Crítica de la película Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald

Mejor película que la anterior, en la línea de las dos últimas de la saga de Harry Potter.

Oscura y siniestra como nos prometieron y con un desarrollo de personajes y conflictos más maduro que la primera entrega de las peripecias de Newt Scamander, entiendo que esta segunda entrega no haya convencido a quienes acuden a la saga a ver más de lo mismo y esperaban otro cuento de hadas como el que muy competentemente nos ofrecieron en la película anterior. Aquella me gustó. Era buena. Ésta me gusta más. Alcanza el nivel de desarrollo y madurez de la trama en mucho menos tiempo de lo que necesitó la saga de Harry Potter para conseguir los mismos resultados. J.K. Rowling demuestra que domina más y mejor este universo que ha creado y tiene una mayor solidez a la hora de construir la historia. Insisto en que ha llegado al tono al  que llegaron en las dos últimas películas de Harry Potter en mucho menos tiempo, y precisamente por ello sospecho que a muchos espectadores que quizá esperaban un ritmo más lento del progreso de personajes e historia les ha pillado de improviso esta maduración drástica de la primera a la segunda película de la saga. Vemos aquí un proceso de aceleración de la propuesta que no estaba en la anterior, pero responde a la propia personalidad diferenciada de esta serie de precuelas de las películas de Harry Potter.

Crítica de la película Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald

Paso atrás en la sagaAnimales fantásticos, que cumple pero ofrece demasiado relleno. Sean o no fans de la saga Harry Potter, seguro que saben que este fin de semana se estrenaba en todo el mundo Animales Fantásticos 2, la secuela del spin off precuela de la saga original. Y que nos ha ofrecido una película que parece a medio hacer, a caballo entre una épica aventura mágica y una telenovela de saldo. No, no pretendo ofender cuando digo estas palabras. Pero quien haya visto la película no me negará que hay un par de momentos en los que seguir los árboles genealógicos de los personajes (casi todos) es más complicado que adivinar el número de la lotería de esta semana…

Blackwood ★★★

Julio 31, 2018

Crítica de la película Blackwood

Terror sobrenatural disfrazado, para una película de género puro. Cuando nos hablan de una película para adolescentes con producción de Stephenie Meyer y basada en una novela para jóvenes adultos, como las llaman en territorio anglosajón, uno piensa más en la saga Crepúsculo de la propia Meyer que en lo que se encuentra en Blackwood. Lo que es una sorpresa en todos los sentidos, y convierte la visita a esta peculiar escuela en un viaje más que interesante y revelador. Una película de terror clásico, más interesada en crear una atmósfera y una sensación de angustia en el espectador, que en doblegarse a los intereses habituales de Hollywood, a quien a lo mejor le interesaba más una película en la línea de lo antes mencionado, en lugar de Blackwood.

El público sale ganando con esta historia, sin lugar a dudas. Un viaje de una joven a un recóndito lugar, a una escuela que se cae a pedazos, pero que parece el único lugar del mundo donde puede ser aceptada. Allí, junto a un reducido número de alumnas y profesores, y bajo la atenta mirada de una muy peculiar directora, las chicas desarrollarán increíbles habilidades en un campo diferente cada una, aunque los oscuros rincones de Blacwood esconden demasiados secretos, algunos de ellos podrían ser demasiado peligrosos y determinar el destino de las chicas. Lo curioso de la trama, tan sencilla y funcional, es que apenas hace caso al componente romántico, y lo relega al rincón como si se tratase de un incordio.

La película tiene una notable influencia del cine de terror de los años 70 y 80, pero no del género más campy, sino del serio, del interesado en mostrar el terror en cada esquina, en lo aparentemente cotidiano convertido en terrorífico. Con un punto sobrenatural y una iluminación brillante, donde comprendemos desde el inicio el título original, Down a Dark Corridor, porque esos pasillos oscuros existen, y Rodrigo Cortés, director de la película, les saca todo el partido. Siempre buscando (o casi siempre) crear tensión, generar en el espectador la angustia de lo que viven las protagonistas, ese camino de dolor que produce el arte. Pero no abusa de sustos, no quiere que sea ese tipo de película. No le interesa que sea la película previsible que, sin duda esperábamos.

La música es un componente imprescindible de la película, y hay que reconocer que AnnaSophia Robb y Uma Thruman ante todo (no quiero olvidarme de Isabelle Fuhrman ante todo) dan un empaque al reparto magnífico. Sobre todo porque los personajes tienen algo que contar. Pero el guión es demasiado autocomplaciente, demasiado visto en cine y televisión, como para sorprendernos lo más mínimo en sus giros, y sobre todo, demasiado acelerado al final, cuando los hechos empiezan a acumularse casi por necesidad, más que de forma orgánica. El resultado la hace irregular, pero el talento de su director y reparto, hacen que sea una grata sorpresa. Una película de terror que recuerda una forma de abordar el género casi olvidada. Pero que sigue siendo muy efectiva.

