Soberbio y sencillo drama familiar con tintes de humor, digno ganador del Globo de Oro. Como lo es su protagonista, un contenido George Clooney, que borda el papel de padre en apuros ante la enfermedad de su mujer y la rebeldía de sus dos hijas. Una película, como decía antes, sencilla y sin estridencias. Calmada y natural, que aprovecha los escenarios naturales de Hawaii para mostrarnos que las cosas no son perfectas ni mucho menos en el paraíso. Una película que enlaza perfectamente con trabajos anteriores del director Alexander Payne y que se postula como seria candidata a los Oscar. Aunque tiene una lista de competidoras como para no verlo claro...

El caso es que en tiempos en los que los dramas que parecen ganarse el beneplácito de la crítica y los premios son historias desgarradoras, de esas llamadas más grandes que la vida, Payne opta por una historia pequeña pero no por ello menos conmovedora. Un drama real en el que todos podemos sentirnos identificados. No paraba de pensar durante la proyección en las historias de gente como Alejandro González Iñarritu y sus grandilocuentes dramas en contraposición a esta pequeña historia. Y, la verdad sea dicha, me quedo con una película como Los Descendientes.

No porque sea mejor o peor sino porque me resulta más creíble. Aquí no hay un marido hundido porque su mujer ha sido tiroteada en Marruecos mientras sus hijos corren por la frontera en manos de una niñera sin papeles. Ni mujeres en busca de venganza en un camino directo al cementerio. Aquí tenemos la historia de un padre y marido con una esposa en coma irreversible debido a un accidente y unas hijas con las que no sabe cómo lidiar. La pequeña se dedica a meterse con sus compañeras de clase y a hacer fotos artísticas de su madre enferma para un trabajo de clase. La mayor está en un colegio internada por sus escarceos con el alcohol y los hombres. Como si encerrarla en otra isla fuese a solucionar las heridas abiertas.

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Y en todo ello el personaje de Clooney se ve obligado a tomar las riendas de su familia. Aprender a ser padre, algo que había dejado en manos de su mujer para dedicarse a su trabajo. Y ahora ve que lo pierde todo por momentos. Que se le escapa entre los dedos porque no ha sabido ser mejor hombre antes. No mejor padre o marido simplemente padre y marido. Algo que daba por hecho hasta que la tragedia le golpea. Como muchos de los personajes de Payne es un tipo gris y sin nada especial que se dedica a recordarnos que su tatarabuela era descendiente del rey Kamehameha I. Lo dice más de una vez porque le hace sentirse especial. Único. Cuando en realidad sólo es un tipo más que no sabía lo afortunado que era hasta que se le cae el castillo de naipes. Con dinero, con una mujer preciosa y unas hijas que le adoran. Pero como muchos de nosotros él no lo veía.

La historia se deja llevar por los personajes porque en ellos reside la historia. El aprender a lidiar con el dolor, saber decir adiós, madurar, apreciar a nuestros seres queridos. Soportar el dolor y la pérdida. Aprender a vivir con ello. Todo lo vivimos a través de las reacciones de sus personajes y de cómo lidian cada uno de ellos con lo que se les plantea. Con lo que les da la vida. George Clooney les guía en ese camino sin saberlo con una interpretación brillante. Sin histrionismos ni desgarradores gritos de dolor. Con una mirada serena que va de la tristeza y el shock a la aceptación. Inmenso como actor. Hace fácil lo más difícil. Convencernos de que es un tipo gris y normal con más defectos que virtudes.

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No anda mal acompañado con Shailene Woodley, protagonista de Vida Secreta de una Adolescente, a la cabeza como la hija mayor (lo dice todo con una mirada), pero sin olvidar gente como Robert Forster (su escena del hospital es simplemente memorable), Beau Bridges (impresionante en el bar), Judy Greer, Matthew Lillard... A algunos incluso los recupera del ostracismo. Hasta el personaje de Sid, el amigo dela hija, que parece un simple bufón al principio, va creciendo en torno a Clooney según avanza la película.

Tiene detalles de humor sutil e irreverente, muy efectivo, pero es en menor cantidad que otras obras del director. Un director al que se le nota cada vez más fino y elegante. Su uso de la elipsis (la firma con los primos, el final) resulta primoroso. Siempre ha sabido escribir muy buenos guiones, pero poco a poco se consolida como narrador que sabe aprovechar los elementos visuales de la historia. Aquí por supuesto, Hawaii con varias de sus islas. Sabe imprimir a la historia la ternura justa y el drama justo también. Nunca resulta ni demasiado blando ni demasiado dispuesto al exceso. Aunque la trama de los primos y la venta de las tierras pueda resultar innecesaria. Es quizá el momento que más alarga la película sin ofrecer nada que realmente brille sobre el resto del metraje. Pese a su simbolismo sobre el cambio, no aporta nada a la película que ésta no tuviese ya en el resto de la historia.

En resumidas cuentas una película excelente. Un drama serio y coherente no propenso a los excesos ni a la comedia que lo aligere. Ni a los finales dulces ni a lo devastador. Sólo un sencillo reflejo de la vida. Delos lazos que creamos y las responsabilidades que asumimos. De la vida y cómo encajar la muerte. De nuestros hijos y lo que heredan de nosotros, mucho más importante que el dinero o las tierras. Con su ración justa de sorpresas y giros dosificados y nunca saliéndose de tono demasiado. Emocionando a través de las cosas más normales. Equilibrados. Y con un reparto que está en su mejor momento. Una película hecha para degustar buen cine.

 

Jesús Usero

TRAILER

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FEATURETTE

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