Más floja que Zipi y Zape y el club de la canica, pero entretenida para público infantil.

Zipi, Zape y sus padres viajan a una isla para encontrarse con una especie de puzle de referencias y personajes de la literatura de aventuras que abarca un amplio arco desde el Hombre Invisible a 20.000 leguas de viaje submarino, pasando por una recreación de Peter Pan que en su faceta siniestra es lo más interesante de la película, aunque lamentablemente no puedan desarrollarlo más a fondo para no entrar en conflicto con el público infantil y familiar que busca el largometraje. De hecho, esa es la principal pega que tiene la película, su indefinición, esa especie de existencia en tierra de nadie, perdida entre una fábula que con Elena Anaya y su personaje tenía mucho potencial para desarrollarse en clave más madura y original, trabajando más cerca del territorio de películas como La ciudad de los niños perdidos, dirigida por Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet en 1995, pero, por otra parte con toda lógica, se ve obligada a esquivar esa posibilidad para hilvanar una peripecia de aventuras más tópicas y previsibles para su público de referencia.