Jesús Usero

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©accioncine

VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Teaser tráiler oficial de la fantástica aventura de Disney "Oz, un mundo de fantasía". En cines en 2013.

Cuando Oscar Diggs (James Franco), un mago de poca monta, se pasa con sus timos, se ve arrastrado a Oz, un país de fantasía, donde tiene que arreglárselas para transformarse en un gran y poderoso mago y también en hombre mejor de lo que es.

"Oz, un mundo de fantasía", dirigida por Sam Raimi, recrea los orígenes del Mago de Oz, el popular personaje de Frank Baum. Oscar Diggs (James Franco), un mago de circo de poca monta y de dudosa reputación, es arrojado desde la polvorienta Kansas al reluciente País de Oz. Está convencido de que le ha tocado el premio gordo y que la fama y la fortuna están a su alcance. Pero las cosas cambian cuando conoce a tres brujas: Theodora (Mila Kunis), Evanora (Rachel Weisz) y Glinda (Michelle Williams), que no están nada convencidas de que Oscar sea el gran mago que todo el mundo estaba esperando. A su pesar, Oscar debe enfrentarse a los enormes problemas que tiene el País de Oz y a sus habitantes, y tendrá que descubrir quiénes están de su lado y quiénes son sus enemigos antes de que sea demasiado tarde Utilizando sus juegos de magia con ingenio, fantasía y algo de brujería, Oscar no sólo se transformará en el grande y poderoso Mago de Oz sino también en un hombre mejor.

Crítica de la película El sicario de Dios

La hibridacion de géneros y elementos procedentes de distintas fuentes preside esta propuesta de cine de evasión pura y dura que llega a la cartelera con el atractivo de recuperar a los vampiros como las alimañas molestafamilias que siempre han sido. Hay que ir a verla con la caja de palomitas adosada y con muchas ganas de festejar las piruetas visuales que se nos ofrecen. En sus tres cuartas partes es entretenida y funciona bien como relato de aventuras en el que se cruzan el western, la ciencia ficción, el terror y una influencia clarísima en lo visual y en la planificación de las escenas de acción del manga coreano.

Adiós a los romeos colmilludos. Adiós a los iconos románticos con adicción por morder la yugular ajena. Adiós los chupasangres torturados y con alma, sumidos en la angustia de enamorarse del ganado que les sirve como alimento. Hola a las alimañas noctámbulas que no aguantan el sol ni con una crema de protección de más de 100, viven en cuevas malolientes y además son tan feos como un pecado. Hola a los vampiros de la especie más letal y peligrosa, los que matan para comer, los que llevan años librando una guerra con los humanos, los que se agrupan como insectos en una colmena y son todo dientes y garras.

Solo por ese portazo a la imagen descafeinada de los vampiros como héroes románticos que nos ha venido proporcionando el cine en los últimos tiempos ya me hace gracia El sicario de Dios. Pero es que además creo que al menos en su primer y segundo acto se maneja muy bien con ese juego de hibridación de varios géneros en el que se mete de cabeza y con ganas dispuesta a sacarle el jugo a un argumento que claramente nos remite a un clásico del western, Centauros del desierto: veterano de una guerra ya terminada es abandonado como juguete roto cuando llega la paz pero encuentra la ocasión de reciclar sus cualidades más belicosas iniciando una cruzada para rescatar a su sobrina, en la película de Ford, de los indios, y en ésta otra de los vampiros, que son como indios pero con dientes afilados… Se repite claramente la idea del vínculo sentimental con la esposa del hermano. Se repite la asociación con un joven novato que añade el tema del camino de iniciación al resto del argumento de cruzada y rescate propiamente dicho. No hay caballos, pero hay motos. No hay indios, pero hay vampiros. Sí hay reservas, y desiertos, y sheriff y vendedores de pócimas milagrosas (el papel interpretado por Brad Dourif está algo desaprovechado, pero es todo un guiño a esos personajes secundarios que dan color a las grandes historias del western), y un asalto al tren… Incluso uno de los acólitos sirvientes de los vampiros encerrados en la reserva suelta el típico discurso en la línea de Gerónimo,  quejándose de lo que los blancos (traducido aquí: los humanos) han hecho con los indios (es decir, los vampiros), que eran guerreros orgullosos y han sido exterminados u obligados a domesticarse y vivir miserablemente en reductos infectos…

De manera que la primera pieza está clara: esto es un western, variante futurista, pero sobre todo western al fin y al cabo.

