Floja propuesta de cine bíblico, carente de ritmo y con una impostada trascendencia en los pasajes dramáticos que la despoja de cualquier atisbo de emoción.

A lo largo de la historia del cine han sido muchos los grandes directores que han mostrado interés por plasmar en imágenes determinados pasajes de la Biblia. Desde Nicholas Ray con Rey de Reyes, pasando por El Mesías de Rossellini, La última tentación de Cristo de Scorsese o la más cercana en el tiempo y polémica La pasión de Cristo de Mel Gibson, se ha intentado retratar con más o menos fidelidad la vida y obras de Jesús de Nazaret. Dejando a un lado la rigurosidad histórica de María Magdalena, con un apóstol Pedro de raza negra, un Judas ejerciendo las funciones de acólito ejemplar y una María que ya no es casquivana sino un icono feminista, lo cierto es que los problemas de la nueva película de Garth Davis, realizador de Lion, residen nuevamente en la incapacidad del director para abordar un punto de partida sugerente, por mucho que nos intente vender la idea de que esta vez la historia del Mesías se cuenta desde otra perspectiva.