Recupera algo del tono de las dos primeras entregas y es mejor que Underworld: el Despertar.

La guerra de los licántropos contra los vampiros alcanza un nuevo episodio en esta quinta entrega de la saga que es más entretenida que su precedente, aunque no consiga alcanzar la que sigue siendo la mejor entrega de toda la franquicia, la tercera película, en clave de precuela, Underworld: la rebelión de los licántropos.

Cierto es que Selene no tiene nada realmente nuevo que ofrecer como personaje. De hecho, en esta entrega está totalmente superada por la antagonista, Semira, interpretada por Lara Pulver, que es donde realmente se encuentra lo interesante de esta película. Sorprende lo poco que se curran los guionistas el papel de Kate Beckinsale, que en definitiva es el emblema de la franquicia, para que pueda dar la idea de evolucionar de un largometraje a otro. Por el contrario, Selene siempre es la misma, no ha cambiado desde el primer largometraje. Y eso es un lastre para la saga. Los mismos monólogos que se hacen cada vez más cansinos, las mismas escenas de acción en las que se ve poco o nada –me refiero a las del principio-, el mismo tema de las acrobacias con cable que se repiten de una película a otra… Selene está estancada en el mismo boceto de heroína de acción desde el primer largometraje.