La segunda pieza ya no está tan bien manejada como la primera, esto es: resulta menos sólida en su desarrollo en pantalla, porque básicamente es algo epidérmico, el envoltorio exterior, el papel de celofán de la historia. Se desarrolla en las ciudades, donde nos encontramos con un planteamiento visual que podría parecernos remite a la influencia de Blade Runner en películas como Criatura perfecta, Daybreakers, Equilibrium o incluso Dark City… Es un boceto apresurado de ese mundo futuro, sumido en las tinieblas éticas impuestas por una dictadura de la religión que suena algo falsa y dibuja más como boceto apresurado, más endeble incluso que esa otra dictadura futurista de la religión mostrada en Babylon A.D., y por todo ello, meno temible o inquietante que aquella.

En este futuro que se desarrolla como una aberración altamente improbable y renuncia a todo intento de hacer una prospectiva sólida y creíble de cómo pueden influir los credos y las religiones organizadas en el futuro, habría hecho falta mayor rigor y profundización, menos apresuramiento a la hora de pensar esa sociedad distópica de la que sólo se nos dice que la Iglesia se ha convertido en el poder absoluto, se nos insiste en el mensaje orwelliano que afirma que “ir en contra de la Iglesia es ir en contra de Dios” y se desperdicia a un actor como Christopher Plummer en un papel que es poco más que una caricatura apresurada del tradicional villano manipulador y despótico. Ese apresuramiento en el tratamiento de lo que podríamos denominar la parte urbana de la fábula acaba convirtiéndose en un lastre que perjudica a la parte de western, aunque incluye un plano muy curioso, el de los confesionarios puestos en fila,  y un fragmento, el de la confesión electrónica propiamente dicha, que con poco metraje acierta a decir muchas cosas sobre la situación en que vive el personaje y su relación con la Iglesia, así como sobre el tipo de sociedad en la que nos encontramos. Casi redime la parquedad en esa parte de la historia, y me hizo pensar en lo interesante y astuto que habría sido incorporar en la parte urbanita del relato elementos de la parte de la novela de Phillip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? que sirvió como base a Blade Runner. Me refiero a todo lo referido a la religión del mercerismo, la “caja de empatía” que opera electrónicamente y permite a los usuarios revivir el martirio y el ascenso de William Mercer, en un ciclo de vida, muerte y renacimiento que recuerda a la figura de Cristo. En Blade Runner se eliminó esa parte de la novela de Dick, pero aquí habría sido una buena oportunidad de darle algo más de fuerza a la representación de un régimen dictatorial de carácter religioso que tal como está queda casi como un espectáculo de guiñol tocado además por un peregrino y algo infantiloide anticlericalismo de libro, al parecer “políticamente correcto”.

El tercer elemento que aparece en este entretenido híbrido es el terror, aportado sobre todo de manera muy convencional por esa entretenida recuperación de los personajes de vampiro en clave de alimaña asesina y con todo el espíritu de la serie B fantástica de toda la vida,  la más festiva, con entradas en cuevas, peleas en galerías oscuras, aparición de bestezuelas varias, amputaciones de todas las formas y colores y efusiones sangrientas autorizadas para menores de 13 acompañados, esto es, en plan de aventuras fantásticas, más que de gore del duro, y sin echar tripas contra la cámara. Muy funcional, esta recuperación de las criaturas de la noche, que diría el Conde Drácula, es mero pretexto para aportar una amenaza monstruosa a la trama, y cumple con eficacia su función de adorno terrorífico para el relato.

Por  último el puzzle se completa con toda la influencia de la fuente de origen de la película, un manga coreano, la novela gráfica Priest, de Min-Woo Hyung, que además de servir como base argumental y de personajes para El sicario de Dios aporta ese giro hacia el spaguetti western que viene marcado por el personaje del vampiro humano (incluso su forma de vestir es propia de la variante de eurowestern practicada en corea en películas como El bueno, el malo y el raro, de Kim Jee-Woon), y nos lleva hasta un desenlace de enfrentamiento y combate con asalto al tren a base de coreografía con cables que recuerda también el anime y cierra la película con una espectacular escena de acción que inevitablemente trae a la memoria la resolución de Mad Max 2: el guerrero de la carretera. Aquí ya la manera de resolver visualmente el enfrentamiento es más floja, por demasiado prolongada en el tiempo y poco original en su propuesta visual, así como por su tendencia a acumular momentos de acción poco creíbles más propios de las exageraciones de un dibujo animado asiático que de una película en imagen real.

Esa resolución final estropea en parte el conjunto de la película, que cae así en lo más previsible.

A pesar de ello, creo que El sicario de Dios tiene elementos sobrados para ser una competente y entretenida película de palomitas.

Miguel Juan Payán