Furia Ciega ***

Abril 08, 2011

Si alguno piensa que me he vuelto loco al colocarle 3 estrellas a esta película de Nicolas Cage dirigida por Patrick Lussier, quizá esté en lo cierto. O quizá es que hoy me he levantado con ganas de jarana y esté esperando a que el público se levante y me abuchee. No sé cuál de las dos opciones es la más acertada. Lo que sí tengo claro es que pocas veces en los últimos tiempos me había encontrado con un producto tan divertido, gamberro, golfo y desvergonzado como esta aventura con tintes sobrenaturales que el director de un San Valentín Sangriento, con la que tiene muchísimo que ver, nos trae con habilidad y un sentido del humor descacharrante.

Podríamos perfectamente englobar Furia Ciega dentro de ese género que mi compañero Miguel Juan Payán denomina cine de mazmorra. Cine que ni es ni pretende ser bueno. Cine de serie B o serie Z que explota sus claves con frescura y mucha cara dura y que consigue, pese a sus defectos y carencias, hacernos pasar un rato memorable por la vía del sentido del humor, en este caso. Por el camino de las risas que en muchos momentos son completamente intencionadas. Sabiendo perfectamente lo que ofrece y cuáles son sus puntos fuertes.

La historia de un hombre que escapa del infierno para salvar a su nieta de una secta satánica, mientras las fuerzas del averno le persiguen, podía haberse convertido en otra película más con ínfulas de producción seria y mucha filosofía barata. Podía haber mostrado el drama de un padre que perdió a su hija, el dolor de haber pasado por el infierno, la pérdida… Y no lo hace porque bastantes dramas tenemos ya en nuestro día a día. Mejor tirar por el camino del exceso y la parodia, la coña limonera y las situaciones imposibles. Mejor dejarse llevar por la serie B que por el camino del héroe atormentado. Y así salimos todos ganando.

Consciente de que el argumento no hay por dónde cogerlo y de que se trata de una película de palomitas, y encima en 3D, la película emplea los tópicos y las situaciones a su favor, llevándolas a extremos completamente hilarantes en muchos casos, para conseguir que el espectador pase un rato la mar de divertido y dé por bien invertido el dinero de la entrada. Si alguien cree que eso no es digno de elogio, entonces es que sí, me he vuelto loco.

Aunque por las reacciones de muchos de mis compañeros al metraje de Furia Ciega, no creo que sea así. Reírte, lo que es reírte, te ríes. Mucho. Y no porque la película pase de escena imposible a escena imposible, o no sólo por eso. Es porque lo hace siendo muy consciente del terreno que pisa y de dónde están sus límites. La escena de apertura, con los tres tipos huyendo de Nicolas Cage y cómo se resuelve (y cómo abusa del 3D para disfrute del personal) es el perfecto punto de partida para situarnos en lo que va a ser un viaje a toda velocidad y encima sin frenos.

Simplemente el chiste sobre el café que acaba con un beso de tornillo espectacular del protagonista a una camarera con ganas de marcha, nos sirve para saber perfectamente que lo que estamos viendo es una gran broma, controlada en casi todo momento por su director y sus actores. Ya en San Valentín Sangriento, Patrick Lussier tenía una de las mejores escenas de muerte con el asesinato en el motel de carretera, que nos dejaba bien claro que ni los responsables de la película se tomaban en serio lo que contaba la misma. Aquí hay un momento de gloria en otra habitación de motel con Cage manteniendo sexo con una mujer de muy buen ver, mientras los malos intentan darle muerte, que merece entrar en los anales del cine de mazmorra. Y que nos permite reírnos a carcajadas durante la duración de la misma.

Los diálogos tienen un punto de recargado que sólo acentúan la sensación surrealista que transmite la película, el punto de cachondeo sano e irreverente que necesita. El duelo entre Amber Heard (pedazo de mujer) y su novio, la charla de William Fitchner con los dos policías lanzando la moneda al aire (y cómo termina la situación o cómo se repite en el futuro), la llegada al bar de carretera… Como poco hacen que sonriamos. Si encima los actores saben a lo que están jugando, pues miel sobre hojuelas.

Hace tiempo que mi compañero Miguel y yo jugamos a ver en qué película Nicolas Cage, antaño actor respetado, emplea el pelucón más ridículo. Me atrevo a decir que en este caso Cage emplea su pelo natural pero teñido, o algo muy parecido, porque no tapa su calvicie en ningún momento, y simplemente se deja llevar por la película con un aire de Mad Max pasado de rosca. Aunque la estrella de la función sea William Fitchner como ese contable del infierno, todo profesionalidad, aunque a veces disfrute demasiado su trabajo, como cuando arrasa entre los coches de la policía en un camión explosivo, silbando una alegre melodía.

Eso y mucho más hacen de Furia Ciega una película que, si se sabe a lo que se va al cine, se gane al espectador desde el primer momento. Nadie debe tomársela en serio. Y desde ese momento empezaremos a disfrutar como niños chicos con la película más friki, cachonda, sinvergüenza y desfasada de lo que llevamos de año.

Sólo cuando se pone un poquito trascendente se va el buen rollo que transmite. Pero son momentos menores de este homenaje/parodia al cine satánico de los 70, con su secta, sus malos de panfleto y su héroe espartano. Lo dicho, cine de mazmorra en estado puro. Frikismo elevado al cubo. Si van ustedes buscando un drama intimista, pues es posible que se lleven un chasco. Pero si buscan pasar un rato divertido entre risas, coches y mujeres de infarto, Furia Ciega no va a decepcionarles.

Jesús Usero