Película familiar que se sale por momentos de los esquemas típicos del género. No es que vayamos a llevarnos la sorpresa de nuestra vida, pero es cierto que en el metraje de Una Aventura Extraordinaria, aparecen ciertas cosas que pueden incluso descolocarnos y que hacen la película más interesante para los adultos que para los propios niños. Quizá ese sea el motivo de que la cinta no haya funcionado como se esperaba en USA. De todos modos, como decía, las sorpresas son las justas, pero ya es más de lo que servidor esperaba.

Para empezar, el relato (basado en hechos reales, cómo no) sigue las pautas de otras películas como La gran aventura de Winter el delfín o Liberad a Willy, con la que tiene mucho en común, pero dejando de lado el protagonismo infantil y cediéndoselo a dos personajes adultos, los interpretados por John Krasinski y Drew Barrymore. Sí, hay un personaje infantil, pero es secundario. Eso cambia las reglas del juego y hace también más interesante el relato para los adultos y menos para los niños. También la película juega mucho con las tramas políticas, los intereses, los juegos en los despachos, en una época, el final de la era Reagan, en la que no era habitual que la administración se implicase en temas medioambientales. Esas luchas permiten dar algo de tridimensionalidad a algunos personajes, como el militar al que da vida Dermot Mulroney o el dueño de una petrolera, interpretado por Ted Danson, que acaba por no ser el villano de la función y elude bastantes tópicos.

Y aunque todos sabemos cómo va a terminar la historia, no creo que haya dudas al respecto, por el camino hay más de una sorpresa en el relato, llevándonos a plantearnos temas como la vida y la muerte, cuando menos te lo esperas. Es más agria y gris que otras películas similares. Aunque el personaje de Drew Barrymore sea insoportable de principio a fin o el de Kristen Bell sea un tópico con piernas. O la escasa aparición de Kathy Baker, en un papel que tenía mucha miga. Maneja muchos personajes y muchos rostros populares, como el de Tim Blake Nelson. Y no saca de todos ellos el partido que se merecen.

Sólidamente narrada, mezclando película con las imágenes de los telediarios de la época, jugando con calma la baza del sentimentalismo habitual en estas películas, que sólo empieza a hacerse patente hacia el final del relato, y con un sentimiento de épica cotidiana que le sienta genial a la película (ese barco embistiendo el hielo, pase lo que pase…) y que ayuda a introducirse en una historia que maneja muchas bazas, algunas con sencillez, otras de forma apresurada, pero que no decepcionará a los amantes del cine ecologista ni a las familias que vayan a verla.

Las imágenes bajo el agua son espectaculares y las ballenas tienen ese aire de misterio, de animales desconocidos, que siempre despierta el interés de cualquiera. El resultado, una buena película familiar con más de un detalle que otras deberían tener en cuenta.

Jesús Usero.

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