El hipnotista ***

Julio 08, 2013

El hipnotista, intriga con toques de escalofrío y algún que otro momento Seven. Honra los éxitos de la literatura policíaca nórdica.

Un asesinato brutal, una investigación que se complica a cada paso. Un investigador que se sale de lo habitual en el cine policíaco anglosajón. Un asesino que tiene más enjundia que los estereotipos más básicos esgrimidos en el cine norteamericano. Unas víctimas y unos verdugos que no son lo que parecen. Y en medio de todo eso, una crisis matrimonial con secuestro y ataque a la infancia incluido que lleva la historia por otro camino más intimista. En esencia, todos estos elementos tan dispares son una buena definición de las características que han hecho de la literatura policíaca nórdica un plato de buen gusto muy apreciado por los aficionados a leer novela de intriga. Es lógico. Lo que ofrecen este tipo de historias, como ya dije en su momento a la hora de definir el gancho esencial que en mi opinión poseía para el público el buque insignia de todo este movimiento (al menos en lo que se refiere a ventas): Los hombres que no amaban a las mujeres y en general toda la saga Millenium, es la mezcla de las dos principales corrientes del relato policial explotadas previamente en la cultura popular anglosajona: el whodunit, o relato de ¿quién lo hizo?, estilo Agatha Christie, G.K. Chesterton y compañía, y la novela negra, variante hard boiled con detective duro incluido, tipo El sueño eterno de Raymond Chandler o El halcón maltés de Dashiell Hammett. Lo que ocurre es que a estas alturas del partido lo de los detectives duros a secas, estilo americano, ya no cuela, y por eso José Luis Garci tuvo que buscarle las vueltas a su Germán Areta, alias El Piojo, interpretado por Alfredo Landa en El Crack (1981), para humanizarlo como nunca lo estuvieron los duros con gabardina interpretados por Bogart, y a lo mismo tuvo que aplicarse José Antonio Zorrilla cuando creó al policía Cris interpretado por Eusebio Poncela en El arreglo (1983). Sendas muestras, ambas películas, de que esto que ahora hacen los nórdicos reciclando la claves clásicas del relato policial para acercarlas a su medio ambiente urbano, rural y al complejo y torturado paisaje humano de sus territorios, ya lo habían hecho antes otras cinematografías, como la española de los años ochenta, adaptando esas mismas claves a su idiosincrasia e inquietudes del momento.

No hay por tanto nada nuevo bajo el sol, pero sí unas cuantas cosas distintas que caraterizan a estas propuestas policiales que nos llegan desde esos paisajes invernales que tan bien ha utilizado Lasse Hallstrom a la horas de dirigir esta apreciable y muy digna muestra de intriga policial que está perfectamente encajada en la forma de entender este tipo de relatos en aquella latitudes. Los aficionados al policíaco nórdico quedarán sin duda satisfechos con El hipnotista, que además posee en mi opinión un elemento del que carecía la adaptación de Los hombres que no amaban a las mujeres: esa historia del matrimonio en crisis del hipnotizador en la que brilla como siempre el talento de Lena Olin y que le otorga a todo el relato un cierto complemento de drama intimista al estilo Bergman. Hallstrom parece, eso sí, más interesado por esta historia de crisis de pareja que por la propia intriga criminal propiamente dicha, lo cual le lleva a correr el riesgo de perderse en algún momento en laberinto de enigmas privados que claramente dejan en un segundo plano la intriga propiamente dicha, pero personalmente eso no me molesta y creo que le otorga una personalidad propia a El hipnotista capaz de llevar la historia por un camino menos previsible que si simplemente se hubiera limitado a replicar claves de Seven expuestas en su principio como un papagallo imitador.

Miguel Juan Payán

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