Futbolísimos ★★

Agosto 17, 2018

Crítica de la película Futbolísimos

Cine familiar que carece del gancho de otras producciones. No he tenido el gusto de leer la novela en que se basa la película de Miguel Ángel Lamata, un libro para los más pequeños de la casa escrito por el también guionista Roberto Santiago, que da inicio a una saga literaria de incontables entregas ya, que además imagino pretende estrenar saga en cine, sin que sea ésta su primera y última aportación. Quizá el resultado no sea el más adecuado para lanzarse a producir más películas, aunque será la taquilla quien determine eso, no nosotros, ni mucho menos. Pero sí es verdad que lo que vemos en pantalla está más cerca de El Sueño de Iván (también de Roberto Santiago y Pablo Fernández Vázquez) o la saga de Los Fieras F.C, que de Matilda, sin ir más lejos.

La historia es sencilla, un equipo de un colegio (con campo de hierba… quien lo hubiese pillado con 11 años) que va a desaparecer si no salva la categoría. Si no gana al menos un partido de los tres que les quedan, descenderá, y será reemplazado por un coro. Pero una conspiración parece que se cierne sobre los niños, quienes tendrán que evitar que quien está durmiendo a los árbitros, consiga su propósito de hacerles descender. A partir de ahí una aventura que lleva a los personajes a varios, problemas, entretenida sin dudas, sobre todo para los jóvenes, pero que no explota el potencial que tiene detrás de ella. Potencial que a veces, solo a veces, sale a la luz.

La película está tan enfocada en los niños que se olvida del público que lleva a los niños al cine, de darles algo que mascar. Si es usted mayor de 12 años, no encontrará casi nada a lo que aferrarse. Un par de chistes (bendita Carmen Ruiz) salvan los muebles. Pero la película siempre lo hace siendo extremadamente condescendiente con los niños (personajes y público) y ridícula con sus personajes adultos. Personajes que, por cierto, sobran en gran medida en una trama que, de haber apostado por una comicidad en la línea de Mortadelo y Filemón, por ejemplo (algo que hace en varios momentos), habría mejorado el resultado final. Para todos los públicos. Grandes y pequeños.

El resultado queda así irregular. El tema del fútbol está tratado como muchas veces en estos casos, como si a nadie excepto a los más jóvenes, interesase realmente el deporte. Como si nadie hubiese jugado al fútbol nunca… El balón digital tampoco ayuda. Viendo la película nos queda la sensación de que no es una experiencia a compartir entre padres e hijos, sino un producto sólo para los pequeños de la casa, y no uno que haya quedado redondo. Resultona en algunas partes. Entretenida a veces (el asalto a la casa del entrenador, la persecución…), pero demasiado irregular, demasiado plana y demasiado simple por momentos. No es terrible el resultado final, ni mucho menos. Pero tampoco es bueno. Se queda en esa peligrosa tierra de nadie de las películas que no llaman demasiado la atención.

Jesús Usero

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Daniel Sánchez Arévalo regresa con una comedia sensacional con el espíritu de Primos. Y sé que no es justo comparar ambas películas que no tienen nada que ver en las tramas, las historias personales y los dramas que plantea. Primos era más ligera en ese sentido, más liviana en muchos aspectos. Pero el humor sutil, inteligente, surrealista y efectivo está muy presente, como el gusto por el detalle y la puesta en escena del director, como las sensacionales interpretaciones o la apuesta por hacer una película con la clara intención de que llene salas de cine como hizo Primos. Y encima con inteligencia, drama humano y un humor contagioso.

¿Quién iba a pensar que España iba a llegar a la final del Mundial? Con esa idea la película nos lleva de vuelta a 2010, con una familia numerosa en la que el hermano pequeño se casa, en la finca familiar, el día que España juega la final del mundial. Y la boda no sale como esperábamos. Con esa idea parte esta compleja película sobre una familia, cinco hermanos, y las relaciones que se establecen entre ellos, las que se recuperan y las que se perdieron. El reencuentro que saca a relucir la suciedad bajo la alfombra, el miedo a perder, la soledad, los celos, la juventud… Pero que nadie se alarme, que esto es una comedia. Y, como en la vida real, la única forma convincente de superar un problema es con humor.

Un humor que gira en torno al fútbol, al sexo, a las disfunciones familiares (no sólo las de la película, las suyas, las mías… las de cualquier familia), el amor… con mucha sutileza y un punto surrealista marca de la casa, como esa conversación que mantienen continuamente entre Antonio de la Torre y Roberto Álamo tras un incidente en casa de su padre. O la hija futbolera del propio de la Torre. O la abuela. O todo lo que hace Roberto Álamo. O el cameo de Raúl Arévalo. O la prima en la boda. O un surrealista accidente. O esa maravillosa charla a dos bandas entre las dos familias de los novios cuando un “terrible” secreto es revelado… que arranca carcajadas en la sala.

Y qué reparto. De Quim Gutiérrez (creo que nadie le saca mejor partido que Sánchez Arévalo, con todos mis respetos, a este gran actor) a Antonio de la Torre, pasando por Patrick Criado, Roberto Álamo, Verónica Echegui, Héctor Colomé, Miquel Fernández o Arantxa Martí. Sin querer olvidarme de Sandra Martín, que es un torbellino que arrasa donde cae y puede ser la revelación de la película sin lugar a dudas. Una película con un final sobrecogedor, pero esperanzador, sincero y tierno que explica mucho y deja abierta la vida al futuro. Aunque la historia de los tres jóvenes quede algo menos resuelta o me convenza menos en su final. Y todo con el mundial de fondo, ese momento que dio una pequeña alegría a nuestro país y que, además, encaja en la película como un guante. Repito, Daniel Sánchez Arévalo es un director sensacional. Por lo demás una de las mejores películas del año, de las mejores comedias, y de lo más recomendable para ver en cartelera. Porque se lo merece. Si te gustó Primos, a por ella. Y si te gusta reír, también. No te defraudará.

Jesús Usero.

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