosos mundialmente toman el vuelo que los llevará a la civilización, un accidente los pondrá en manos de aquellos que pretendían salvar, una tribu de caníbales que toma su llegada como un regalo (para sus estómagos). Más cerca de Holocausto caníbal que de La selva esmeralda, entretiene más en su aspecto aventurero e incluso cómico, que en su faceta gore.

Santiago de Bernardo

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