Daniel Sánchez Arévalo regresa con una comedia sensacional con el espíritu de Primos. Y sé que no es justo comparar ambas películas que no tienen nada que ver en las tramas, las historias personales y los dramas que plantea. Primos era más ligera en ese sentido, más liviana en muchos aspectos. Pero el humor sutil, inteligente, surrealista y efectivo está muy presente, como el gusto por el detalle y la puesta en escena del director, como las sensacionales interpretaciones o la apuesta por hacer una película con la clara intención de que llene salas de cine como hizo Primos. Y encima con inteligencia, drama humano y un humor contagioso.

¿Quién iba a pensar que España iba a llegar a la final del Mundial? Con esa idea la película nos lleva de vuelta a 2010, con una familia numerosa en la que el hermano pequeño se casa, en la finca familiar, el día que España juega la final del mundial. Y la boda no sale como esperábamos. Con esa idea parte esta compleja película sobre una familia, cinco hermanos, y las relaciones que se establecen entre ellos, las que se recuperan y las que se perdieron. El reencuentro que saca a relucir la suciedad bajo la alfombra, el miedo a perder, la soledad, los celos, la juventud… Pero que nadie se alarme, que esto es una comedia. Y, como en la vida real, la única forma convincente de superar un problema es con humor.

Un humor que gira en torno al fútbol, al sexo, a las disfunciones familiares (no sólo las de la película, las suyas, las mías… las de cualquier familia), el amor… con mucha sutileza y un punto surrealista marca de la casa, como esa conversación que mantienen continuamente entre Antonio de la Torre y Roberto Álamo tras un incidente en casa de su padre. O la hija futbolera del propio de la Torre. O la abuela. O todo lo que hace Roberto Álamo. O el cameo de Raúl Arévalo. O la prima en la boda. O un surrealista accidente. O esa maravillosa charla a dos bandas entre las dos familias de los novios cuando un “terrible” secreto es revelado… que arranca carcajadas en la sala.

Y qué reparto. De Quim Gutiérrez (creo que nadie le saca mejor partido que Sánchez Arévalo, con todos mis respetos, a este gran actor) a Antonio de la Torre, pasando por Patrick Criado, Roberto Álamo, Verónica Echegui, Héctor Colomé, Miquel Fernández o Arantxa Martí. Sin querer olvidarme de Sandra Martín, que es un torbellino que arrasa donde cae y puede ser la revelación de la película sin lugar a dudas. Una película con un final sobrecogedor, pero esperanzador, sincero y tierno que explica mucho y deja abierta la vida al futuro. Aunque la historia de los tres jóvenes quede algo menos resuelta o me convenza menos en su final. Y todo con el mundial de fondo, ese momento que dio una pequeña alegría a nuestro país y que, además, encaja en la película como un guante. Repito, Daniel Sánchez Arévalo es un director sensacional. Por lo demás una de las mejores películas del año, de las mejores comedias, y de lo más recomendable para ver en cartelera. Porque se lo merece. Si te gustó Primos, a por ella. Y si te gusta reír, también. No te defraudará.

Jesús Usero.

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