Joe Wright presenta una película mediatizada por la milimétrica caracterización de Gary Oldman, como Winston Churchill; aunque lo que más queda en la memoria es la atmósfera de miedo colectivo que inunda las escenas del film.

Si William Shakespeare es uno de los autores más versionados en la historia del cine; Winston Churchill no le va muy a la zaga al dramaturgo de Romeo y Julienta, en cuanto a los políticos con más fotogramas sobre su existencia a sus espaldas. Sin ir más lejos, este año Brian Cox presentó su visión del ilustre primer ministro de Gran Bretaña en Churchill, de Jonathan Teplizky.

La perspectiva tomada por Joe Wright (Orgullo y prejuicio) para acercarse a la figura inmensa de don Winston (el orondo señor del permanente puro en los labios) es notablemente diferente a la escogida por Teplizky; ya que somete al conocido hombre de Estado a uno de los momentos más problemáticos de su mandato. Un breve lapso de tiempo en el que el fantasma de la capitulación del Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial fue más que un simple temor inexistente.