Rumores y mentiras ***

Octubre 29, 2010

La comedia estudiantil americana, aquella centrada en los institutos o universidades estadounidenses, siempre ha tenido dos vertientes. El lado amable y simpático que se nos ha mostrado en películas como las de John Hughes (a la que ésta debe muchísimo) y el lado más gamberro y descarado que ha navegado desde la genialidad de Desmadre a la Americana a cosas más vistas, como la saga American Pie. Y sin embargo Rumores y Mentiras no puede adscribirse a ninguna de las dos por completo.

Sí, es cierto que la película homenajea a las películas de los 80 y que incluso aparecen imágenes de 16 velas, Todo en un Día y similares. Pero también es cierto que es una comedia gamberra por momentos, con una crítica ácida no sólo a los institutos americanos y sus estereotipos, sino al modo en que nos comunicamos hoy día, a la religión como peligrosa arma para lavar cerebros si es mal entendida, al miedo a lo que es diferente… En ese sentido tiene mucho más que ver con la también muy ácida (venía escrita por Tina Fey) Chicas Malas que con American Pie.

Otros ejemplos de cine juvenil que pueden relacionarse con la película son 10 Razones para Odiarte, la película que nos descubrió al malogrado Heath Ledger, o la infravalorada Salvados, con Mandy Moore y Jenna Malone. De hecho, de ésta última parece haber sacado todo el asunto religioso opresivo y fanático que se vive en la escuela y el personaje de Amanda Bynes en Rumores y Mentiras parece un clon del que Moore interpretaba en Salvados.

Lo que me lleva a la conclusión de que Rumores y Mentiras no puede ser una mala película ni por asomo. Al contrario. Es un muy decente intento por criticar el american way of life y despotricar contra un universo en sí mismo, los institutos, que para los americanos define su vida y su futuro, pero que quizá para nosotros nos pille demasiado alejados. El instituto no es tan definitivo aquí como parece serlo allí. Aunque el resto de la sátira se entiende perfectamente.

Gran culpa de ello la tiene un guión que en la mejor tradición de gente como Joss Whedon, sabe mezclar referencias a la cultura popular con otras a la alta cultura. Y además hacerlo con socarronería y mala baba, que siempre se agradece. Por ejemplo, criticar Gossip Girl en una escena mientras que Penn Badgley, uno de los protagonistas de esa serie de tv, se pasea por el metraje de la película.

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O hacer sangre con La Letra Escarlata de Demi Moore mientras se defiende la película original, pero no hacer referencia nunca a leer el libro ante los demás por aquello del qué dirán, cuando el personaje sí ha leído el libro. Paradójico y bastante divertido, sobre todo con la protagonista explicándolo.

Esa mala uva inicial (ojo al personaje de Cam Gigandet, un tipo de 22 años que aún continúa en el instituto y vive pendiente del grupo de fanáticos cristianos. O los logros del grupo, como eliminar a la mascota de los Blue Devils porque les hacía adorar a Satán), consigue sus mayores logros cuando la protagonista decide que si van a pensar que es un poco casquivana, mejor ser la mayor de todas y vestirse y actuar como tal. Las reacciones de los jóvenes hormonados son impagables.

Y lo hace gracia y acierto visual, como esos travelling a velocidad de vértigo, tal y como vuelan las noticias. No es tan plana como este tipo de comedias suelen serlo y aprovecha muy bien las nuevas tecnologías, como el uso de internet o los móviles o incluso Facebook. El puñal de Thomas Haden Church a Facebook o al uso que se le da no tiene precio…

Y nada de eso sería posible sin un grupo de actores que nos de vida al relato y que podamos creernos. Los jóvenes, donde se aprovecha mucho el mundo de la televisión de donde han salido o se encuentran ahora nombres como los de Penn Badgley, Aly Michalka, Amanda Bynes o Cam Gigandet. Saben hacerse muy bien con sus personajes y hacerlos creíbles, sobre todo Bynes y Michalka. La primera magnífica como líder de las mentes conservadoras cristianas del lugar. Lo borda con una mezcla de arrogancia, ingenuidad y odio visceral que nos hace imposible odiarla… demasiado.

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Y qué decir de los adultos. Pocas veces en una película de instituto, padres, profesores y similares habían sido interpretados por una lista de actores como aquí. Malcolm McDowell, Lisa Kudrow, Thomas Haden Church, Stanley Tucci, Patricia Clarkson… la palma se la llevan estos últimos, liberales, divertidos, inteligentes y completamente locos como padres de la protagonista (el primer desayuno familiar es lo que marca la tónica).

Claro que nada de esto serviría si la protagonista, la arrebatadora Emma Stone, fuese sólo un rostro bonito. Ella hace suyo el personaje de Olive y lo convierte en nuestro, en la vecina de al lado. Su forma de acercarse al personaje está tan llena de vida, lo hace con tanta pasión, que se convierte en el pilar central de la película. No sé si es actriz o animal cinematográfico, porque aún le queda mucho que mostrar. El tiempo lo dirá.

Claro que la película no es perfecta ni lo intenta. Al final de cursilería y lejos del tono de la película, se une un uso excesivo de los tópicos, que a veces no se emplean para hacer reír, sino para crear personajes. Y claro está, no creo que nadie en el universo se crea que Emma Stone es una marginada social y pasa desapercibida en el instituto. Los chicos tendrían que ser ciegos…

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Si buscan una comedia con algo de inteligencia en su guión, con mala leche y con buenos actores, y son capaces de soportar las babas y los viajes hormonales, entonces este es su instituto. Las clases comienzan este viernes, con lo que se ruega puntualidad, antes de que nos manden a todos al despacho del director.

O al de la psicóloga…