Fausto ***

Marzo 02, 2012


Compleja muestra del popular mito, sólo apta para iniciados. No sólo al mito de Fausto y su venta del alma al diablo, sino también al cine de su autor, el ruso Alexandr Sukurov, quien deja claves, referencias, señales de su obra anterior, de tal modo que para el espectador ajeno a la misma resulta tremendamente complicado entrar en la historia o la película, que da muchas cosas por sentado, como si necesitase que su público fuese erudito en la materia. Y repito, la materia no es la historia, sino el cine del director. Lo que queda es una magnífica indulgencia, un ejercicio de ego con imágenes poderosas y únicas, pero que tiene demasiado claro su concepto como obra única y personal.

Vamos, que lo que siempre criticamos acerca de películas que son una mirada al ombligo de su responsable, que sólo le interesa verla a él y a sus cuatro colegas, en Fausto se multiplica por mil. El Árbol de la Vida es una comedia romántica tópica a su lado. No hay forma de introducirse en su densa historia, sus diálogos recargados y complicados hasta la exasperación, su nula complicidad con el espectador ajeno… Si el cine es ante todo entretenimiento y luego, si hay suerte, algo más, Fausto es el anticine vestido de gala. No deja ni un resquicio por el que colarse.

No, no me he confundido de crítica ni le he dado tres estrellas porque me haya sentado mal la cena o el café. La película es buena. Visualmente llega a ser fascinante y contiene todos los elementos de Fausto reconocibles en él, con algún curioso cambio respecto a versiones anteriores, como el personaje de Mefistófeles, aquí sólo llamado el prestamista, un tipo que ha perdido todo su encanto y se convierte en un ácido y miserable negociador, lo que centra aún más la atención en el personaje de Fausto.

Es su cháchara interminable lo que desespera. Sus diálogos acaban con el más pintado. Su complejidad es tal que uno es incapaz de seguirlos y cuando lleva una hora y media de película y sucede la primera pausa de la verborrea, es demasiado tarde y cuesta reconectar con la historia. Cuesta tanto que por el camino uno se ha perdido toda la riqueza visual de la película, que no es poca. A veces uno parece estar mirando un cuadro de Vermeer en movimiento. Una maravilla para los sentidos. Por eso me parece una buena película, porque visualmente lo es.

Ahora bien, quien acuda a verla, que no se deje engañar sólo por lo visual o lo narrativo. Creo que he sido bastante claro de a qué se va a enfrentar cualquier espectador que despistado se meta a ver la película. Quien conozca el trabajo del director y le guste, perfecto. Quien entre de buenas a primeras se va a dar de bruces con un muro de una densidad enorme. Una muestra de talento algo desperdiciada por la necesidad de Sukurov de hacer una película para él, en lugar de para el público. Una bala perdida. Cine de autor lo llaman… Seguro que algún defensor de la intelectualidad mal entendida la encuentra maravillosa. El resto, se aburrirá como una ostra.

Jesús Usero.